Por Sergio Lozano TorresPortada

Contenido solo para suscriptores B., el gran secreto de Freddie Mercury

Biografía

El libro ‘Love, Freddie’ desvela que el cantante de Queen tuvo una hija secreta a la que entregó sus diarios

Freddie Mercury en 1977, el año en que nació B., su única hija, y comenzó a escribir los diarios que le entregó meses antes de fallecer.

Freddie Mercury en 1977, el año en que nació B., su única hija, y comenzó a escribir los diarios que le entregó meses antes de fallecer.

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Sergio Lozano Torres

Sergio Lozano

Barcelona

13/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Lesley-Ann Jones, veterana periodista musical bregada en mil batallas, ya había publicado cuatro biografías canónica de Freddie Mercury entre 1997 y 2021. Pero cuando en plena pandemia recibió un correo electrónico de una tal ‘B.’ afirmando que poseía los diarios personales del líder de Queen, no tuvo más remedio que reescribir el relato para añadir elementos hasta ahora desconocidos: Abusos sexuales en sus años de internado, una fe religiosa mantenida hasta el final, el vínculo irrompible con Mary Austin y, sobre todo, la existencia de una hija desconocida, B., la misma mujer que le mandó el correo.

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‘Love, Freddie. La vida secreta y el gran amor de Freddie Mercury’ (Alianza) reconstruye las dos vidas del músico y vocalista, la que desplegó como la cola de un pavo real excesivo y llamativo, y aquella que vivió como Farrokh Bulsara, hijo de la etnia parsi, exiliado por el genocidio de Zanzíbar, padre en la distancia y enamorado de una sola persona durante toda la vida sin que ello le impidiera acostarse con cientos de personas al mismo tiempo.

El secreto mejor guardado de esta historia no tiene nombre más allá de B., y a lo largo de su vida ejerció como doctora hasta que falleció el pasado enero a los 48 años de cáncer. Pero antes de aquel momento, y molesta por la imagen que se daba de su padre, decidió compartir con Jones los diarios de su padre, conservados durante tres décadas bajo la promesa de no mostrarlos jamás. “Pero no quería morir y que la verdad muriera con ella”, relata Jones, que durante los tres años que dedicó al libro estableció una relación de amistad con la protagonista del mismo.

Si ocultar a la hija de una gran estrella parece complicado, todavía lo es más todo lo que envuelve a la vida de B. desde su mismo nacimiento. en 1976 Mercury visitó a un adinerado matrimonio de buenos amigos y, cosas de la vida, acabó acostándose con la mujer, que quedó embarazada del artista. Lejos de ocultar la situación, la futura madre de B. desveló la situación tanto a Mercury como a su marido, así como su voluntad de seguir adelante con la gestación.

En su casa de Garden Lodge (Londres) junto a Jim Hutton, quien le acompañó hasta fallecer en 1991, aunque su hija niega que fueran pareja
En su casa de Garden Lodge (Londres) junto a Jim Hutton, quien le acompañó hasta fallecer en 1991, aunque su hija niega que fueran pareja David Juarez Mingorance

De todas las situaciones que puede dar lugar una situación así, el destino eligió la entente entre Mercury y el matrimonio, que de entonces en adelante se encargarían de la futura B. como una hija más de la pareja.  Más aún, el inusual trío mantuvo la amistad a pesar de lo sucedido, lo que permitió a B. conocer desde niña a su padre biológico, y a éste llamarla a diario y  viajar siempre que podía allí donde estuviera su hija regularmente para convivir con ella en las diferentes propiedades de la familia, muy particularmente en Montreux.

“El padrastro de B. era un hombre extremadamente rico, diez veces más que Freddie, probablemente más rico que la familia real” destaca Jones sin dar ninguna pista de quién se trata, al igual que hace con la hija. “Disponía de una flota de jets privados, y mansiones en varios países, en cada una de las cuales Mercury disponía de una suite para instalarse cuando quisiera”. Precisamente la razón de mantener oculta la existencia de la hija ilegítima era mantener el “buen nombre” de la familia, y evitar al mismo tiempo que fuera objeto del acoso de los medios de comunicación.

