Por Margarita Puig Boronat — Portada

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El hombre contemporáneo ha resuelto casi todos los misterios del universo. Ha arañado en su infinito para descubrirle montones de exoplanetas. Ha inventado la inteligencia artificial. Ha descifrado el genoma humano y ha puesto el pie en la Luna. Y aunque ha conseguido incluso que una tostadora funcione con wifi, sigue sin saber cómo hacer para no quedarse calvo ni soportarse a sí mismo sin ayuda química. Si está cansado se precipita sobre los botes de testosterona. Si está triste, toma magnesio. Si no duerme, melatonina. Si los músculos no crecen, proteína. Y creatina. Si no liga, quizá tira de zinc. Y si el espejo le devuelve a pesar de todo una imagen poco satisfactoria sabe que siempre tiene la posibilidad de intervenir química o quirúrgicamente en el personaje… Cada vez hay más gymbros , hombres supuestamente sanos que han hecho de su cuerpo un laboratorio de autoestima portátil.

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Fonte: Portada

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