Por Nathan Haimowitz — Portada

El síndrome silencioso

Una de cada ocho mujeres tiene SOMP. Las que lo saben carecen de respuestas

Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino / 1

Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino

Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino

Fotomontaje: Anna Belil

Sonia Lacuna, Nathan Haimowitz

26/09/2026 06:00

Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino / 1

El síndrome silencioso

Una de cada ocho mujeres tiene SOMP. Las que lo saben carecen de respuestas.

Sonia Lacuna, Nathan Haimowitz

22/09/2026 11:49

Haciendo cálculos, de las 25.286.835 mujeres en España, 3.160.854 tendrán Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino. Sumamente infradiagnosticado, el 70% no saben que les afecta.

Así, más de dos millones de mujeres en España ya habrán asimilado que la caída de pelo, el exceso de vello, los brotes de acné, las ovulaciones erráticas, la dificultad para perder peso o las complicaciones al buscar embarazo son factores a los que convendría acostumbrarse.

O bien significa que ningún doctor les ha explicado que lo que padecen tiene nombre, pero no una causa.

Gema Martín se subía a la báscula cada día nada más levantarse. “Todo suma” pensaba, quitándose las gafas para ahorrar cada miligramo. Durante dos años, el número 90 no salió de su mente. Para salir de la lista de espera de reproducción asistida, su ginecóloga en la salud pública le exigía la cifra exacta. Lo importante era alcanzar el peso antes de que llegara la edad límite en Andalucía: cuarenta años.

Martín (Huelva, 45 años) define este período de su vida como “la obsesión pura”. Su doctor le instó a una reducción de estómago natural, con un plan de dieta estricto que ella siguió al pie de la letra. En ese momento, a los 38, la cuidadora de personas dependientes ya llevaba ocho años intentando quedarse embarazada y entendió la reproducción asistida como su última esperanza para ser madre: “Me pesaba contando los días como un preso que va a salir de la cárcel”.

“Me pesaba contando los días como un preso que va a salir de la cárcel”

Las reglas de Gema Martín siempre habían sido abundantes, irregulares y dolorosas. De adolescente, también tenía más vello facial que las chicas a su alrededor. A los 18 recuerda sentirse “como una extraterrestre” tras empezar a ganar peso rápidamente sin haber cambiado ningún hábito.

Cuando ese mismo año tuvo un sangrado que le duró quince días, los doctores, perplejos, lo achacaron a un aborto espontáneo, pero Martín todavía no había mantenido relaciones sexuales: “A partir de ahí yo sospechaba que mi cuerpo no era normal”.

Alicia Cuesta recuerda una sensación de descontrol al no poder mantener su peso por debajo de las exigencias de su entrenadora. Foto: Alicia Cuesta
Alicia Cuesta recuerda una sensación de descontrol al no poder mantener su peso por debajo de las exigencias de su entrenadora. Foto: Alicia Cuesta

Alicia Cuesta recuerda una sensación de descontrol al no poder mantener su peso por debajo de las exigencias de su entrenadora. Foto: Alicia Cuesta

Alicia Cuesta recuerda una sensación de descontrol al no poder mantener su peso por debajo de las exigencias de su entrenadora. Foto: Alicia Cuesta

Los síntomas del Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP) pueden camuflarse en la adolescencia debido a los altos niveles de hormonas que caracterizan esta etapa. Sin un diagnóstico formal de SOMP, muchas jóvenes con acné, vello y reglas irregulares sienten que sus cuerpos no les responden a ellas.

Alicia Cuesta (Santander, 22 años), que competía como bailarina a los dieciséis años, recuerda una sensación de descontrol al no poder mantener su peso por debajo de las exigencias de su entrenadora. “Iba seis horas a clase de ballet sin desayunar y solo después comía una ensalada”, comparte. “Un día me reuní con ella y me dijo ‘tenemos que dejar de comer bollos. No te van a coger en ningún sitio si estás gorda’”.

Antes de mayo 2026, la condición se conocía como Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP)

Alicia Cuesta estuvo dos años lidiando con sus síntomas sin tratamiento desde que recibió el diagnóstico. Le habían recetado la píldora anticonceptiva igual que al 98% de las mujeres con SOMP, porque la pastilla disimula los síntomas provocados por el síndrome. “La píldora se usa porque lo mata todo”, explica Lourdes Ibáñez, endocrinóloga pediátrica en el Hospital Sant Joan de Déu. “¿No te viene la regla? Te viene la regla. ¿Tienes pelos? Se te van”.

Sin embargo, Cuesta tenía miedo de los efectos secundarios –posibles cambios en el estado de ánimo, aumentos de peso o erupciones en la piel– y estuvo dos años sin validar la receta hasta que no pudo aguantar más. En plena covid, la mascarilla exacerbaba tanto su acné que Cuesta finalmente decidió tomar el medicamento. “En ese momento quería quitarme el acné como fuera”.

