‘Ruega por nosotras’, la película que abre las puertas de la institución que Franco creó para “adoctrinar y machacar” a las ‘descarriadas’
Por Laura García Higueras — eldiario.es – Cultura

El director Daniel Monzón estrenará el filme en noviembre tras su paso por el Festival de San Sebastián. “Es una voz de alarma”, afirma sobre el largometraje protagonizado por Zoe Bonafonte y Manuela Calle
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En el año 1941, Franco puso en marcha el Patronato de Protección a la Mujer, una institución para redimir todas las mujeres “descarriadas”, chicas que transgredían las normas morales de la dictadura, ya fuera por fumar, manifestarse, desobedecer o mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio –mucho peor si se quedaban embarazadas–. El dictador puso a su esposa Carmen Polo a cargo de lo que terminarían siendo 538 centros repartidos por toda España que, tras la muerte de Franco en 1975, siguieron operativos otros diez años más.
“En los ochenta, mientras yo iba a ver En busca del arca perdida o Regreso al futuro, había chicas de mi edad encerradas en esas cárceles encubiertas siendo adoctrinadas, trituradas y machacadas para hacerlas débiles”, explica a elDiario.es el director Daniel Monzón, que descubrió la existencia del Patronato en 2020, cuando terminaba su anterior película, Las leyes de la frontera. El shock que le provocó le llevó a querer ir más allá, investigar sobre las mujeres “supuestamente rebeldes que no importaron entonces a nadie”, para contar su historia.
El resultado es el largometraje Ruega por nosotras que, tras su paso por el Festival de San Sebastián, llegará a las salas el próximo 6 de noviembre. En el extenso y complejo proceso de documentación fueron clave las publicaciones de Consuelo García del Cid, una de las mujeres que estuvo en el Patronato y que desde hace 15 años, dedica sus 24 horas a indagar y denunciar a la institución. “Me robó media vida y la otra media he decidido a contar lo que allí nos hicieron, para que se sepa y sobre todo para que no se repita”, explicó en una entrevista en elDiario.es en 2025.
Daniel Monzón, junto a las actrices Zoe Bonafonte y Manuela Calle
Monzón coescribió el guion de la película junto a Jorge Guerricaechevarría, habitual colaborador del propio Monzón (Celda 211, El niño, Las leyes de la frontera) y Álex de la Iglesia (El día de la bestia, La comunidad). Y Zoe Bonafonte, que se ganó en 2025 la nominación al Goya a Mejor actriz revelación por su gran debut en el cine con El 47, encarna a su protagonista, Ana, una joven a la que sus padres deciden enviar al Patronato tras escaparse una noche para ir a un concierto.
“Lo terrible ya no es solo la propia institución en sí misma, sino cómo estaba impregnada en la sociedad. Estos padres católicos, apostólicos y románicos eran directamente los que consideraban que sus hijas se estaban descarriando y que había que llevarlas con las monjas para que las enderezaran”, comenta el director.
Ya en el reformatorio, Ana conoce a Sole –interpretada por Manuela Calle, grandísimo descubrimiento del filme–, cuya amistad se convertirá en el motor para sobrellevar el encierro, torturas –especialmente emocionales– mediante. Dentro de este lugar, es complicado no terminar creyendo que una no vale para nada, que solo sirve para limpiar y coser, y que prácticamente no tiene un lugar en el mundo, por inútil, impura y “sucia”. Su amistad se convierte en el escudo para “tratar de preservar su personalidad dentro de un sistema que trata de cambiarlas por completo, moldearlas”.
Una metáfora del franquismo
Para Monzón, lo que muestra Ruega por nosotras es una “metáfora del propio franquismo”, por cómo lo que le ocurre en este caso a un grupo de jóvenes en el centro es una “muestra de lo que pasaba fuera”: “La gente que vivía en el franquismo tenía que disimular y transformar su personalidad de acuerdo a los cánones que se dictaban porque si no, eras fusilado, encarcelado o apartado de la sociedad”. En concreto, defiende que su película enseña “lo que significaba la mujer en España hasta hace dos días, nada”.
“Es un magma que bulle y que no es tan lejano”, apunta, “hace darse cuenta de que en estos tiempos tan críticos y aciagos, a poco que se le eche abono a los rescoldos, a poco que se sople sobre las brasas, el fuego puede volver a arder de nuevo”. El cineasta insiste en que lo que sucedió en el Patronato no fue “en el medievo, fue hace nada, hace cuarenta años”.
“Ahora que hay mucha gente joven que se deja deslumbrar, a la que he escuchado decir que Franco era alguien que trajo prosperidad a España, lo dicen desde el absoluto desconocimiento. No lo han vivido, pero tampoco estudiado y, sin embargo, hay una serie de inputs, muchos en redes sociales, que están interesados en crear esa sensación”, lamenta, “esta película es una voz de alarma”.
Un Patronato clasista
Otro de los factores que afectaban al día a día dentro del Patronato, y que muestra el largometraje, es que la institución era clasista, distinguía entre “las chicas de pago y las que no”. Así, quienes como Ana eran entregadas por sus padres, pagando una cuota, se libraban de los castigos más crueles: “No acababan en el manicomio, lobotomizadas, con electroshocks”. El resto, las que llegaban directamente de la calle, no corrían la misma suerte.
Una de las monjas revisa la habitación de las jóvenes ‘reclusas’
En especial si eras lesbiana, ya que serlo era uno de los motivos por los que se llevaba a las chicas al manicomio: “La sexualidad dentro de los centros se castigaba con una pena tan terrible como esta”. El “gran pecado” de Ana era, comenta Monzón sobre el punto de partida de su protagonista, “dejarse llevar por su despertar sexual a los 19 años. No hace nada, se va a un concierto, se ha acostado con un chico y se encargan de decirle que es una pecadora”.
En el Patronato hacían creer a las chicas que eran tal escoria humana que acababan estando dispuestas a aceptar que un viudo las eligiera a dedo y se casaran con él porque pensaban que era lo mejor que les podía ocurrir
Daniel Monzón
— Cineasta
De la investigación que llevaron a cabo para la película extrajeron que “había castigos físicos, y muy crueles, incluso sádicos, como algunos que se ven, pero lo más terrible eran las torturas psicológicas”. “Te hacían creer que eras tal escoria humana hasta el punto de acabar estando dispuesta a aceptar que viniera un viudo, te eligiera a dedo y te casaras con él porque pensases que era lo mejor que te podía ocurrir”, lamenta el cineasta.
Tal era el control que tenían en el Patronato sobre estas jóvenes que, aunque estaba estipulado que tenían que abandonar los centros a los 21 años, una vez adquirida la mayoría de edad entonces, si decidían que “no habían sido lo suficientemente enderezadas, se podía ampliar ese periodo hasta los 25. Y si alguna de ellas todavía se consideraba entonces que no era digna de salir a la calle, se le acusaba de lesbiana y directa al manicomio”.
Esta determinación desde dentro del Patronato se personaliza en el filme en el personaje de Socorro (Adelfa Calvo), la “dictadora” particular del centro en el que encierran a Ana y a Sole. Entre ella y en particular Ana, por su condición de pago, se genera un enfrentamiento continuo. “Al ser una chica inteligente, con buena apariencia, que sus padres le han encomendado directamente, se convierte en un juguete más interesante que las demás”. Un ‘juguete’ al que hace la vida completamente imposible, vertiendo en ella una crueldad enfermiza, que aun así sus progenitores deciden pasar por alto.
Fonte: eldiario.es – Cultura