La espera política
Por Fèlix Riera — Portada

La espera política 03/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Gran parte de la sociedad española, tanto los que votan a la derecha como a la izquierda, se encuentra a la espera de que ocurra algo; un algo que no especifica nada, pero lo dice todo. Se espera que ocurra algo en Ceuta, que ocurra algo por los casos de corrupción, por la persistencia de los retrasos de los trenes de cercanías y también que ocurra algo tras el desahucio de Maricarmen en Madrid. Esperas con la expectativa de que acabe ocurriendo algo que lo cambie todo, que lo solucione todo, que permita quitarse de encima la sensación de navegar por un mar donde no sopla el viento, donde el agua parece estancada.
Esta espera es una forma de estancamiento en la que han quedado atrapados muchos ciudadanos, que ven cómo se suceden los acontecimientos y escándalos políticos a una velocidad muy distinta de cómo ellos los perciben. Es como si el tiempo político se hubiera acelerado y el tiempo de los ciudadanos estuviera detenido, en suspenso. Mientras los principales partidos políticos ven en los acontecimientos negativos que suceden y se superponen unos a otros una oportunidad para crecer electoralmente, sus votantes solo perciben la impotencia de los políticos para gestionar soluciones.

De este modo, la espera de que ocurra algo ya no se concentra en que se produzca un simple cambio político, sino en que tenga lugar un suceso que lo pueda transformar todo sin que se pueda prever el alcance de sus consecuencias; algo de tal envergadura y profundidad que trastoque la realidad hasta tal punto que, tras eso, nada vuelva a ser igual.
Lo que describe esta situación es que, para muchas personas, aventurarse a entender a los políticos es como pasear por una vieja ciudad en demolición. El alejamiento de la política de los problemas que, en muchas ocasiones, ellos mismos provocan es la materia con la que se construyen las salidas políticas más extremistas, que los partidos políticos tradicionales se afanan en combatir en nombre de la democracia. Esta es una de las razones por las que muchos ya no esperan nada de la política y solo encuentran consuelo en la dura crítica que se vierte sobre ella.
Lo que está en juego no es solo la defensa de la democracia, sino la confianza de los ciudadanos
Esta situación debería obligar a todos a buscar la forma de romper el patrón político basado en estar siempre en una perpetua campaña electoral, que lleva a que las crisis de la vivienda, de la educación o de las infraestructuras dependan, una vez más, de futuras promesas políticas.
La cuestión de fondo que se plantea permite recuperar la voz del filósofo Norberto Bobbio: “Son estados buenos aquellos en los que quienes mandan buscan el bien común, y malos aquellos en los que los gobernantes hacen prevalecer el bien propio, o particular, por encima del bien común”. Lo que señala es que la política debe volver a pensarse centrándose en el bien de los ciudadanos.

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Fèlix Riera
Nos adentramos en un largo periodo electoral donde priorizarán las denuncias a las propuestas; señalar al adversario político como el enemigo; provocar pesimismo y no transmitir ilusión. Este proceso de sustitución de aspectos positivos para potenciar aspectos negativos será la base para establecer las nuevas mayorías políticas que han de gobernar. Se podría cambiar este escenario si se hiciera el esfuerzo de admitir que, si existe una izquierda, es porque existe la derecha y viceversa. Lo que está en juego no es solo la defensa de la democracia, sino también la confianza de los ciudadanos.
Lo que se juega la democracia española en el próximo ciclo electoral, no solo depende del ascenso de Vox, sino del retroceso de los principios democráticos tal y como son percibidos por los ciudadanos, así como la capacidad del PSOE y el PP para ilusionarlos con la posibilidad de que, tras las elecciones, haya suficiente margen para que ambos partidos puedan llegar a entenderse. Tal vez entonces se atienda a lo que los ciudadanos señalan: que la política deje de estar gobernada por la disputa y la confrontación.
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