Oques Grasses, una suerte compartida
Por Martí Abad Fontàs — Portada
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Tercer concierto
La formación catalana supera con creces su penúltima noche en el Estadi Olímpic; este sábado será el turno del gran final

Josep Montero, solo con su guitarra, en el momento de arrancar el concierto de Oques Grasses en Montjuïc
Guifré Sabaté i Rispa

Martí Abad
Barcelona
09/10/2026 22:39 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
La banda osonenca Oques Grasses está a solo un concierto de igualar el récord que sigue ostentando Coldplay de haber llenado cuatro noches el Estadi Olímpic de Barcelona. Y, de hecho, el caso de la pandilla liderada por Josep Montero tiene (un poco) más de mérito, pues ellos lo habrán hecho de manera consecutiva –culpa de las inclemencias meteorológicas– mientras que el cuarteto británico gozó de un día de descanso. Es cierto que para el próximo 2027 se rumorean giras de U2 y Bruce Springsteen que, quién sabe, también se podrían unir al selecto club. Pero de momento solo son especulaciones.
Como también ocurrió el miércoles y el jueves, la lluvia no hizo acto de presencia en la noche barcelonesa para aguar lo que fue una fiesta en toda regla, inevitablemente llena de nostalgia, en la que, durante casi dos horas, Oques Grasses hizo un generoso repaso a su trayectoria: no solo musical, sino también visual, desde lo más simple hasta lo más majestuoso, fuegos artificiales incluidos.

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Por ello, aunque los spoilers eran inevitables después de dos noches, fue muy especial cuando el líder de la formación apareció encima de la mesa de sonido, solo acompañado por una guitarra y un micrófono de diadema, para presentarse ante la inmensidad de todo un Estadi Olímpic a oscuras e interpretar los primeros acordes de Córrer pels camps, canción que abrió esta tercera fecha y que seguro que recreó lo que sentía el propio Montero cuando, solo en su habitación unas décadas atrás, soñaba con noches como la de este viernes, si es que alguna vez se había atrevido a soñarlo. “14 anys després aquí estem. Nosaltres, però sobretot vosaltres”, comenzó orgulloso. “La vida està plena de principis i finals, i el millor que podem fer és viure les coses mentre duren”, zanjó.
Una gran fiesta con un show muy variado musical y visualmente, y con varias celebridades
Con las 55.000 personas que volvieron a llenar el feudo ya en el bolsillo, entre ellas personalidades como la cantante Aitana Ocaña, la futbolista Aitana Bonmatí y el técnico Pep Guardiola en el palco, comenzó la verbena, que estuvo marcada por los grandes temas de los últimos discos de la formación y que juntaron a casi una veintena de músicos y coristas en el imponente escenario de cuatro niveles, con tres pantallas gigantes y la primera ración de pirotecnia. Así ocurrió con Petar-ho, Sta guai y, cómo no, Elefants.
La faceta más urbana de Oques Grasses también estuvo presente en los compases iniciales. Seguramente no fueron las canciones que más destacaron líricamente, algo de lo que ellos no se esconden, pero sí dejaron sobrevolando por Montjuïc ciertos mensajes como el “jo només penso en mi, però només penso en tu” de Cara de cul, el simple “a la merda tot” de Bancals y también el guiño al Per molts anys del Súper 3 con Com està el pati, nueva visita al que siempre será recordado como el último disco de la banda, Fruit del deliri (2024), y con la que Montero hizo cantar a algunos afortunados de la primera fila acercándoles el micrófono.

Después de no pocas referencias al pasado más inmediato, el grupo consideró que había llegado el momento de cambiar de nuevo el registro para transportar a los asistentes a ese ya lejano 2012 en el que empezó todo. Entonces apostaban más por el ska y el reggae, como se pudo ver en Cavall estable, John Brown, con público en el escenario, y Passos importants -¡camisetas fuera!-, y entre tanta nostalgia también quisieron poner a bailar el trasero de todos los presentes, incluidos aquellos que se tuvieron que conformar con disfrutar del concierto a través de la pantalla gigante situada detrás de la mesa de sonido por lo llena que estaba la pista, con Cul. Y, de paso, como un homenaje al logo de la formación.
Con el concierto llegado a su ecuador, ¿era posible volver a cambiar de estilo? Los Oques Grasses demostraron que sí, regresando a esa parte más electrónica y se centraron, de nuevo, en su último disco. Fue el turno de Molta tralla, la in crescendo Pingpong y una Com el diai la nit con las voces pregrabadas de Julieta, con la que cantan en el álbum. Asimismo, en este nuevo tramo destacaron otros dos temas con unas letras que también parecieron escritas exclusivamente para su periplo final en Barcelona: “Que sigui èpic; no sé si ho tornarem a fer”, rezaron en Bambi, mientras que Cap amunt pareció un mensaje directo para sus fans ante su cercano adiós.
La introducción de una canción que no necesita presentación alguna como In the night hizo temer a todos los reunidos que el final se acercaba, y así fue. Sin embargo, parecieron hacer caso a aquello del carpe diem durante los que, sin duda, son algunos de los grandes himnos de la formación y en los que no dudaron en dejarse la voz: una Bye bye que vino como anillo al dedo, Serem ocells y Torno a ser jo. Y en todos ellos, la sección de vientos fue imprescindible.

Es cierto que anteriormente se ha dicho en esta misma crónica que algunas de las piezas que sonaron en el Estadi Olímpic no destacan por unas letras muy elaboradas, aunque eso no quiere decir que no sean ni las más efectivas ni las más celebradas. No obstante, hay otros temas que sí sobresalen por lo que cuentan, no solamente por cómo suenan y, buenos estrategas, los reservaron para el final. Así, La gent que estimo, también sin Rita Payés, provocó el primer gran mar de luces de la noche, y con Sort de tu los músicos bajaron al césped, pasando a escasos centímetros de sus seguidores, y se subieron a lo alto de la tarima situada en medio de la pista para entonar la canción con la que cerraron su tercera y penúltima noche en Barcelona. Y al parecer de este cronista, fue una grandísima manera de concluir la velada, como un agradecimiento mútuo entre fans y músicos: por haberse acompañado durante todos estos años y por haber estado juntos en este gran final. Una suerte compartida.

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No hubo colaboraciones pero tampoco hicieron falta: ellos eran los protagonistas
Tras el primero de sus cuatro conciertos en el Estadi Olímpic, algunos asistentes mostraron su decepción por la ausencia de colaboraciones especiales en estos conciertos de despedida. No obstante, según la humilde opinión de quien escribe estas líneas, no eran necesarias. No estamos hablando de conciertos especiales en medio de una carrera artística, como el de la propia Aitana en el 2025 en el mismo escenario y donde, por cierto, participó Josep Montero. Se tratan de los últimos recitales de la historia de Oques Grasses. Solo ellos saben lo que les ha costado llegar hasta aquí. Y solo ellos han decidido, pese a la descomunal respuesta del público, no cambiar de opinión y seguir adelante con su adiós. Por ello, se merecían ser los únicos protagonistas y realizar el show tal y como lo habían pensado.
Después de que el grupo saludara y abandonara el escenario, por la montaña mágica reinaba una sensación agridulce, pues si bien las miles de personas acababan de presenciar un concierto que no olvidarán jamás -el llamado fomo también tiene culpa- todas eran conscientes de que solo queda una actuación para el final de Oques Grasses. Será este sábado ante otras 55.000 almas y que incluso se podrá seguir en directo por TV3 y La 2Cat. Una despedida histórica.

Martí Abad
Periodista
Redactor y portadista en el equipo de Última hora, y también cronista de conciertos para Cultura.
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