¿Semana de la movilidad? Nada que celebrar
Por Enric Sierra Diaz — Portada

Vicedirector
¿Semana de la movilidad? Nada que celebrar
A pie de calle
21/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Por si no se habían enterado, mañana se acaba la Semana Europea de la Movilidad que empezó el miércoles pasado. Esta iniciativa instaurada el año 2000, se acogió con gran entusiasmo en Catalunya, y especialmente en Barcelona, organizando actividades orientadas a promover el uso del transporte público y el abandono del vehículo privado. Un cuarto de siglo más tarde se ha demostrado que una cosa son los sueños y otra la tozuda realidad porque la situación actual de la movilidad en Catalunya ha empeorado, está al límite del colapso y se encuentra en un punto crítico con la pérdida de la confianza de los ciudadanos.
Por esta razón, esta Semana Europea de la Movilidad ha vuelto a pasar desapercibida porque, en la línea de lo que les dije el año pasado, sigue sin haber ningún motivo de celebración. No solo no hemos avanzado, sino que hemos retrocedido en los últimos doce meses. En estos 26 años se ha formado una tormenta perfecta que nadie es capaz de deshacer. La inacción en materia de inversión en transporte público ha sido insultante mientras que el país ha aumentado la población de seis a ocho millones de habitantes. Veamos algunos aspectos claves del desastre.
Catalunya retrocede en movilidad y se encuentra en el peor momento en décadas
La red de Rodalies hace aguas por todos lados cosa que se evidenció tras el trágico accidente de Gelida de enero. Este medio de transporte público sufre la peor crisis de su historia. Los retrasos se han cronificado y más de la mitad de los trenes circulan tarde o simplemente desaparecen de las pantallas informativas sin más explicaciones para los usuarios. La información a los viajeros es una calamidad que acrecienta el sentimiento de maltrato. La desesperación ha llevado a los usuarios a crear aplicaciones de móvil para informar de cortes, retrasos o incidencias ante la deficiente información oficial.
El servicio de autobuses habilitado para suplir el déficit ferroviario ha puesto en dificultades a la ciudad de Barcelona. Su Ayuntamiento ya ha advertido que el espacio de las paradas es limitado y que este servicio no puede crecer indefinidamente. Además, los usuarios de esta alternativa han descubierto que es más eficaz y fiable que el tren y llenan los centenares de buses a niveles calcutienses.

La red viaria también ha empeorado. Tras la liberación de los peajes, los gobiernos han reducido la oferta de carreteras porque las antiguas vías gratuitas se han convertido o están en fase transformarse en paseos de circulación lenta. Por tanto, todo el tráfico interurbano que antes disponía de dos opciones, en muchos lugares ahora solo tiene una. Si a esto sumamos que hay más demanda, el resultado es visible en el caos diario como pasa en la AP-7.
Por cierto, el runrún actual de recuperación de los peajes para pagar el mantenimiento de las antiguas autopistas no resolverá este colapso ni conseguirá ampliar la oferta, como bien saben los expertos que promueven esta involución.
Esta situación se ha agravado por el traslado del tráfico de mercancías de las vías rápidas a las carreteras convencionales. El prometido corredor mediterráneo ferroviario no llega y solo el 4% de las mercancías viajan en tren, cuatro veces menos que la media europea. Y ahora se ha presentado el enésimo plan, a diez años vista, para aumentar hasta el 10% la circulación en tren de mercancías.
Los accesos a Barcelona tampoco muestran mejora alguna. Al contrario, el mapa matinal y vespertino se tiñe con el rojo de congestión en todos los navegadores de los centenares de miles de sufridos conductores, muchos de los cuales son víctimas de un exilio forzado por la pésima planificación de la vivienda.
Así estamos hoy. Veremos si podemos dar mejores noticias la próxima semana de la movilidad.

Enric Sierra
Vicedirector
Periodista nacido en Arenys de Mar. Vicedirector de La Vanguardia. Antes trabajó para medios como El Punt, El Correo Catalán, Cadena 13, Agencia EFE, TVE, Avui o 20 Minutos
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