Profanar un cadáver es el último desprecio del asesino por su víctima

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Por Enrique Figueredo Navarro — Portada

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La profanación del cadáver de una víctima de asesinato certifica el absoluto desprecio que el autor tiene por ella. El descuartizamiento, por ejemplo, es un procedimiento que usa el asesino para eliminar cuantas pruebas sea posible y evitar la inculpación por la justicia. Los forenses han explicado muchas veces que no es nada fácil, que se necesitan buenas herramientas, paciencia, tiempo y sangre fría. Todo parece indicar que cuando Carmen Merino troceó a su compañero sentimental, Jesús Mari Baranda, se sirvió hasta de una sierra eléctrica que se le atascó y pidió ayuda en internet -dejando rastro- para saber cómo podía liberarla y seguir con lo que estaba haciendo. El cuerpo de la víctima no ha aparecido, salvo el cráneo que la homicida dejó en casa de una amiga guardado en un paquete que, según dijo, debía contener juguetes eróticos, como se cuenta en la última entrega de Dossier Negro.

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Fonte: Portada

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