La obsesión de Kokoschka por Alma Mahler: amor, locura y una muñeca a tamaño real

0

Por Autor Generico — Portada

La obsesión de Kokoschka por Alma Mahler: amor, locura y una muñeca a tamaño real

En la memoria

La mujer que inspiró a cuatro grandes hombres y terminó convirtiéndose en la obsesión de uno de ellos

La obsesión de Oskar Kokoschka por Alma Mahler le duró toda la vida

La obsesión de Oskar Kokoschka por Alma Mahler le duró toda la vida

Public Domain

César Alcalá

09/10/2026 06:40 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Alma Schindler, conocida como Alma Mahler, fue mucho más que la pareja de Mahler, Gropius, Kokoschka o Werfel. Mujer talentosa, compleja y despiadada, en su vida coexistieron el arte, la obsesión y el deseo. Como miembro de la alta burguesía austríaca estudió piano y composición. Consciente del poder que ejercía sobre los hombres, convirtió el deseo ajeno en un juego personal, desafiando las reglas de una sociedad intolerante al liderazgo femenino.

En una fiesta organizada por su madre conoció al compositor y director de orquesta Gustav Mahler. Antes de prometerse en matrimonio Mahler le mandó una carta en la cual le decía que, si quería casarse con él, debía abandonar su faceta artística. “El rol de compositor me corresponde a mí; el tuyo es ser una compañera abnegada”. Accedió reprimiendo su creatividad y pasó a ser musa, copista y ama de casa. La resignación por ese nuevo rol se transformó en resentimiento, buscando la pasión fuera del matrimonio.

Mujer talentosa, compleja y despiadada, en su vida coexistieron el arte, la obsesión y el deseo

“Si quieres casarte conmigo, debes renunciar a la música” esta fue la contundente condición de Mahler que reprimió el talento de Alma
“Si quieres casarte conmigo, debes renunciar a la música” esta fue la contundente condición de Mahler que reprimió el talento de Alma By Atelier D’Ora-Benda vía Wikipedia

Así conoció a Walter Gropius, un joven arquitecto visionario y metódico, que encarnaba los principios del funcionalismo arquitectónico que promovió la Escuela Bauhaus. El encuentro tuvo lugar en 1910, en el balneario de Bad Tobelbad en Graz, donde ella estaba descansando para recuperarse de la depresión y el agotamiento físico que le causaba su matrimonio.

Mahler se enteró de aquel romance porque Gropius cometió el error de enviarle una carta de amor dirigida a “Herr Direktor Mahler”. Se sospecha que fue una argucia de Alma para forzarlo a afrontar la crisis de su matrimonio y declararle su insatisfacción. Aquello debilitó aún más la salud de Mahler, el cual moriría en 1911. Con todo su relación con Gropius se rompió. ¿Por qué? El 12 de abril de 1912 Carl Moll, padrino y padrastro de Alma, le presentó a Oskar Kokoschka, que había recibido el encargo de retratarla. Ese fue el inicio de un romance tormentoso y obsesivo.

Oskar Kokoschka se alistó en los Dragones Imperiales durante la I Guerra Mundial
Oskar Kokoschka se alistó en los Dragones Imperiales durante la I Guerra Mundial Von Hermann Schieberth vía Wikimedia Commons

Kokoschka era la antítesis de Gropius, un ser violento y visceral. La prensa lo definía como el enemigo público número uno de la cultura vienesa. Cuando la conoció quedó hechizado por su refinamiento, cultura y sensualidad, convirtiéndose en su musa, su razón de ser y la inspiración para seguir pintando. Alma y Oskar estuvieron juntos de 1912 a 1915. En aquella relación se mezclaron celos enfermizos, neurosis tóxica y emociones destructivas. Alma escribió en sus memorias “era un volcán en erupción; exigía mi alma entera a cambio de una devoción que rozaba el martirio y el ridículo”.

Vivía en un estado de continua paranoia, pues temía perderla. Les cogió aversión a sus antiguos amantes y le aterraba que volviera con Gropius. Estos sentimientos los inmortalizó en el cuadro La novia del viento, una de las obras cumbre del expresionismo. La pintura es un autorretrato psicológico de la destructiva y apasionada relación que mantenía con ella. Alma aparece recostada y acurrucada contra el cuerpo de su amante, con una expresión de entrega total y paz interior. Kokoschka esta con los ojos abiertos y la mirada perdida en el vacío, como si anticipara el final de aquella relación.

