Los botones regresan al coche: la industria obsesionada con las pantallas táctiles recula
Por Jaume Vidal Rubio — Portada
Los botones regresan al coche: la marcha atrás de una industria obsesionada con las pantallas táctiles
Tendencias
El objetivo del cambio no es renunciar a la digitalización, sino encontrar un equilibrio entre tecnología y ergonomía que mejore la seguridad en marcha

Recuperar botones de control para gestionar algunas funciones no significa renunciar a las pantallas en el coche
VW
Jaume Vidal Rubio
30/09/2026 06:54 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Durante años, la industria del automóvil convirtió las pantallas táctiles en el símbolo definitivo de la modernidad. Cuanto más grande era la pantalla y menos botones había, más avanzado parecía el coche. Tesla marcó el camino y buena parte del sector la siguió. Sin embargo, algo ha cambiado. Los conductores se quejan, los expertos alertan sobre el aumento de la carga cognitiva y organismos como Euro NCAP han decidido intervenir.
El resultado es una inesperada marcha atrás: fabricantes que habían apostado por eliminar casi todos los mandos físicos los están recuperando. La gran pregunta es si estamos asistiendo al fin de una moda tecnológica o al reconocimiento de que, al volante, el tacto sigue siendo un aliado difícil de sustituir.
La digitalización del automóvil no surgió por capricho; a medida que los vehículos incorporaban nuevas funciones, la cantidad de mandos necesarios crecía sin parar
La digitalización del automóvil no surgió por capricho. A medida que los vehículos incorporaban nuevas funciones, la cantidad de mandos necesarios crecía sin parar. José Solaz, director de Innovación en Automoción, Movilidad y Smart Cities del Instituto de Biomecánica de Valencia (IBV), recuerda que un BMW Serie 7 de los años noventa contaba con decenas de controles físicos, mientras que la llegada de sistemas como el iDrive permitió gestionar cientos de funciones desde una interfaz digital. La pantalla resolvía un problema evidente: concentrar en un único lugar una complejidad creciente.
Durante años pareció la solución perfecta. Las pantallas crecieron, los botones desaparecieron y los interiores adoptaron una estética minimalista inspirada en los teléfonos móviles. Pero la experiencia diaria empezó a mostrar también sus limitaciones.

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“Las pantallas táctiles dependen en mayor medida de la confirmación visual”, explica Solaz. En otras palabras, obligan al conductor a apartar la vista de la carretera para localizar una función, identificarla y comprobar que la acción se ha ejecutado correctamente. Los botones físicos, por el contrario, ofrecen referencias táctiles y posiciones estables que pueden localizarse sin necesidad de mirar. El experto insiste en que el debate no puede simplificarse en un “pantallas malas, botones buenos”. Lo importante es el diseño. “La ventaja del botón no es que sea físico; la ventaja es que la posición sea estable, aprendida y fácilmente discriminable”. Aun así, la evidencia acumulada durante los últimos años ha llevado a muchos fabricantes a reconsiderar algunas decisiones.
Volkswagen admite el error
Uno de ellos es Volkswagen. Andreas Mindt, máximo responsable de diseño de la marca alemana, reconoció públicamente que la eliminación masiva de botones había sido un error. La compañía ha anunciado que recuperará controles físicos para funciones esenciales como la climatización, el volumen, la velocidad del ventilador o las luces de emergencia en futuros modelos, comenzando por el esperado ID.2.

La decisión tiene un impacto que va mucho más allá de Volkswagen. El grupo comparte gran parte de su filosofía tecnológica con Audi, Skoda, Seat, Cupra y Porsche, por lo que el cambio de rumbo podría extenderse a buena parte de sus futuras generaciones de vehículos.
Audi busca interiores más intuitivos
Audi también ha empezado a enviar señales en la misma dirección. El objetivo no es renunciar a la digitalización, sino encontrar un equilibrio entre tecnología y ergonomía.
Incluso Tesla introduce correcciones
Resulta especialmente significativo que incluso Tesla, la compañía que convirtió la gran pantalla central en su principal seña de identidad, haya empezado a introducir algunos controles físicos que había eliminado. La marca sigue defendiendo un enfoque muy digital, pero la tendencia demuestra que la experiencia real de los usuarios está obligando a matizar algunas posiciones.
La rectificación también llega desde China
La corrección no es exclusiva de los fabricantes europeos. Algunas marcas chinas, tradicionalmente asociadas a la digitalización extrema, también están recuperando elementos físicos.

