Nuevos riesgos en la esfera digital
Por Editorial La Vanguardia — Portada

Nuevos riesgos en la esfera digital 22/10/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Las cuentas curis son una nueva y cada día más extendida presencia en la esfera digital, que impulsan alumnos de secundaria. Básicamente, se trata de imágenes elaboradas por adolescentes (normalmente inspiradas en cómics o animación) y luego subidas a una cuenta de TikTok creada ex profeso y de modo anónimo en la red, que ha sido bautizada con el nombre del centro educativo correspondiente. Los curis suele reproducir un episodio sucedido en las aulas o en el patio de una escuela. Aunque no solo eso.
De hecho, están empezando a ser utilizados con un propósito no muy alejado del acoso digital, para tratar de ridiculizar a compañeros o a profesores. Lo cual debería generar una señal de alarma. La facilidad del acceso a las redes y las muchas horas que los adolescentes les dedican multiplican el potencial de estas nuevas formas y vías de comunicación: su potencial positivo, por supuesto; pero también –y ahí radica el problema– su potencial negativo.
La insomne actividad de las redes contribuye a su veloz desarrollo. El anonimato con el que se opera en estas plataformas puede hacer pensar a algunos que es posible tirar la piedra y esconder la mano. Pero en ningún caso debería olvidarse que el daño que pueden sufrir ciertas personas al ser agredidas en la esfera digital es un daño real, de efectos quizás muy lesivos. Y eso es algo que no debería ser tolerado por la sociedad.
Las fronteras entre la vida real y la vida digital cada día son más difusas: a menudo parece que ya son una sola vida. Pero mientras en la real las conductas están sometidas a reglas encaminadas a la protección de la convivencia, en la vida digital el déficit de regulación es manifiesto, pese a lo avanzado en ámbitos como la protección de datos, la publicidad engañosa o la inteligencia artificial, o a un mayor control de los teléfonos móviles en muchos centros. Y pese a la tramitación parlamentaria en España de la ley de protección de menores en entornos digitales (que prevé que los menores de 16 no puedan acceder a redes sociales), ahora interrumpida por la convocatoria de elecciones anticipadas. Todo lo cual condiciona la labor de los cuerpos de seguridad del Estado especializados en esta materia.
La proliferación de las cuentas ‘curis’ creadas por adolescentes causa creciente preocupación
No estamos hablando aquí de la red oscura o de la red profunda, utilizadas habitualmente por profesionales del crimen, y en las que se vehiculan tráficos de drogas o de armas, y donde se produce explotación sexual o se divulgan contenidos extremos abominables. Hablamos de unas redes convencionales, de acceso generalizado entre los jóvenes, en las que determinados mensajes inapropiados podrían acabar normalizando conductas que no son admisibles.
Evitar que esto ocurra supone un desafío formidable, porque las condiciones para salir con bien del envite son en la actualidad adversas. Los nativos digitales se han criado plenamente familiarizados con los dispositivos electrónicos. La emergencia de la IA puede multiplicar la precisión, y acaso la crueldad, de los mensajes que nos ocupan. La autoridad de los docentes está en crisis. Y es posible que conceptos como la responsabilidad y el respeto gocen ahora de menos predicamento.
La postura de los centros educativos ante esta nueva realidad es dispar. En algunos domina la sensación de que se trata de una moda pasajera e inocua, ante la que no es preciso tomar medidas de calado. Otros, por el contrario, ven en ella el germen o el abono de prácticas que difícilmente contribuirán a mejorar la convivencia, en una sociedad ya muy polarizada, en la que los discursos del odio avanzan sin tropezar con demasiados obstáculos.
El acoso anónimo contra compañeros y profesores en las redes debe ser evitado
Pese a esta divergencia de posiciones, empieza a detectarse una nueva preocupación entre los docentes, que son conscientes de la progresiva y rápida extensión del fenómeno: en todos los centros de Santiago de Compostela, según se ha comprobado, se han creado ya cuentas de estas características. Es un ejemplo. Una preocupación motivada también por las dificultades para poner puertas al inabarcable campo de internet, y no digamos para intervenir sobre sus flujos más nocivos. En esta coyuntura, el martes, y según algunos medios, se presentó en una comisaría de la Policía Nacional en Málaga la primera denuncia relacionada con una de estas cuentas de curis registrada en España.
Los retos que nos plantea la vida digital son enormes y de difícil abordaje. Pero eso no debería justificar jamás la pasividad cuando se han detectado ya conductas reprochables. La educación siempre ha sido el mejor instrumento para evitarlas. Sin embargo, si no alcanza los niveles deseables, habrá que enfatizar las medidas legales pertinentes para atajar el problema.
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