“Freddie Mercury nunca existió, fue una máscara que Bulsara se inventó para ocultarse detrás”

En ‘Love, Freddie’, B. no ahorra elogios para su padre biológico, con el que paseaba por los prados de Montreux, la colmaba de regalos en Navidad y la reñía cuando no hacía los deberes escolares o desobedecía a sus padrastros. Dibuja a un Farrukh Bulsara que soñaba con retirarse de los escenarios y tener familia, antes de que el SIDA lo truncara todo. “Ella aprendió muchas cosas de su padre, conocía el mundo gracias a él, y quería que su padre fuera recordado como alguien complejo, inteligente, culto y educado”.

“Freddie Mercury nunca existió, fue un constructo, una máscara que Farrokh Bulsara se inventó para ocultarse detrás”. Así de tajante se muestra Lesley-Ann Jones para dibujar esta nueva imagen del vocalista, fallecido en 1991 tras contraer el Sida. En ‘Love, Freddie’ se habla por supuesto de la vida disoluta del artista, que especialmente entre los años 1983 y 1985 se lanzó a un desenfreno de sexo y drogas, destapado por la prensa amarillista británica y alimentados por allegados como Paul Prenter, amante y manager del artista, que le traicionó a cambio de dinero.

“Pero la persona real detrás de aquella imagen cuidaba mucho su vida privada, hasta el punto de que tuvo una hija sin que nadie en el mundo lo supiera”, aclara Jones, que para escribir el libro ha contado con el testimonio de B., así como de los diarios que Mercury escribió desde que supo del embarazo. Pocos meses antes de morir, el padre Bulsara se los entregó a su descendiente el mismo día en que le anunció que tenía Sida y le quedaba poco tiempo de vida. “Mercury nunca tuvo secretos con su hija, alguna gente dice que fue un error porque se trataba de una niña al fin y al cabo, pero ella no lo ve así”, comenta la autora. “B. considera que fue muy valiente por parte de su padre contarle exactamente quién era o qué hacía, nada de ello le avergonzó”.

Entre el desahogo personal y la necesidad de dar explicaciones a una hija que sólo veía de vez en cuando, Freddie Mercury escribió 17 cuadernos a bolígrafo donde narra facetas desconocidas de su vida, en especial de su infancia y juventud. Hijo de una familia parsi (iraníes de religión zoroastriana afincados en la India), Farrokh Bulsara vivió una infancia idílica en Zanzíbar, donde su padre trabajaba de funcionario para el imperio británico. Pero a los ocho años le mandaron a un internado inglés cerca de Bombay, donde destacó como alumno y descubrió la música occidental; también la crueldad de sus maestros y compañeros. En esta etapa, de la que se conocían ya algunos detalles, los castigos físicos estaban a la orden del día, unidos a normas draconianas como la prohibición de hablar sin permiso. “Sufrió bullying de sus compañeros, y fue violado por un profesor durante un largo periodo de tiempo, lo que provocó aún más burlas de sus compañeros”, explica Jones.

Incapaz de confesar la situación a sus padres -“estaba avergonzado, sentía que quizá era culpa suya”, explica la escritora- Bulsara aprendió a ocultarse tras una máscara emocional, a refugiarse en la música y el mundo de Rhye, el de la canción Seven seas of Rhye, ideado a partir del río Oxus (hoy Amu Daria) perteneciente al antiguo imperio persa. Como miembro de la etnia parsi conocía estos relatos, legados por sus padres junto a la fe zorastriana (la de Zaratustra) que mantuvo hasta el fin de sus días y transmitida a su vez a la hija.

Los resultados académicos del joven Bulsara cayeron, y acabó por regresar a Zanzíbar justo a tiempo para vivir la independencia de la isla y lel genocidio contra la población musulmana e india que la acompañó. Señalados por ser durante años los gobernantes de la isla, ambas etnias fueron atacadas sin piedad, y la familia Bulsara optó por huir a Inglaterra. 