'La novia del viento', una de las obras cumbre del expresionismo
‘La novia del viento’, una de las obras cumbre del expresionismo Oskar Kokoschka vía Wikimedia Commons

Cuando Alma quedó embarazada, para Kokoschka aquello significó la consagración definitiva de su amor, pues le permitiría estar siempre a su lado. Esto a ella la aterró, pues no estaba dispuesta a pasar toda la vida a su lado, por lo que abortó. El acoso ejercido sobre ella llegó al extremo de descubrir su plan de abortar en el Sanatorio Löw y, en un arrebato de delirio incontrolado, fue allí y robó un paño ensangrentado. Al regresar a su estudio lo guardó en una caja, como si se tratara de una reliquia, afirmando “este es mi único hijo y siempre lo será”.

En mayo de 1915 Alma decidió poner fin a aquella relación y volvió con Gropius. En sus memorias escribió “Oskar Kokoschka se ha desvanecido para mí. Ya no lo encuentro dentro de mí. Se ha convertido en un extraño al que no añoro”. Desesperado y con el orgullo dolido, decidió alistarse como voluntario en el ejército austro-húngaro. Entregó el cuadro La novia del viento al galerista Paul Cassirer para que lo vendiera. Con el dinero se compró un caballo y se alistó en los Dragones Imperiales. Durante la contienda recibió un disparo en la cabeza y una bayoneta rusa le atravesó el pecho. Regresó con la mente rota en mil pedazos.

Kokoschka incapaz de superar la ruptura, mandó fabricar una réplica a tamaño real de Alma que paseaba en carruaje e invitaba al teatro
Kokoschka incapaz de superar la ruptura, mandó fabricar una réplica a tamaño real de Alma que paseaba en carruaje e invitaba al teatro Publica Domain

Convaleciente de sus heridas físicas y mentales se instaló en Dresde. Como no podía olvidar a Alma concibió una macabra idea. Encargó a la diseñadora Hermine Moos una muñeca a tamaño natural que reprodujera la anatomía, el tacto y la temperatura del cuerpo de Alma, garantizando así que jamás lo abandonaría. No solo le envió bocetos con instrucciones detalladas sobre el cuerpo, sino que las mejores casas de moda confeccionaron vestidos de alta costura y compró lencería fina en París.

Al recibir la muñeca la realidad se impuso a su sueño. No era la mujer que había imaginado, sino una almohada gigante y deforme de felpa o un oso de peluche. La que todos conocían como Mujer Silenciosa acabó convirtiéndose en su compañera inseparable. La vestía con prendas elegantes, la sentaba a comer, conversaba con ella durante horas, contrató un carruaje de caballos para pasearla por las calles de Dresde, asistían a la opera y a representaciones teatrales. La muñeca fue pintada en lienzos, bocetos y dibujos a carbón. Con ellos intentaba capturar aquella vida que no tenía la muñeca.

Al recibir la muñeca la realidad se impuso a su sueño. No era la mujer que había imaginado, sino una almohada gigante

Cuando su salud mental empezó a estabilizarse vio que la muñeca encarnaba su degradación emocional. Ya no era su amada, sino un cadáver textil, una carga que lo mantenía encadenado al pasado. Para recuperar el control de su vida debía destruirla con violencia. En la primavera de 1919 organizó una fiesta multitudinaria para celebrar el fin de su etapa de reclusión. De madrugada cogió un cuchillo, la decapitó y estrelló contra ella una botella de vino, tiñendo la felpa de color rojo para simbolizar la sangre.

Sobre aquel suceso escribió Kokoschka “al día siguiente, la policía irrumpió en mi jardín temprano por la mañana; los vecinos habían visto un cuerpo decapitado y cubierto de sangre a través de la verja. Cuando vieron que era solo un fetiche de trapo, se marcharon. Aquello consiguió curarme por completo de mi pasión”. El final de la Muñeca Silenciosa fue el vertedero municipal de Dresde.

Oskar Kokoschka en 1963 
Oskar Kokoschka en 1963  Gamma-Rapho via Getty Images

Alma se casó con Gropius y, mientras este luchaba en la I Guerra Mundial, conoció al escritor Franz Werfel, con el que se casó en 1929. Con Kokoschka se volvió a encontrar una única vez. Fue en un restaurante de Venecia en 1922, sin que ninguno de los dos se dirigiera la palabra. En 1951, cuando Alma iba a cumplir setenta años le escribió con sarcasmo que “si alguna vez encuentro tiempo, te haré una figura de madera a tamaño natural de mí mismo, y deberías llevarme a la cama contigo todas las noches. La figura también debería tener miembro… para que te acuerdes mejor de mí y, con la práctica, vuelvas a cogerle el gusto a lo auténtico. Volveremos a estar juntos en algún momento”. Esto nunca ocurrió

Etiquetas

Mostrar comentarios

Fonte: Portada

Deixe um comentário

O seu endereço de email não será publicado. Campos obrigatórios marcados com *