“No quiero ser una carga económica para mis hijos”: planificar para disfrutar pasados los 65
Por Flavia Codinas Gallardo — Portada
“No quiero ser una carga, sobre todo económica, para mis hijos”: planificar las finanzas para vivir con tranquilidad después de los 65
Plan de longevidad
La pensión, la vivienda y el ahorro son las piezas de una planificación que también exige prever los costes de los cuidados, afrontar miedos y revisar expectativas

Revisar los ingresos y los gastos ayuda a prever necesidades y planificar la jubilación
iStock – Johnny Greig

Flavia Codinas
09/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
“Si se llevasen el miedo y nos dejasen lo bailado para enfrentar el presente; si se llegase entrenado y con ánimos suficientes y, después de darlo todo, en justa correspondencia, todo estuviese pagado y el carné de jubilado abriese todas las puertas; quizá, llegar a viejo sería más llevadero, más confortable, más duradero.” Con Llegar a viejo, Joan Manuel Serrat reivindicaba una vejez digna, dichosa y vigorosa.
Es de finales del siglo pasado, pero la filosofía de estas estrofas sigue vigente. “Mi plan es llegar hasta los 93 años, como mi madre, o sea que tengo unos años por delante y quiero ser feliz”, reconoce Victoria Salas (que prefiere no compartir su nombre real). Que alguien hable de soplar velas más allá de los noventa ya no sorprende. Por primera vez en España, la esperanza de vida al nacer supera los 84 años (86,5 en las mujeres y 81,4 en los hombres), según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2024 y publicados a finales de 2025, y la proyección es que se mantenga al alza y alcance en 2035 los 82,5 años en los hombres y los 87,4 en las mujeres.
Tras la meta de vivir más años subyace otra conversación: cómo viviremos esos años. La aspiración es, además de con salud, llegar, como decía Serrat, con “todo pagado” o, por lo menos, sin flecos sueltos. “Pretendo vivir de mi pensión y para eso hay que dedicar tiempo a observar los gastos, distribuir bien el dinero e invertir lo que puedas. He aprendido que esto del dinero es como un chicle que puedes ir estirando y estirando, pero siempre con conocimiento y, a nuestra edad, sin correr riesgos”, añade Victoria.

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El truco para estirarlo es que no hay truco, hay previsión y anticipación. El aumento de la esperanza de vida obliga a tomarse más en serio la planificación financiera, que “es algo que hay que hacer a lo largo de la vida, pero muy especialmente pensando en esta fase vital que llega tras la jubilación”, advierte Eduard Conti, economista y experto en finanzas personales.
Un equilibrio entre ser realistas con nuestras circunstancias y no ocuparse demasiado tarde. “Un día entendí que no bastaba con trabajar mucho, necesitaba saber dónde estaba y hacia dónde iba desde un punto de vista económico”, confiesa Pere Pich. Para este profesor, sentarse a mirar los números reales de frente justo antes de jubilarse le permitió “poder tomar decisiones con información clara, distinguir lo que era estable de lo que no. En el proceso comprendí que tener control no significa perder libertad, sino todo lo contrario, te cambia mucho la forma de ver el futuro”, añade.
Los 4 pasos para ordenar tus finanzas, según Eduard Conti
1
Saber cuánto ingresas y cuánto gastas de verdad. Este primer paso es esencial para comprobar tu capacidad de ahorro o detectar dificultades para llegar a fin de mes.
2
Calcular tu patrimonio neto. Es la diferencia entre lo que tienes y lo que debes. Tienes que ponerlo todo sobre la mesa: cuentas, productos de inversión, inmuebles, objetos de valor y deudas.
3
Decidir a qué quieres dedicar tu dinero y separarlo en parcelas. Una cuenta operativa para el día a día, un colchón para imprevistos, objetivos a corto plazo, a medio plazo (hasta 10 años) y a largo plazo.
4
Planificar para vivir más de lo que crees. Conviene hacer las cuentas pensando en llegar a los 90, y no olvidar los costes de salud y de cuidados, que son los grandes imprevistos de esta etapa.
Recalcular pensando en el futuro
Las cuentas de Victoria ilustran hasta qué punto esa disciplina financiera puede transformar la incertidumbre en sosiego. Tras casi una década jubilada, con la vivienda pagada y sus hijos emancipados, ella ha estructurado el presupuesto familiar al milímetro para cubrir gastos habituales, generar ahorro y prever una bolsa para imprevistos e, incluso, un pequeño fondo para contribuir a la universidad de sus nietos.
Se ha cosido un paracaídas —a base de hojas de cálculo y porcentajes— frente al desafío que plantea el alzhéimer de su marido: “Nuestro objetivo económico es estar preparados para asumir los gastos que puedan venir más adelante, debido a su enfermedad”, cuenta.
He aprendido que esto del dinero es como un chicle que puedes ir estirando y estirando, pero siempre con conocimiento
Victoria Salas
Mantener esa misma independencia económica al ir cumpliendo años es lo que llevó a Mercedes Garfio (que prefiere no compartir su nombre real) a ordenar ingresos y gastos. Reconoce que llegó tarde: “Procrastiné por falta de conocimientos y por miedo. Planificar para el futuro me conectaba con la idea de envejecer, de enfermar, de dejar de ser autónoma…, pero la psicología te enseña que los miedos solo se superan al enfrentarlos”. Eso hizo y, ya con los números delante, esta psicóloga buscó apoyo en un asesor económico y tomó algunas decisiones que cambiaron el rumbo de sus finanzas.
Una de ellas fue contratar una hipoteca, “por la tranquilidad de tener un hogar de cara a vivir la vejez. He tenido muy presente que mis hijos no me tengan que cuidar. Mi hermano y yo tuvimos que asumir los costes de nuestros padres. Nosotros pudimos afrontarlo, pero no quiero ser una carga, sobre todo económica, para mis hijos”, explica.

