Elecciones con frentismo catastrófico
Por José María Lassalle — Portada

Elecciones con frentismo catastrófico
EL RUEDO IBÉRICO
03/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Nuestra democracia, con elecciones o sin ellas, está profundamente herida en su credibilidad. Algo que intuye la mayoría de los españoles de forma silenciosa. La fatiga de materiales institucionales es evidente. Lo mismo que la desconfianza que tendrá su traducción electoral. Con estos mimbres la estabilidad del país pende de un hilo cada vez más fino. Si se rompe, puede provocar un estallido social que comprometa nuestra convivencia.
Bajo la presión social de la vivienda y la migración, nos asomamos peligrosamente a dos abismos que amenazan con devorar la racionalidad que subsiste en la política. Lo hemos visto en los dos últimos meses de forma inesperada. Primero, con la crisis migratoria de Ceuta y, ahora, con el desahucio de Maricarmen y el debate parlamentario sobre los decretos de vivienda. Dos aldabonazos de malestar que han crujido la solvencia de la política, porque en ambos, el Gobierno y la oposición han demostrado que aquella ha dejado de ser una herramienta de solución de conflictos para transformarse en un acicate de ellos.

Que la política partidista sea un problema para la democracia conduce a que esta tenga la tentación de hacer suya una dinámica plebiscitaria que favorezca su mutación populista. Algo que no impedirá la convocatoria de elecciones, pues, aunque corresponde hacerlo procesalmente, en la práctica es una salida en falso que acelerará el avance del populismo. Básicamente, porque la vivienda y la migración serán los asuntos de las próximas elecciones y se abordarán desde las emociones y el miedo, que irá por barrios, y nunca mejor dicho.
Una huida hacia adelante movilizada en caliente por la urgencia y que llevará a pensar propuestas electorales desde maximalismos, que busquen movilizar los colectivos de afectados que están en conflicto. Nadie querrá soluciones técnicas solventes porque su viabilidad es compleja y demanda estrategias de cooperación, consenso y tiempos que son inasumibles. Al menos para quienes desean forzar un empate catastrófico con las elecciones. Esto es, un choque tan visceral en su frentismo que quien gane se sentirá legitimado para decidir por todos unilateralmente.
El avance de la desafección es tan inquietante que las urnas no contribuirán a la sensatez
Angustiada por la presión de los precios de la vivienda y por la crisis migratoria en Ceuta, nuestra institucionalidad ha sido desautorizada por la vía de los hechos. No en balde, ha fracasado al gestionarlos garantizando la seguridad de la frontera y evitando que la vivienda sea inaccesible para la mayoría de la gente que no la tiene en propiedad. Hechos que evidencian una culpa compartida por todas las administraciones implicadas, que, favorecedoras de la polarización, han sido incapaces de pensar juntas y coordinarse lealmente para evitar: por un lado, el desamparo de la población ceutí y la crisis humanitaria de los menores no acompañados y los migrantes con motivos de asilo; por otro, el desahucio de una anciana de 87 años que llevaba en su vivienda siete décadas. Circunstancias que no solo han minado el respeto de la gente hacia la política democrática, sino que fomentan un hastío en la calle que denuncia que nadie cree ya en los políticos y los partidos.
El avance de la desafección es tan inquietante que las urnas no contribuirán a la sensatez. Favorecerá el populismo a la izquierda y la derecha, y colocará el debate público en el choque de una serie de consignas extremas y de trazo burdo que exacerbarán los ánimos para brutalizar aún más al contrario. Se hará criminalizando por grupos. Así, se les confrontará mediante dinámicas que hablarán de propietarios frente a inquilinos o migrantes frente a nacionales. Una lógica perversa de suma cero que añadirá polarizaciones a las que existen. De este modo, se desgarrará aún más lo único que puede salvarnos sin que nadie pierda: la colaboración que sume y alcance consensos que busquen técnicamente la solución de problemas, desde la definición de un interés general que todos compartamos.

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José María Lassalle
De lo contrario, las urnas nos llevarán a un callejón sin salida. Quien gobierne mañana tendrá que asumir que el desahucio de nuevas Maricarmen y las crisis migratorias que sufrirán Ceuta, Melilla, Canarias, Andalucía o las Baleares no se resolverán prorrogando alquileres o devolviendo migrantes a Marruecos lo antes posible. No, las soluciones llevarán tiempo y, especialmente, mucha solvencia técnica en su diseño y gestión. En la vivienda, sabiendo cómo incrementar la oferta pública y privada, así como regulando el mercado inmobiliario para evitar el rentismo improductivo de quienes especulan con el precio. Y en la migración, ordenando legalmente y planificando desde el control de las fronteras la cooperación internacional sobre los flujos migratorios que eviten el envejecimiento de nuestra sociedad.
Iniciativas que serán eficaces si las respaldan mayorías de consenso que partan de un diseño de país compartido de aquí a fin de siglo. Sobre todo porque las rentas de trabajo que harán accesibles la vivienda, dependerán de cómo diseñemos al mismo tiempo nuestra política migratoria. De lo contrario no estaremos en condiciones de afrontar la tensión estructural que, a largo plazo, provocará la nueva frontera política. La que enterrará la divisoria derecha e izquierda que pesa sobre la vivienda y la migración y que se insinúa con la inteligencia artificial. Esto es, el conflicto del humano y la máquina.
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