‘Naza’ (★★★★✩), la guerra total en el siglo XXI, y otros estrenos de la semana
Por Jordi Batlle Caminal — Portada
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Críticas de cine
Los críticos de ‘La Vanguardia’ también analizan ‘El precio de la red’, ‘Escape room 2’, ‘Ceniza en la boca’, ‘La vida de una mujer’, ‘Las ciegas hormigas’ y ‘The neon lover’

Una imagen del documental ‘Naza’, de Yuval Abraham y Rachel Szor
LV
09/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Naza
★★★★✩
Dirección: Yuval Abraham y Rachel Szor
Producción: Reino Unido, 2026 (80 min)
Documental
La guerra total en el siglo XXI
Por Philipp Engel
Claude Lanzmann, referente ineludible (que los creadores de Naza explicitan, por las dudas, en su perturbador documental) recurrió a un subterfugio para grabar, sin su autorización (el fin justifica los medios), al SS Franz Suchomel explicándole el funcionamiento de Treblinka. Algo habremos progresado si Yuval Abraham ha logrado sentar, ante la cámara de Rachel Szor, a una veintena de personas implicadas en la masiva e indiscriminada matanza de civiles en Gaza. Esta polifonía de voces disfrazadas y de irreconocibles siluetas negras expresa su arrepentimiento detallando con precisión el sistema que urge al bombardeo de edificios enteros, donde se aloja algún miembro o simpatizante de Hamás, cuando “Papá ya ha llegado a casa”, según le chiva al mortífero algoritmo una vocecita en el teléfono pinchado. Los “daños colaterales” se contabilizan con el eufemístico acrónimo de Naza y no parece que haya un límite.
Las entrevistas se llevan a cabo en la azotea de un edificio de Tel Aviv, donde el modernísimo skyline sirve de elocuente telón de fondo: los relatos se superponen a planos detalle de gente descansando o mirando la televisión en sus hogares, que funcionan como espejo de las víctimas de letales drones teledirigidos como si de un videojuego se tratara. A veces los dispositivos más sencillos son los más efectivos. Pero, si en la monumental Shoah, a la contra de posturas como la de Didi-Huberman, Lanzmann se negaba a mostrar imágenes del exterminio (o más bien de sus consecuencias directas), Abraham y Szor, que parecían seguir el ejemplo del maestro, acaban traicionando su propia puesta en escena mostrando a un padre buscando a sus hijos entre los escombros, seguido de una fila de pies de niños sobresaliendo bajo las piedras.
Quizás no hacía falta, la masacre está sobradamente documentada y nuestra imaginación seguramente había fabricado fotogramas todavía más espantosos. Quizás, habiéndosela jugado como parecen habérsela jugado, los directores no podían permitirse el lujo de dejar a la imaginación del espectador la magnitud de estos crímenes de guerra, valga la redundancia. En cualquier caso, no sólo es una película valiente y necesaria, que recoloca el cine en la conversación política, sino también un artefacto modélico, salvo en esos planos finales.
El precio de la red
★★★✩✩
Dirección: Aaron Sorkin
Intérpretes: Mikey Madison, Jeremy Allen White, Jeremy Strong
Producción: EE.UU. 2026 (112 min) Drama
Congra el algoritmo
Por Salvador Llopart
Facebook se ha hecho mayor. Ya casi es una antigualla. Los jóvenes prefieren otras redes sociales. Pero los problemas que trajo su creación –lo que contaba La red social (2010), de David Fincher– siguen ahí. Estamos más conectados, pero ¿mejor informados? ¿No somos más vulnerables a la mentira? Lo que nació como una distracción para universitarios ociosos se ha convertido en un negocio fabuloso y, si no, que se lo pregunten a Mark Zuckerberg. El precio de la red continúa donde Fincher la dejó: allí donde el algoritmo alimenta las bajas pasiones para sacar lo peor de nosotros.
Aaron Sorkin, con un Oscar por el guion de La red social, escribe y dirige esta película basada en la historia de Frances Haugen, la ingeniera de Facebook que en el 2021 entregó a The Wall Street Journal documentos que revelaban los efectos perniciosos de los algoritmos. Los protagonistas se acomodan a la música verbal de Sorkin: personajes que piensan hablando y hablan a toda velocidad. Mikey Madison cambia la prostituta de Anora por una tímida ingeniera con determinación y sin aspavientos. Jeremy Allen White interpreta al periodista Jeff Horwitz. Y Jeremy Strong compone un Zuckerberg hermético, casi una esfinge. Inquietante sin parecer un villano.
