Por Xavier Mas de Xaxàs Faus — Portada

Xavier Mas de Xaxàs Faus

Xavier Mas de Xaxàs

Vuelve el fascismo, aunque no lo veamos

Diplomacia

03/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Vivimos tiempos revolucionarios, de involución moral y democrática. La desigualdad y la falta de soluciones empujan a muchos ciudadanos a un nuevo fascismo. La violencia de la palabra radicaliza las sociedades occidentales.

El radicalismo no es solo un problema político, es un problema social. Preferimos verlo como una manifestación de la política llevada al extremo, pero su raíz es social. Son las sociedades las que se radicalizan, las que se vuelven intransigentes y revolucionarias, sobre todo cuando la distancia entre los privilegiados y los desafortunados es tan grande que se rompe el equilibrio, el consenso en las normas comunes, en las más básicas de todas, empezando por la convivencia.

En ese momento, los agraviados ocupan las calles, retan al poder, y esta confrontación provoca una reacción en cadena que aún acentúa más el radicalismo. Las democracias liberales quedan entonces a merced de los agitadores, de los instigadores de la revuelta, que no son solo los desfavorecidos, sino, sobre todo, las fuerzas políticas de la oposición radical, del extremismo como estrategia fundamental para asaltar el poder e instaurar un nuevo orden, una nueva jerarquía.

Vivimos tiempos revolucionarios, de una marcada involución moral. Un nuevo fascismo ha despertado en Italia, Francia, España, Alemania y otros países europeos. También en Israel y EE.UU.

La violencia se expresa, sobre todo, a través de la palabra. La palabra atemoriza y causa graves daños, tanto morales como psicológicos, en personas que no pueden defenderse. Las proclamas que deshumanizan al inmigrante, al palestino, al que no es blanco ni occidental, se normalizan, y si las aceptamos es porque hemos perdido buena parte de nuestra capacidad crítica.

Mausoleo de Benito Mussolini en el cementerio de Predappio, su ciudad natal 
Mausoleo de Benito Mussolini en el cementerio de Predappio, su ciudad natal  Francesco Olivo

Nos preguntamos qué está pasando y como no sabemos qué responder acudimos al fascista que lo sabe todo. Su voz nos consuela, nos promete que se ocupará de los bárbaros y nos subirá el sueldo.

Incapaces de revertir la desigualdad, las democracias abren las puertas al fascismo

Los fascistas peregrinan a la tumba de Mussolini y se encomiendan a la oligarquía tecnocrática, cúspide del nuevo fascismo. Musk, Thiel y compañía esperan el día en el que sus modelos de lenguaje los convertirán en los hombres más poderosos de la historia. Su propósito no es mejorar la democracia, sino sustituirla por una tecnocracia. Mientras tanto, los gobiernos liberales, incapaces de revertir la desigualdad, les abren el camino.

En España, por ejemplo, después de ocho años de gobierno progresista, la falta de viviendas asequibles es un problema cada vez mayor. En Francia, después de casi diez años de un presidente centrista y experto en finanzas, la deuda es desorbitante –va camino del 120% del PIB-, mientras el poder de compra de las familias se ha desplomado. En Alemania, con un gobierno de conservadores y socialistas, el crecimiento lleva tiempo estancado. En Israel, cuatro años después de la masacre de Hamas, el grueso de la sociedad no cree que haya inocentes en Gaza. Y en Estados Unidos el presidente es un admirador de dictadores.

La semana pasada, Donald Trump puso la alfombra roja para recibir a Xi Jiping como si fuera un amigo y no su más temible rival tecnológico, comercial y geoestratégico, un líder absolutista que ayuda a Irán y Rusia, que sostiene a Corea del Norte e interfiere en las elecciones de las democracias occidentales. Trump le abrió las puertas de la Casa Blanca y permitió que entrara la prensa china, mientras mantenía a la CNN en la calle por ser demasiado crítica con él.

¿Cuántos de ustedes votarían a alguien como Trump? Ha frenado la inmigración, y la economía estadounidense crece por encima de lo previsto (2,5%). Es verdad que podría hacerlo mejor con la inflación (3,5%), pero esto es culpa de Netanyahu, que lo engañó para atacar Irán y todo se complicó luego en Ormuz.

La pregunta que debemos hacernos, sin embargo, no es si votaríamos a un fascista, sino qué dirá este voto de nuestros parámetros morales.

El psicólogo Stanley Milgram demostró en 1961 que la mayoría de nosotros, gente corriente, bajo la presión de una autoridad competente, obedecemos cualquier orden, incluso la de torturar. Su experimento, que se replicó en el 2007 con los mismos resultados, demuestra que la capacidad de hacer el mal está en todos nosotros y que puede activarse en las circunstancias adecuadas.

El 65% de las personas obedecería a ciegas incluso las órdenes más crueles

El Holocausto, las masacres de My Lai y del 7 de octubre, las torturas en Abu Ghraib y tantas otras prisiones, así como el genocidio de Gaza, se explicarían por esta propensión que tenemos al mal y la obediencia. El mal, como el fascismo, puede surgir de la mente de una persona, pero se expande con la colaboración de muchas que no se cuestionan lo que hacen.

El documental NAZA , sobre la muerte de civiles en Gaza, es muy elocuente. Es evidente que los militares israelíes implicados en la lucha no quieren matar mujeres y niños a propósito, pero lo hacen. El objetivo de eliminar a un terrorista prima sobre la vida del centenar de personas inocentes que hay a su alrededor. ¿Por qué? Porque el fin último es crear un estado judío supremacista.

El experimento de Milgram determina que el 65% de nosotros obedecería a ciegas, incluso las órdenes más crueles. De ahí el empeño del poder en monopolizar el uso de la fuerza y la palabra.

La buena noticia es que un 45% de los seres humanos, en todo caso, mantendría su integridad intelectual y moral frente a la autoridad fascista. Es posible que muchos de ellos y muchos de ustedes, aún sin saberlo, sigan el método que Lou Reed y Laurie Anderson desarrollaron para vivir con conciencia: No temer a nadie, aprender a utilizar un detector de gilipolleces y ser tiernos.

Xavier Mas de Xaxàs Faus

Xavier Mas de Xaxàs

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Corresponsal diplomático de La Vanguardia. Ha cubierto los principales acontecimientos internacionales desde la caída del muro de Berlín y numerosos conflictos en especial en Oriente Próximo. Como corresponsal en EE.UU. fue testigo del 11-S

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