Cronos
Por Isabel Llauger — Portada

Cronos
Opinión
10/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

La tarde del 17 de agosto de 2017 sesteábamos en casa en Sant Antoni de Calonge. Era otro de esos meses de veraneo que, año tras año desde que tengo uso de razón (incluso antes), han conformado, desde el privilegio de los veraneantes burgueses, mis vacaciones.
Esa tarde estábamos toda la familia (les aseguro que somos muchos… muchos… un clan bueno, amable, generoso, hospitalario y envidiable) emplazada a una misa en la pequeña iglesia del pueblo en memoria de tío Jesús. Sabíamos que recordarle era la única manera de volver a tenerlo presente y, con esa apariencia simbólica del sermón del cura, los no creyentes, rememorar todo el entusiasmo y ánimo vitalista que nos había envuelto a cada uno de nosotros en todas las ocasiones compartidas.
Antes de salir de casa llegó la noticia de un altercado en las Ramblas… minutos más tarde la información de un atentado y así, en las sucesivas horas, un sinfín de noticias que nos fueron empequeñeciendo el corazón y el ánimo.
Han pasado 9 años y como con otras terribles efemérides (el 11S también me pilló en Sant Antoni de Calonge) no se ha borrado de la memoria lo esencial y terrible del momento.
Con esa presencia en el recuerdo y atendiendo a las valoraciones positivas de críticos cinematográficos hemos ido a ver Cronos este fin de semana.

Confieso que desde que probé las butacas XL que se te adaptan al cuerpo y puedes alzar los pies, siempre que la película que me interesa se haga en uno de esos cines que las tienen y a pesar del sobrecoste del asiento, escojo esa parcela de comodidad y de confort.
Ver Cronos es un golpe emocional incuestionable. Un baño de realidad doloroso que, a pesar del tiempo transcurrido y la información compartida, aún resulta sorpresivo porque refleja una realidad que, entre todos, creímos que no existía.
Enric Auquer (Jaume, Responsable del operativo in situ en las Ramblas), Diana Gómez (Daniela, Jefa de prensa de Mossos d’Esquadra), Joan Pedrola (el primer Mosso que reconoció al último terrorista derribado) y Mónica López (Anna, sargento de Mossos d’Esquadra de Ripoll) cada uno en su cinturón interpretativo han superado en mi interior emocional las fronteras de la empatía.
Lloro viendo la película y no porque la historia me sorprenda ni porque rememorar aquello me duela más que entonces. Lloro y me siento impotente porque aún ahora me pregunto: ¿Por qué? ¿Por qué no estábamos preparados? ¿Por qué no supimos verlo? ¿Por qué aquellos chicos estaban tan lejos de todo y de todos? ¿Por qué pensaron que aquello que vendría sería mejor que lo que tenían? ¿Por qué quisieron ser abatidos sin darse (ni darnos) ninguna otra opción?
Y en esa falta de respuestas se enmarca una tristeza vital que supero pensando que siempre, siempre, siempre tenemos la obligación de seguir buscando las respuestas. Y, si somos sinceros, honrados y consecuentes, por más que nos duela la verdad, nos toca no desfallecer, levantar la mirada, erguirnos (mi hija Eulàlia me lo dice constantemente) y andar con toda la seguridad y optimismo que sean necesarios.
Haciendo repaso de mi última columna en este periódico veo que también hablé de una película que me gustó… quizás sea eso… la imprescindible necesidad que nos cuenten con fotogramas y con cierta distancia lo que también es y será nuestra vida.
Mostrar comentarios
Fonte: Portada