Fue en su nuevo país donde Farruk comenzó a utilizar el nombre que le pusieron en el instituto, Freddie. La estación de vigilancia que la NASA instaló en Zanzíbar en 1960 dentro del proyecto Mercury completó el nombre de guerra con el que se daría a conocer al mundo, componiendo temas que “hablan de amor y felicidad”, como apunta la hija. Fue la respuesta en positivo que el joven Bulsara quiso dar al infierno que vivió durante su juventud.

La hija secreta de Mercury es generosa en correcciones sobre la biografía de Mercury, no en vano las inexactitudes del filme Bohemian Rhapsody fueron la principal razón de que diera a conocer unos diarios mantenidos hasta la fecha en secreto, con la intención de separar claramente el Mercury artista del Bulsara padre. Comenzando por el color de los ojos del protagonista, que no eran azules sino negros, Love, Freddie matiza o niega numerosos datos dados por buenos durante años. como la mala relación de Mercury con sus padres, o el gusto por la ópera, que desarrolló muchos años antes de cantar junto a Montserrat Caballé (ya la vio actuar en 1981), y que explica las referencias a la ópera La flauta mágica en Bohemian Rhapsody, publicada en 1975 aunque Mercury ya la tenía en mente diez años atrás.

La vida sexual también protagoniza varias correcciones, aunque por encima de todo destaca la idea de que Mercury separaba claramente el sexo de la vida de pareja. Esta dicotomía es la que permitió mantener su relación con Mary Austin hasta el final, mientras pasaban por su cama multitud de amantes, algunos de larga duración. “Él sabía que el mundo no estaba preparado para el Freddie que era, en los años 70 y 80 era muy difícil ser transgénero o no binario”, comenta Jones de Mercury, a quien su hija define como “varón sexual y polígamo”.

Los excesos abrieron la puerta al SIDA, y con él finalizó una carrera que ni la hija ni la autora creen que hubiera durado mucho más. “Incluso con 40 años, Freddie decía que ser una estrella de rock a los 40 era ridículo, no habría aprobado lo que hacen los Rolling Stones, Paul McCartney o Roger Daltrey, que todavía actúan con 80 años. Mercury era una persona muy digna”, comenta Jones. Además estaba el tema de la voz, “no habría durado mucho, sin ella no podría actuar”, y el cansancio  que le provocaba con los años actuar. “Quizá habría seguido componiendo, como hicieron los Beatles a partir de 1966, pero no habría continuado con Queen, y Queen sin Freddie no puede ser Queen”.

Tras el fallecimiento de B., los diarios pasaron a manos de su marido, encargado de conservarlos hasta que los hijos, los nietos de Freddie, alcancen la mayoría de edad. También conserva la colección de fotografías familiares del cantante y su hija, un centenar de las cuales formarán parte de un libro que aparecerá próximamente.

Estas imágenes familiares -que al igual que los diarios nunca habían salido a la luz- servirán para certificar más si cabe el vínculo entre el artista y su hija por si no fuera suficiente con los diarios, certificados a su vez por dos equipos de abogados. Precauciones necesarias y que afectan incluso al estilo en que se ha escrito el libro, donde no hay cita alguna de los diarios. Por motivos legales, su contenido es narrado por la hija como si se tratara de un juego de muñecas rusas. “Según la legislación británica, que alguien te regale un libro o un manuscrito no te hace propietario de lo que esté escrito en su interior”, explica Jones con tono compungido. 

Eso significa que los propietarios de los derechos de Queen podrían reclamar lo que Mercury escribió en los diarios, como sus abogados hicieron saber a la autora cuando tuvieron conocimiento de que estaba escribiendo Love, Freddie. “Hay muchas anotaciones de las canciones, podrían argüir que los textos no pertenecen solamente a Mercury”, explica Jones. Para sortear este peligro optaron por utilizar la voz de B. como intermediaria, “resulta algo complicado, pero es la solución que encontramos”, comenta. 

Sergio Lozano Torres

Sergio Lozano

Periodista

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