“No es normal repartir en 15 o 20 pueblos”: los carteros rurales en Aragón denuncian la sobrecarga de trabajo
Por Candela Canales — eldiario.es – eldiario.es

Los trabajadores denuncian falta de plantilla, rutas cada vez más extensas, vehículos y carreteras que dificultan el reparto y una creciente presión para asumir nuevas tareas
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Repartir el correo en un pueblo no consiste únicamente en recorrer sus calles y dejar cartas en los buzones. Para un cartero rural, la jornada puede comenzar en una oficina, continuar al volante durante cientos de kilómetros y llevarle por una sucesión de pueblos separados por carreteras secundarias. Periódicos, cartas, paquetes, trámites de oficina y, cada vez más, también tareas comerciales forman parte de unas obligaciones que los trabajadores aseguran que se ha ido cargando de responsabilidades mientras las plantillas se reducen.
La muerte de Rosana, una cartera rural que falleció mientras realizaba su trabajo, ha vuelto a poner el foco sobre estas condiciones. Los sindicatos reclaman que se investiguen las circunstancias del accidente y que se determine qué ocurrió. Correos, preguntada por las denuncias sindicales, señala que “no hace valoraciones de las manifestaciones de la representación sindical”.
Para Beatriz Pardos, responsable de CSIF Correos en Aragón, lo ocurrido ha sido especialmente duro. “Era una persona muy querida”, señala. Desde el sindicato reclaman una “investigación exhaustiva” que permita conocer las circunstancias del accidente, pero también ponen el foco en el contexto en el que trabajan los carteros rurales. “Lo fundamental es que haya plantilla suficiente”, sostiene Pardos. Según explica, la falta de trabajadores provoca que algunos empleados tengan que asumir rutas más extensas y una mayor carga de trabajo. A ello se suma, según denuncia, el estado de algunos vehículos, que recorren muchos kilómetros y pasan por diferentes manos: “No puede ser que una persona tenga que hacer el trabajo de tres”, expone.
Más pueblos, más kilómetros
José Alegre conoce bien esa realidad. Ha trabajado como cartero rural y actualmente desarrolla su trabajo en Zaragoza. Explica que, a su juicio, el problema viene determinado por la falta de reposición de las plazas que quedan vacantes por jubilaciones y por las dificultades para cubrir bajas y vacaciones. “Si antes un cartero llevaba cinco pueblos, ahora igual tiene que hacer diez”, afirma. Pone como ejemplo la comarca de las Cinco Villas, donde, según relata, dos secciones correspondientes a dos carteros que se jubilaron han acabado siendo asumidas por una sola persona. Y advierte de que la situación puede volver a repetirse con las próximas jubilaciones.
Los carteros rurales también recorren largas distancias con vehículos de la empresa o, en algunos casos, con sus propios vehículos. Alegre denuncia que el kilometraje que reciben quienes aportan coche propio permanece congelado en 0,23 euros por kilómetro, una cantidad que, asegura, no cubre el coste real del uso y mantenimiento del vehículo. “No es solo la gasolina”, explica, también están el desgaste, las averías y las condiciones de las carreteras por las que circulan diariamente.
Los vehículos de Correos tampoco están, según los trabajadores consultados, al margen de los problemas. Alegre recuerda, por ejemplo, el caso de una furgoneta en Aniñón en la que falló el freno de mano y el vehículo acabó vencido. Para los trabajadores, el mantenimiento de la flota está relacionado con la seguridad de unas rutas en las que se pasan muchas horas al volante. Una cartera rural que prefiere mantener el anonimato describe una situación similar. Trabaja con una ruta de unos 15 pueblos y considera que la carga acumulada genera un “estrés” que no siempre resulta visible desde fuera. “No es normal 20 pueblos como Rosana, o yo con 15 pueblos”, afirma.
Vehículo de una cartera rural en Aragón
La dificultad, explica, no está en una única tarea concreta, sino en la acumulación de kilómetros, circular por carreteras secundarias o los horarios de las oficinas. Además, tienen que repartir periódicos que deben llegar diariamente, cartas y paquetes, a lo que se suman nuevas responsabilidades comerciales para vender seguros. “La muerte de Rosana puede ser por un error humano, pero acumulativo por la presión que soportamos”, resume.
La cartera recuerda que “antes podías ir y ponerte a hablar con los vecinos”. Ahora, el ritmo de las rutas hace que muchas veces se vaya “por inercia” de un municipio a otro. En algunas rutas de la provincia de Zaragoza, explica, hay que entrar diariamente en hasta 15 pueblos. En algunos existen además horarios concretos de oficina que obligan a cuadrar los desplazamientos.
Cartas, paquetes y también seguros
A las tareas tradicionales se han sumado otras funciones. Los trabajadores consultados coinciden en señalar la presión para comercializar productos y seguros en los municipios: “Nos presionan para vender seguros”, denuncia Alegre, que considera que mientras existen dificultades para cubrir las rutas y las bajas, la empresa está incorporando nuevas exigencias a los carteros.
Pardos también señala esta cuestión. A su juicio, los trabajadores soportan cada vez “más presión” para hacer más tareas: repartir cartas y paquetes, atender a los usuarios y asumir objetivos comerciales.
Para la cartera que trabaja en una ruta rural, esa presión comercial resulta especialmente difícil de compatibilizar con la propia naturaleza del trabajo. “Quieren que nos paremos a hablar con la gente, vender seguros, ofrecer el servicio”, explica. Pero el tiempo disponible, asegura, cada vez es menor.
Una plantilla envejecida
Desde CSIF apuntan además a la edad de la plantilla. Pardos sitúa la media por encima de los 52 años y reclama medidas para facilitar el relevo generacional. También denuncia la existencia de numerosas jornadas parciales. En las zonas rurales, explica, se necesita que esas jornadas puedan convertirse en jornadas completas para disponer de más trabajadores y repartir mejor la carga. El sindicato reclama salidas voluntarias y una reducción de jornada por debajo de las 35 horas semanales, al considerar que se trata de un trabajo físicamente exigente.
Los trabajadores consultados insisten en que no quieren que la muerte de Rosana quede reducida a una cifra dentro de las estadísticas de accidentes laborales. “No sé cuenta la sobrecarga que llevamos”, resume la cartera que prefiere permanecer en el anonimato. Reclama que se analice el conjunto de circunstancias en las que trabajan quienes recorren cada día las carreteras aragonesas para mantener comunicado al medio rural.
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