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Xiaomi ofrece en su berlina eléctrica SU7 accesorios con teclas físicas configurables. BYD mantiene mandos convencionales para determinadas funciones de uso frecuente. Denza, por su parte, ha sustituido algunos controles táctiles por interruptores físicos en determinados modelos.
La tendencia sugiere que el debate ya no gira en torno a si el coche debe ser digital o analógico, sino sobre qué funciones deben permanecer accesibles de la forma más rápida e intuitiva posible.
La intervención de Euro NCAP
La gran novedad es que esta discusión ha dejado de ser únicamente una cuestión de preferencias de los usuarios. Euro NCAP, el organismo independiente que evalúa la seguridad de los vehículos en Europa, ha decidido intervenir.
A partir de sus nuevos protocolos de evaluación, los coches que aspiren a obtener las cinco estrellas deberán facilitar el acceso a determinadas funciones esenciales mediante controles físicos o sistemas que demuestren una eficacia equivalente. Entre ellas figuran elementos críticos como los intermitentes, las luces de emergencia, el claxon o los limpiaparabrisas.

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Para Solaz, el mensaje de Euro NCAP suele interpretarse de forma simplista. “No lo entiendo como una recuperación obligatoria del botón físico. Lo entiendo como que, si una función crítica no puede hacerse igual o mejor mediante una solución digital, entonces no debería abandonarse el control físico”. La filosofía es clara: la tecnología debe mejorar la seguridad, no complicarla.
Lo que ocurre dentro de nuestro cerebro
La cuestión de fondo es cognitiva. Cada vez que un conductor busca una función en una pantalla táctil, pone en marcha una cadena de procesos mentales que compiten directamente con los recursos necesarios para conducir.
Según explica Solaz, la secuencia incluye apartar la vista de la carretera, localizar la función, reconocerla entre varias opciones, mantener en memoria el objetivo que se persigue, coordinar la mirada con el movimiento de la mano, verificar que la acción se ha ejecutado correctamente y volver a centrar la atención en el tráfico.
“Es como hacer malabares”, resume el investigador. La conducción ya exige gestionar múltiples tareas simultáneamente. Cada nueva interacción añade una pelota más al aire. Si la carga cognitiva aumenta demasiado, el riesgo no es necesariamente que se produzca un accidente de forma automática, pero sí que disminuyan los recursos disponibles para atender a la conducción.

Por eso los expertos prefieren hablar de distracción visual y carga cognitiva antes que de una relación directa entre pantallas y siniestralidad. Las evidencias muestran que las actividades que obligan a apartar la vista de la carretera incrementan el riesgo, aunque el problema no es la pantalla en sí misma, sino cómo se utiliza.
El futuro no será una guerra entre botones y pantallas
Paradójicamente, el debate probablemente no se resolverá con un regreso masivo al pasado. Solaz cree que la evolución natural apunta hacia sistemas capaces de anticipar las necesidades del conductor mediante inteligencia artificial, automatización y lenguaje natural. El objetivo no sería sustituir una pantalla por un botón, sino reducir la necesidad de interactuar con cualquier interfaz.
Mientras ese futuro llega, la industria parece haber asumido una lección importante. La fascinación por las pantallas gigantes llevó a algunos fabricantes a eliminar controles que los conductores utilizaban casi de forma instintiva. Hoy, tras años de experimentación, usuarios, reguladores y expertos coinciden en una idea: la innovación no consiste en hacer desaparecer los botones, sino en diseñar vehículos que permitan conducir con menos distracciones y más seguridad. Y en esa búsqueda del equilibrio perfecto, el viejo botón físico ha vuelto a reclamar su lugar.
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