Por Joana Bonet CamprubíPortada

Joana Bonet Camprubí

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PISA contra Aristóteles 12/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Millones de jóvenes en todo el mundo jamás leerán a Dostoyevski o a Kafka, y mucho menos la Poética de Aristóteles, por lo que probablemente nunca llegarán a conocer el término agnición –el paso de la ignorancia al conocimiento– y ni siquiera arbitrariedad, como la que opera en la condena al ciudadano Joseph K. pese a la ausencia de delito.

 
  Júlia Salvador / Archivo

Esos jóvenes encontrarán trabajo, puede que de programadora o de jefe de marketing, y seguirán consumiendo aquello que les sea servido en la parrilla caliente de las redes, sintiéndose bien informados por youtubers vitaminados, pero su criterio se formará sin andamios. En Quillette, una revista que remueve ideas desde Australia, titulan: “Estudios literarios sin literatura”. Porque Duras, Yourcenar o Woolf han sido sustituidas ya por lecturas breves sobre el desorden mundial, del cambio climático al bullying. Llevar la conversación a las aulas vaciándola de antiguallas, ese es el espíritu.

Duras o Woolf han sido sustituidas ya por lecturas breves sobre el desorden mundial

En España tan sólo dos jóvenes de cada cien son capaces de leer a Proust o a Borges e identificar la carga irónica de sus páginas. Los 98 restantes, según el último informe PISA, se muestran incapaces de inferir ideas que el texto no expresa literalmente. Y, aunque suspendan, pasarán de curso porque la ley anima a valorar más la actitud que el conocimiento, el compromiso que la ortografía. Así, se irán haciendo mayores escribiendo osea junto, igual que enserio, porque haber que pasa. 

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El asunto de PISA refleja nuestra dimisión del aprendizaje, así como la devaluación de la cultura, que enfila su caminito de artefacto decorativo. No obstante, dos alumnos de cien han sentido el milagro de encontrar en un libro aquello que andaban buscando sin saberlo. Han descubierto un nuevo significado del vivir, sea en el amor, la culpa o la angustia. Claro que existen esos dos jóvenes que, lúcidos y rigurosos, acabarán empujando carros de ideas, difundiéndolas en sus canales a pesar del ruido, como David contra Goliat. Pero esa abrumadora responsabilidad no debería recaer en ellos, sino en unos adultos que, a diferencia de los pacientes padres asiáticos, no se sientan cerca de sus hijos cuando hacen los deberes. ¡Pobres adultos deslomados, colgados del móvil y en terapia discontinua que también escriben osea!

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