Andalucía y la carrera definitiva hacia el 29-N

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Por Carlos Mármol — Portada

Carlos Mármol

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Andalucía y la carrera definitiva hacia el 29-N

Cuadernos del Sur

09/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

La batalla electoral más trascendente de la política española desde la histórica restauración de la democracia -la ley de reforma política cumplirá el próximo día 18 de noviembre medio siglo- va a dirimirse en clave de plebiscito -“o la España progresista o la coalición reaccionaria”, según la lectura del presidente; “o España o Sánchez”, según la lógica de Génova- y en un sinfín de frentes territoriales (la provincia es la circunscripción básica). Será una guerra sin cuartel que se librará en múltiples trincheras.

Andalucía jugará un papel esencial en este mapa bélico tanto en la hipótesis de un triunfo de las dos derechas -la alianza entre el PP y Vox- como en el supuesto de una movilización de las izquierdas, que concurrirán con tres listas: el PSOE, Adelante y el Frente Amplio, la plataforma (todavía virtual y sin candidato) que aspira a unir a todas las siniestras.

La gran autonomía del Sur, la más poblada del país, elige a 60 diputados en el Congreso. Cualquier anhelo de los partidos políticos que concurrirán en la liza del 29-N, que difieren según sus expectativas, pasa por obtener en Andalucía un resultado que sostenga o amplíe -dependiendo del caso- sus opciones de formar parte de una mayoría, dado que -según todas las encuestas- no parece previsible que ningún candidato obtenga el resultado necesario para gobernar con un apoyo autónomo y suficiente.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la clausura del 15º Congreso del PSOE-A en Armilla (Granada)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la clausura del 15º Congreso del PSOE-A en Armilla (Granada) Pepe Torres / EFE

Tanto el PP como Vox necesitan crecer en votos en Andalucía para atar su hipotética victoria electoral en el conjunto de España. Los socialistas, como mínimo, deben mantener su suelo electoral histórico en las generales. Si no, vivirían una debacle. Y las izquierdas, en la combinación que sea, están obligadas a no perder los seis diputados logrados en el Sur en el 2023. Andalucía inclinará la balanza en un sentido o en otro.

Las cartas, con independencia del pálpito social que registran los sondeos, todavía no están decididas. Hay partido. Todo está abierto. Básicamente porque, como demuestran los datos de las sucesivas convocatorias electorales, la distancia entre el PP y el PSOE en la gran autonomía del Sur es más estrecha en unas generales que en las citas regionales y locales.

La mejor prueba es la historia reciente. En las generales del 2023 la hegemonía política de Moreno, lograda en las autonómicas del 2022 (43% de los votos), descendió hasta el 36% en apenas un mes, restándole a Feijóo los escaños de oro que necesitaba para ser investido presidente.

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en un acto electoral en Bailén (Jaén)
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en un acto electoral en Bailén (Jaén) JOSÉ MANUEL PEDROSA / EFE

Esos siete puntos de diferencia en Andalucía alejaron al presidente del PP de la Moncloa y posibilitaron el acuerdo de Sánchez con las izquierdas y los independentistas, que ha llegado a su fin esta semana sin que durante toda esta legislatura se hayan aprobado los presupuestos del Estado. El PP andaluz fue hace cuatro años quien pinchó las expectativas de la derecha.

¿Qué sucederá ahora? Nadie lo sabe, pero el retroceso de Moreno en las últimas elecciones regionales de mayo de este año –en las que perdió la mayoría parlamentaria y tuvo que pactar con Vox para continuar en el Quirinale– no es, desde luego, un precedente excesivamente optimista.

Los comicios autonómicos del 17-M fijaron dos tendencias. En primer lugar, un retroceso del PP en Andalucía que, aunque en términos relativos fue leve, ha sido suficiente para dejarle sin autonomía. Es de suponer que este desgaste continuará, dado que los registros electorales de Génova son inferiores en Andalucía en las generales en relación a las autonómicas.

Santiago Abascal en un acto de campaña en la Plaza de las Tendillas de la capital cordobesa
Santiago Abascal en un acto de campaña en la Plaza de las Tendillas de la capital cordobesa RAFA ALCAIDE / EFE

El segundo factor importante fue el hundimiento absoluto del PSOE -María Jesús Montero obtuvo los peores resultados de la historia (22%)- seguido de un alarmante trasvase de votos desde los socialistas en beneficio de marcas locales de la izquierda alternativa, como Adelante Andalucía.

En las inminentes generales el fenómeno puede continuar. En primer lugar porque dentro del espacio político de las izquierdas estatales -que es el que el PSOE intenta conquistar para no estrellarse sin remedio- no existe en estos momentos una confluencia articulada y con garantías de éxito.

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Y, en segundo término, porque Adelante Andalucía, una suerte de CUP meridional, ha decidido que concurrirá en solitario a los comicios del 29-N con candidaturas en las ocho provincias de Andalucía, en competencia directa tanto con el Frente Amplio como con las listas de los socialistas.

El voto de los electores de izquierdas -aquel que no opte por la abstención- va a disgregarse en tres listas diferentes, lo que puede provocar que el suelo del PSOE en las generales -que en Andalucía nunca ha bajado del 33% en ocho años- esta vez sea posiblemente más bajo.

La pretensión de los socialistas de captar a todos los electores progresistas, evidente dado el tenor de los decretos de alquileres, es un deseo más que una hipótesis garantizada o con visos de prosperar porque a su izquierda todos los partidos mantienen una posición similar. En consecuencia, los incentivos para votar a los socialistas se diluyen debido a la competencia.

Miembros de Adelante Andalucía en un acto político
Miembros de Adelante Andalucía en un acto político ROMÁN RÍOS / EFE

Vox medirá en Andalucía el tamaño exacto de su hipotético ascenso, alimentado -sobre todo tras la invasión de Ceuta- gracias a su discurso frontal en contra de la inmigración y en favor de la prioridad nacional, que prende con relativa facilidad en provincias como Almería o Huelva.

Los ultramontanos tienen un suelo electoral del 15% de los votos (2023) y un techo del 20% (2019). Mejorar cualquiera de ambas cifras ya sería un éxito, aunque necesitan muchos más diputados en Madrid elegidos por Andalucía -ahora tienen nueve- para condicionar al PP meridional, que ya no puede crecer hacia su derecha y, tras haber abandonado el centro en Andalucía, es dudoso que vuelva a captar votantes moderados de izquierda.

Los socialistas lo tienen todavía más complicado, al contar a su siniestra con un competidor local relevante –la candidatura de Adelante modifica el panorama existente en el 2023– y tener que lidiar con el rechazo que, entre parte de su propio electorado, provoca un sanchismo que, si no revalida los 21 diputados de hace cuatro años, naufragará en las costas de Andalucía.

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