Otra fue reforzar el ahorro. “Cuando me puse con estas cuentas, ya era demasiado tarde para completar mis ingresos con un plan de pensiones, así que me he hecho el mío propio. Estoy trabajando muchísimo, voy a seguir haciéndolo y esto me permite crear un fondo para luego integrarlo en mi jubilación”, relata Mercedes.
Precisamente porque la radiografía de la situación financiera se completa identificando las fuentes de ingresos tras la jubilación y pensando crear un cojín financiero, porque “seguramente, solo con la pensión de jubilación no te va a alcanzar y entonces vas a depender de que te ayuden tus hijos —que bastantes problemas van a tener para sostenerse ellos mismos— o vas a tener que empezar a liquidar activos o vivir en precario”, advierte Conti. Tener un plan para la longevidad se traduce en crear opciones para ponerse las cosas fáciles en esta etapa.
Invertir, tarea pendiente entre los séniors
Una vez ordenados los ingresos, los gastos y el ahorro, toca ir un paso más allá: “poner el dinero a trabajar”, como lo define Conti. Sin embargo, según una encuesta de la OCU realizada en 2022, solo el 6 % de las personas de 55 años o más tenía inversiones en acciones o fondos. Para Conti, uno de los motivos es que “hay mucho desconocimiento sobre este tema y el perfil de inversor en personas de estas edades es superconservador. Están obsesionados con una gran aversión a la pérdida”.
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Además del miedo a perder lo ahorrado, afloran otros obstáculos: la falta de confianza en el propio conocimiento financiero, la percepción de que son necesarias grandes sumas y, también, la inestabilidad geopolítica y la sensación de volatilidad de los mercados. Vencer el recelo pasa por hacer pedagogía, explicar las distintas alternativas y los diferentes niveles de riesgo y “tener muy claros los objetivos para decidir en qué se invierte. La idea de invertir está bien, pero hay que hacerlo siempre de acuerdo con nuestras metas y circunstancias”, explica Conti.
Recomendaciones para invertir pasados los 55, según Eduard Conti
1
Fijar el objetivo y el plazo antes de elegir producto. Es importante que primero definas para qué quieres el dinero y cuándo lo vas a necesitar, y que elijas el producto después, no al revés.
2
No dejar los ahorros parados en la cuenta corriente. Con una inflación elevada como la actual, el dinero sin rendimiento pierde poder adquisitivo cada mes. Cuentas remuneradas, fondos monetarios y Letras del Tesoro permiten ponerlo a trabajar con un riesgo muy bajo.
3
Adaptar el riesgo a tu edad, no eliminarlo. No es lo mismo invertir a los 60 que a los 40, pero eso no significa que debas renunciar al riesgo en tu cartera. La parte que no vas a necesitar los próximos 10 años puede seguir teniendo un perfil algo más dinámico.
4
Diversificar y conocer el coste. No lo concentres todo en un solo producto, en una sola entidad ni en el ladrillo, y pregunta siempre qué comisiones lleva y cómo se puede rescatar el dinero invertido. Recuerda que los depósitos están garantizados hasta 100.000 € por titular y entidad.
5
Contrastar antes de contratar. Desconfía de la prisa y de las rentabilidades “garantizadas” altas, y pide una segunda opinión a alguien independiente, que no gane comisiones por venderte el producto.
Para Victoria funcionó el convertir la inversión en hábito y, sobre todo, hacerlo acompañada: “Una vez al año me reúno con mi asesor y miramos cuáles son las mejores opciones para invertir el dinero. Empecé con Letras del Tesoro y recientemente me he animado con la inversión. Me he decantado por los fondos de inversión”, explica. “Al final, es como un hobby: te gusta o no te gusta, pero si lo haces bien, vives más satisfecho contigo mismo”, añade.
Invertir, ahorrar, vender, hipotecar, pagar deudas… todo este ejercicio exige revisar temores y expectativas: “Los números son fríos y claros; lo difícil es enfrentarse a decisiones pasadas, a miedos y a hábitos que se han ido acumulando con los años”, confiesa Pere. También tiene sus recompensas: “Recuerdo el proceso lleno de reflexiones, pero, poco a poco, va tomando forma y sientes mucha tranquilidad”, concluye Mercedes.
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