El Madrid de los suplentes marca tres goles en seis minutos y logra una épica victoria en Roma
Por Alberto Martinez Fernandez — Portada
El Madrid de los suplentes marca tres goles en seis minutos y logra una épica victoria en Roma
Roma, 3 – Real Madrid, 4
Los de Mourinho perdían por 3-1 en el minuto 82 de partido, con una mala imagen y Vinícius sustituido, y a lomos de Endrick y Güler remontaron y sigue invictos en Europa

Güler y Endrick, los artífices de una remontada inexplicable del Real Madrid ante el Roma
FILIPPO MONTEFORTE / AFP
Madrid
14/10/2026 23:01 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Si fuera la primera vez se podría hablar de casualidad. Pero ha sucedido tantas, y la mayoría de ellas en la Champions, que sigue siendo inexplicable aunque algún secreto guardará en la identidad del Real Madrid, que rozó una derrota que hubiera sido como un estruendo en el Olímpico de Roma y acabó remontando en seis minutos (del 3-1 al 3-4) y viviendo una de aquella noches que el tiempo dirá si fue un espejismo o un punto de inflexión. Los Güler, Bernardo Silva, Endrick y Espí fueron más determinantes que los Vinícius, Tchouaméni, Diomande o Bellingham.
Todo, eso sí, estuvo condicionado por el plan inicial. Tanto respeto le tiene Mourinho a Gasperini o tan poca fe a sus propios futbolistas que decidió contrarrestar la partida de ajedrez del Roma con una estrategia reactiva. El Real Madrid sacrificó a los jugadores de asociación (Güler, Bernardo Silva, Huijsen o Trent Alexander Arnold) y alineó a sus mejores atletas, con Diomande, Mbappé, Bellingham y Vinícius por primera vez juntos de inicio. No quería el ex técnico del Roma, que fue aplaudido y homenajeado en el minuto diez de partido, caer en la telaraña del italiano, viejo zorro de los banquillos que plantea cada encuentro como un juego de uno contra uno, a lo Marcelo Bielsa.
La consigna blanca estaba clara: no jugar por dentro, no tener pérdidas, ser directos y permutar las posiciones. Su organizador era Courtois, el único hombre libre. Le costó al Madrid hallar ese camino, que actuó con mucho miedo, poco implicado en defensa, como si no creyera demasiado en ese plan. A los cuatro minutos, Courtois ya hizo una parada salvadora a tiro envenenado de Mario Hermoso y Soulé volvía loco a Cucurella.
No fue de extrañar lo que sucedió en el minuto 20, tras la lesión de Kone. Una pérdida de Tchouaméni la aprovechó el Roma para hilvanar una jugada de ataque que acabó en los pies de De Roon. Su tiro violento desde la frontal lo tocó Konaté y entró en la meta de Courtois (1-0). Malen, dos minutos después, pudo hacer el 2-0, pero el meta belga atrapó el balón encima de la línea.

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Con Vinícius perdido en la banda y el equipo sin carburar, al Madrid le tocó la lotería en el minuto 25 porque siempre lleva series enteras. Varias las tiene Diomande, que peinó un balón que le llegó a un Mbappé que le ganó el duelo a Hermoso y de remate potente superó a Gollini (1-1). Desconcertados seguramente por el premio blanco, el Roma decayó y el Madrid disfrutó de sus mejores minutos: Cucurella tuvo el 1-2 en su bota derecha, al igual que Bellingham en la última jugada antes del descanso.
Lejos de cambiar el registro, no fue el Madrid quien modificó el plan, sino la Roma quien se agigantó. Se fue Dybala y entró Rodrigo Mora, que actuó más centrado, y entró como un cuchillo en la mantequilla. En el minuto 50, Malen recibió un pase interior y definió por encima de Courtois con la ayuda de Valverde. Y, apenas siete minutos después, el propio delantero en una jugada calcada hizo el 3-1. El Madrid se había descompuesto y saltó por los aires. Solo le quedaba la épica, pero ya tampoco (parecía) que estaba para eso.
Pero Mourinho agitó el banquillo. Endrick fue un demonio por la derecha. Pidió penalti en una acción en la que hizo más por caerse que el meta por derribarlo. Diomande se echó el equipo a la espalda y dribló hasta los recogepelotas y Mbappé lo probó de todas las maneras, incluso anotó, pero en fuera de juego por centímetros.
El partido estaba muriendo hasta que Espí, el nueve que mejor rentabiliza los minutos, el que recortó distancias (3-2) a falta de diez minutos. El Madrid jugaba ya como en el patio del colegio: balones arriba, acciones individuales y no negociar el sudor. En ese caos es donde encuentra su propio orden.
Y el 3-3 llegó con un córner botado con precisión quirúrgica por Güler y rematado por Endrick, el héroe de la noche. Sin conformarse con eso, el propio Rüdiger hizo en el 89 el 3-4 y la fotografía de aquellas caras lo decían todo: el éxtasis del Madrid y la incredulidad del Roma. Inexplicable. Solo el equipo blanco es capaz de hacer tanto en tan poco tiempo.
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