Ecografía del ovario poliquístico de una paciente con SOMP. Una mujer que no padece el síndrome tendría menos de la mitad de folículos. Foto: Dep. de Ciencias de la Nutrición, Universidad de Cornell
Ecografía del ovario poliquístico de una paciente con SOMP. Una mujer que no padece el síndrome tendría menos de la mitad de folículos. Foto: Dep. de Ciencias de la Nutrición, Universidad de Cornell

Ecografía del ovario poliquístico de una paciente con SOMP. Una mujer que no padece el síndrome tendría menos de la mitad de folículos. Foto: Dep. de Ciencias de la Nutrición, Universidad de Cornell

Ecografía del ovario poliquístico de una paciente con SOMP. Una mujer que no padece el síndrome tendría menos de la mitad de folículos. Foto: Dep. de Ciencias de la Nutrición, Universidad de Cornell

Es común que las mujeres jóvenes con SOMP escuchen a sus ginecólogos mitigar el diagnóstico: ‘hasta que quieras ser madre no tienes porqué preocuparte’. Al mismo tiempo, una búsqueda de embarazo infructífera suele ser la razón por la que muchas mujeres descubren que padecen el síndrome, y que ha sido una causa clave de esa frustración.

Lo que hasta ese momento se había podido camuflar con la píldora, de ahí en adelante desencadena un proceso de ensayo y error de tratamientos para una afección que, desde su descubrimiento en 1935, sigue sin cura.

NUEVO NOMBRE, NUEVO CONSENSO

Hace dos meses un nuevo consenso médico sobre la condición se hizo efectivo y la noticia fue doble. Lo que antes se llamaba ‘Síndrome de Ovario Poliquístico’, ahora se denomina ‘Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino’.

El nuevo nombre, basado en los síntomas, se publicó en mayo en la revista científica The Lancet. “El nombre anterior no nos gustaba a nadie porque asustaba a las mujeres”, comenta Ana Polo, directora de Medicina Reproductiva de la Fundació Puigvert.

Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino

Un desorden hormonal común entre las mujeres en edad reproductiva

Fuente: Dreamstime. Infografía: Mario Chaparro
Fuente: Dreamstime. Infografía: Mario Chaparro

Fuente: Dreamstime. Infografía: Mario Chaparro

Fuente: Dreamstime. Infografía: Mario Chaparro

En efecto, Gema Martín, que fue diagnosticada con SOMP a los 26 tras un año sin poder quedarse embarazada, pensó que la palabra ‘poliquístico’ significaba un diagnóstico de cáncer. Su ginecólogo en Huelva no supo lo suficiente como para tumbar esa confusión.

Llegar a un consenso médico sobre el SOMP nunca ha sido fácil. En los últimos 20 años, los criterios diagnósticos han cambiado cuatro veces y el cambio de nombre efectuado este año –respaldado por 14.000 doctores y pacientes– se propuso hace catorce. “Ha habido muchas idas y venidas porque no conseguíamos ponernos de acuerdo sobre qué es el SOMP”, reconoce la doctora Marla Lujan, que estudia cómo la nutrición afecta al síndrome en la Universidad de Cornell.

Septiembre, mes de la concienciación sobre el SOMP

Lazo turquesa

Septiembre, mes de la concienciación sobre el SOMP

En 2018, la Asociación Nacional del Síndrome de Ovario Poliquístico (NPCOSA) empezó a dedicar el mes de septiembre a dar visibilidad sobre esta condición común.

Imagen: Natalia Palazón

“Ha llevado tiempo reconocer que las mujeres con SOMP tienen un mayor riesgo de presentar disfunción metabólica. Además del diagnóstico, todas las personas con el síndrome deberían ser evaluadas para detectar comorbilidades metabólicas, independientemente de su edad, raza o etnia”, expresa Lujan.

En la misma consulta en la que le diagnosticaron, el médico también le dijo a Gema Martín que era estéril. “Lloré muchísimo ese día: ‘¿Por qué otras mujeres pueden y yo no?’”, recuerda pensar.

“

Estéril es una palabra que jamás deberíamos utilizar para el SOMP, ni siquiera infértil ”

Dr. Ricardo Azziz

Aunque el síndrome es la primera causa de infertilidad anovulatoria en el mundo, el doctor Ricardo Azziz, coautor del artículo que estableció el cambio de nombre, afirma que “estéril es una palabra que jamás deberíamos utilizar para el SOMP, ni siquiera infértil”.

Según Azziz, la realidad del síndrome se define con la palabra subfertilidad. Es la dificultad para concebir, a diferencia de la infertilidad, donde se complica llevar el embarazo a término. Las probabilidades de quedar embarazada se verán impactadas, pero no serán nulas como dan a entender los términos estéril o infértil. Gema Martín tuvo que esperar cuatro años para que un ginecólogo le explicara que no era estéril.

La publicación del cambio de nombre también uniformiza la prevalencia del SOMP. Durante décadas, diferentes estudios han estimado tasas de 1 de cada 20, o 1 de cada 10 mujeres, e incluso cambios entre continentes, pero en este punto el informe es firme: el 12,5% de las mujeres en el mundo lo padece, 1 de cada 8.

Texto: Sonia Lacuna, Nathan Haimowitz
Multimedia: Anna Belil, Mario Chaparro, Pablo González, Natalia Palazón
Reporteo Adicional: Camilo Pablaza

Fonte: Portada

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