Un fósil hallado en Castellón revela cómo los dinosaurios sobrevivían a las infecciones graves
Por Antonio Baena — eldiario.es – eldiario.es

El análisis de una tibia de Iguanodon bernissartensis encontrada en Morella muestra la respuesta del animal ante una infección bacteriana
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Los restos de dinosaurios recuperados en Morella continúan aportando información sobre cómo era la vida hace unos 125 millones de años. En este sentido, un equipo de investigadores ha analizado una tibia de Iguanodon bernissartensis encontrada en el municipio castellonense y ha identificado en ella una lesión relacionada con una infección bacteriana. Cabe destacar, que este descubrimiento es la primera evidencia conocida de una reacción ósea de este tipo en un dinosaurio. El estudio ha sido publicado en la revista Royal Society Open Science. Por ello, sus resultados permiten conocer algo hasta ahora difícil de detectar en el registro fósil, la respuesta del organismo a una infección bacteriana.
Una lesión que quedó registrada en el hueso
La pieza analizada procede del yacimiento de Mas de la Parreta y se trata de una tibia derecha de más de un metro de longitud que fue recuperada durante los trabajos de control paleontológico. A primera vista, los investigadores observaron un excesivo abultamiento en la zona central del hueso. Además, la superficie presentaba un aspecto liso, sin indicios de haber sufrido una fractura.
Para estudiar la pieza, los investigadores recurrieron a la tomografía axial computarizada, una técnica habitual en el ámbito médico que permite examinar estructuras internas sin tener que intervenir directamente sobre ellas. Por lo tanto, la tibia fue analizada en el Hospital General Universitario de Castellón y posteriormente se elaboraron reconstrucciones digitales en 3D. Asimismo, estas imágenes permitieron estudiar la alteración y comparar sus características con las que presentan otras patologías óseas.
Reconstrucción virtual tridimensional de CMP-11/8 en vista medial. (A–C) Secciones transversales del crecimiento óseo patológico que muestran áreas óseas hiperdensas (flechas rojas).
Así pues, el análisis permitió comprobar que la lesión no encajaba con las consecuencias habituales de una fractura. En estos casos, el hueso suele mostrar ciertas modificaciones asociadas al proceso de reparación y remodelación, que no aparecen en la pieza de Morella. Los investigadores también descartaron que se tratara de un proceso tumoral, al no encontrar las características que permitirían identificar este tipo de enfermedad. Tras evaluar las diferentes posibilidades, la hipótesis que mejor encajaba con las evidencias fue la de una infección de los tejidos blancos.
La reacción del hueso ante la infección
Por otro lado, la respuesta del animal habría quedado reflejada en la propia estructura ósea. Ante la infección, su organismo comenzó a generar un nuevo tejido alrededor de la zona afectada, provocando el engrosamiento de la tibia. Según explican los autores del estudio, las características observadas son compatibles con una úlcera cutánea provocada por bacterias.
La importancia del hallazgo no solo está en identificar la enfermedad, sino también en lo que revela sobre la supervivencia del animal. La presencia de ese tejido óseo nuevo indica que el Iguanodon no murió justo después de sufrir la infección, sino que su organismo tuvo tiempo para ofrecer una respuesta inflamatoria y comenzar un proceso de reparación. Sin embargo, esa lesión probablemente habría provocado dolor, inflamación y dificultades para utilizar con normalidad la extremidad afectada.
Morella, una ventana al Cretácico europeo
Además, este nuevo estudio se suma al amplio registro paleontológico de la comarca de Els Ports. Los materiales de la Formación Arcillas de Morella han conservado numerosos restos correspondientes al Cretácico Inferior y han permitido identificar especies de gran relevancia para reconstruir lo que pasó en Europa durante ese periodo.
La presencia de Iguanodon bernissartensis en estos yacimientos también aporta información sobre el gran número de herbívoros que habitaban la región. Por ahora, la tibia analizada permite añadir una nueva dimensión a ese conocimiento. No solo sabemos cómo eran estos animales o qué tamaño alcanzaban, sino también cómo afrontaban las enfermedades.
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