Por Josep Oliver Alonso — Portada

Josep Oliver Alonso

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¿Primas de riesgo? 09/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Los telediarios de los últimos días, con estudiantes franceses enfrentándose a las fuerzas del orden, nos remiten a un lejano déjà-vu : aunque la historia nunca se repite, no puede evitarse la comparación de esta crisis en Francia con la de los   chalecos amarillos del 2018 o las de Grecia de 2010/11. Porque estas similitudes tienen lugar en un contexto de incrementos de las primas de riesgo, tanto en Francia como en Italia o Bélgica, reflejo de la reducción del balance de deuda en poder del BCE (tras el máximo de 5 billones de euros en 2022 a los 3,3 billones de septiembre pasado) y semanas de retroceso de las cotizaciones de deuda pública y alzas de tipos de interés a largo plazo en muchos países occidentales, de las que nos hacíamos eco hace una semana.

Para Francia, ello significa un rendimiento de sus bonos a 10 años, que no ja dejado de aumentar, y se sitúa ya cercano al 5%, con lo que su prima de riesgo con Alemania ha alcanzado máximos no vistos desde el 2011 (unos 125 puntos básicos); ese un aumento de su riesgo-país refleja un déficit público superior al 5%, una deuda por encima del 120% del PIB y, en particular, un más que complicado horizonte electoral. En este ámbito, los mercados están expectantes ante las propuestas de los partidos que parece deberían pasar a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2027: para la Francia Insumisa de Mélenchon, liquidación de la deuda pública francesa en poder de su banco central (unos 730.000 millones de euros) y, para el Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen, reforma constitucional limitando el déficit. En este contexto, la salida de fondos de inversión de activos en Francia se ha traducido en una cierta pérdida del euro.

Los mercados están expectantes ante las propuestas de los partidos en Francia

Para nuestros vecinos del norte hoy se cumple aquello que se postulaba en 2011/12 para España o Italia: una deuda demasiado grande como para arbitrar un rescate del país, como se hizo entonces con Grecia, Portugal o Irlanda. Pero ello no significa que el BCE no fuere a utilizar, si conviniera, instrumentos ya creados para afrontar situaciones excepcionales; en particular, tanto los no utilizados en el 2012, pero cuyo solo anuncio detuvo la sangría española (las famosas Outright Monetary Transactions, OMT, de Mario Draghi), como el nuevo, y tampoco usado, Transmission Protection Instrument (TPI) del 2022.

Esta capacidad del BCE implica que la sangre no debería llegar al río, aunque ya saben que sus intervenciones siempre conllevan ajustes de gasto público y/o de ingresos. Tampoco significa que las tensiones en los mercados de deuda no puedan ir a más y, en particular, no terminen afectándonos: esta semana el bono a 10 años del Tesoro español ha cotizado en el 4,1%, un máximo desde el 2013. Los mercados saben que la sombra de la breve primera ministra británica Liz Truss (septiembre/octubre del 2022) es alargada. Convendría no olvidarlo.

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