La denuncia de Sorkin conserva una profunda fe en el sistema y en su capacidad para regenerarse. Desde el optimismo, reivindica el periodismo y se emociona con el trasiego de documentos, las conversaciones secretas y el poder de la ley. Todo es más luminoso que en Fincher; también más sentimental, más didáctico y, si se quiere, más pedestre visualmente. Más ingenuo, desde luego. Tanto que hasta Trump desaparece del plano. Todo es más Frank Capra, por buscar un equivalente cinematográfico. Me intriga el desarrollo y me emociona el final. ¿Qué quieren? Uno se sigue alegrando cuando los débiles ganan a los poderosos, como en Caballero sin espada (1939), y, por un momento, llegas a creer que todos somos David frente a los Goliat tecnológicos.
Escape room 2
★★★✩✩
Dirección: Hèctor Claramunt
Intérpretes: Joel Joan, Iván Massagué, Mònica Pérez, Paula Vives
Producción: España, 2026 (88 min)
Comedia
Más remake que secuela
Por Jordi Batlle Caminal
Los personajes, el esquema, las situaciones, la necesidad de confesar secretos bien guardados para salvar una vida, así como el giro final truculento, son idénticos a los del título original. No hay sorpresas, pero se mantiene la diversión sin desfallecimiento y los diálogos, réplicas y contrarréplicas son ingeniosos y se mofan con gracia de la inclusividad o de la corrección woke que hoy nos anestesia: las constantes alusiones a “tots, totes i totis” son memorables.
Ceniza en la boca
★★★★✩
Dirección: Diego Luna
Intérpretes: Anna Díaz, Adriana Paz, Irene Escolar
Producción: México, 2026 (97 min)
Drama
Un lugar en el mundo
Por Salvador Llopart
No hay épica en el desarraigo. Junto a su hermano pequeño, Lucila viaja a España para reencontrarse con su madre, que dejó México en busca de un futuro. Lucila, encarnada con dolorosa convicción por Anna Díaz, ha ejercido de madre cuando apenas ha sido hija. Con una narración vaciada, puntuada por fundidos en blanco, el filme de Diego Luna nace de esa sensación de abandono. Basada en la novela de Brenda Navarro, resulta un estudio despojado y elíptico del duelo por uno mismo. Sin épica a la que agarrarse.
La vida de una mujer
★★★★✩
Dirección: Charline Bourgeois-Tacquet
Intérpretes: Léa Drucker, Mélanie Thierry, Charles Berling, Laurent Capelluto
Producción: Francia, 2026 (98 min)
Drama
Drucker en 11 actos
Por Philipp Engel
Hay estrellas que son la película, y es el caso de la gran Léa Drucker en estos once retratos de una misma mujer tan acelerada como estos tiempos que corren. Una actriz quirúrgica, como su personaje, que habla a golpe de bisturí, con una dicción incisiva de trazo perfecto, y una mirada ante la que solo cabe cuadrarse. La francesa se desnuda en cuerpo y alma para reivindicar que el amor aguarda a la vuelta de la esquina a cualquier edad en una película tan elegante como sensible e inteligente.
Las ciegas hormigas
★★✩✩✩
Dirección: Igor Legarreta
Intérpretes: Urko Olazabal, Itziar Ituño
Producción: España-Bélgica, 2026 (101 min)
Drama
El preciado carbón
Por Jordi Batlle Caminal
El carbón hoy es el diablo, pero hace cien años, para la gente de un remoto rincón costero vizcaíno, pobre y castigado por el frío, era tan importante como el pan y la leche. De eso va esta película desigual, con personajes o poco desarrollados o al borde de la caricatura (el carabinero encarnado por Carlos Santos), pero con brillante evocación de época, notable diseño de producción y escenas espectaculares junto al mar embravecido, de noche, dignas del Lean de La hija de Ryan.
The neon lover
★★★✩✩
Dirección: Nicolas Winding Refn
Intérpretes: Sophie Thatcher, Charles Melton, Kristine Froseth, H. Rose Liu
Producción: Dinamarca, 2026 (107 min)
Drama
Su propio infierno
Por Philipp Engel
El retorno al cine de NWR diez años después de la polémica The neon demon es, de por sí, un acontecimiento. En la práctica, un trip onírico de fucsias y neones, completamente artificial y desconectado de la realidad. La sensualidad pulp de Sophie Thatcher, las maniobras orquestales de Pino Donaggio y unos decorados como salidos de una space opera de Mario Bava, suman, pero su desprecio a la narrativa descoloca.
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