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Trump-Xi: mucha pompa, pocos avances 25/09/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping ha sido el colofón de la multitud de encuentros que mandatarios de todo el mundo han llevado a cabo estos días aprovechando la Asamblea General de la ONU en Nueva York. La cita, aunque celebrada en Washington con toda la pompa, ceremonia y alfombra roja al líder chino, evidencia como la diplomacia bilateral gana terreno a las tribunas y organismos donde hasta ahora tenía lugar el diálogo internacional.

Trump y Xi –con quien el presidente estadounidense dijo haber forjado “una verdadera gran amistad”– abordaron cómo gestionar los riesgos para la seguridad nacional que puede suponer la inteligencia artificial (IA) a pesar de que ambas potencias minimizan, cuando no niegan, sus amenazas existenciales. Trump se opone a frenar su desarrollo argumentando que EE.UU. debe mantener su liderazgo frente a una China que tampoco quiere detener su avance, aunque ayer Xi dijo que ambos países deben desarrollarla “con un control humano”. Washington apuesta por un control muy estricto de las exportaciones de esta tecnología para no dar ventaja a Pekín en este campo. Pero la intensa competencia por la primacía y la desconfianza mutua han retrasado hasta ahora cualquier diálogo entre EE.UU. y China sobre salvaguardias y regulaciones.

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El reto está en gestionar la IA como una fuerte arma de competencia estratégica a la vez que uno percibe el ecosistema tecnológico del otro como una amenaza para su propia seguridad. Por eso han acordado crear un sistema de alerta de línea directa, una especie de teléfono rojo entre Pekín y Washington para notificar incidentes relacionados con esta nueva tecnología y que puedan afectar a la seguridad nacional.

En cuanto a la guerra comercial entre EE.UU. y China, a falta de poder cerrar un acuerdo, prorrogaron dos meses, hasta el próximo enero, la tregua que ambos países mantienen y que expiraba el 10 de noviembre. Surgida de la reunión entre Trump y Xi en Busan el año pasado, esa tregua redujo las amenazas arancelarias de Trump y suspendió las tasas portuarias.

Ambos líderes prorrogan dos meses la tregua comercial y coinciden en no frenar la IA

En este tiempo, Estados Unidos y China se han abstenido de adoptar medidas amplias y punitivas que la rompieran, pero aún incluyen en listas negras a empresas individuales y prohíben productos específicos, y Washington quiere imponer sanciones a países que mantengan vínculos con Irán, del que precisamente China es el principal importador de petróleo.

La reunión deja pendientes los grandes conflictos bilaterales, pero ambos líderes respetaron las formas para estabilizar unos vínculos frágiles. Mucho simbolismo y elogios mutuos, pero pocos avances. Mantener el statu quo era probablemente la mejor opción para ambas partes, decididas a enviar señales, por pequeñas que sean –como la invitación de Xi a que 100.000 jóvenes estadounidenses estudien en China o el envío de dos osos panda al zoo de Atlanta–, de que los dos países se llevan bien.

Xi Jinping, que apostó por una “estabilidad estratégica” y una “coexistencia en paz” entre ambas potencias, llamó a Trump a la “prudencia” sobre el tema de Taiwán, la principal línea roja china. Trump no parece tener mucho problema en contentarle, y la prueba es que tiene congelada la entrega de un gran paquete de armas a la isla, por valor de 14.000 millones de dólares, desde su viaje en mayo a Pekín.

La cita Trump-Xi ha tenido lugar al margen de la reunión anual de la ONU. Un foro en el que hemos oído desde un Trump triunfalista que se vanagloriaba de haber acabado con ocho guerras mientras amenazaba con aniquilar a un Irán que le plantó cara desafiante y le llamó terrorista, hasta un Macron a meses de dejar su cargo, que hizo una férrea defensa de la ONU en un apasionado discurso en el que calificó la diplomacia de Trump en Gaza de “espec­táculo vergonzoso” y cargó contra las acciones de Israel en Cisjordania.

La Asamblea de la ONU ha evidenciado el choque de dos visiones antagónicas sobre los desafíos globales

La Asamblea General ha evidenciado dos maneras radicalmente antagónicas de ver el mundo y la crisis de cooperación internacional entre los estados. Hemos visto la fractura del multilateralismo, las visiones enfrentadas sobre el desarrollo de la IA, el desprecio de EE.UU. y sus acólitos como Milei a la propia ONU y la apuesta explícita de Washington por tomar decisiones pensando solo en sus propios intereses y beneficios. Un choque entre los países que siguen apostando por el multilateralismo y la búsqueda de amplios consensos, y aquellos partidarios de primar, incluso usando la fuerza, sus intereses nacionales.

António Guterres se despidió como secretario general de la ONU con una advertencia: “El futuro dependerá de si el poder se somete a la ley o a la fuerza”. Parece que países muy poderosos apuestan por la segunda opción.

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