Muere Gustavo Oliva, el hombre que decía adiós a la vida hace unos días

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Por Sergio Manuel Heredia Tapia — Portada

Muere Gustavo Oliva, el hombre que decía adiós a la vida hace unos días

Deportes

Excelente jugador de pádel, había comunicado la gravedad de su situación hace doce días en las redes sociales, víctima de un cáncer de colon

Gustavo Oliva, el hombre que se despide de este mundo

Gustavo Oliva, junto a su mujer, Imma, y sus dos hijas, en una imagen reciente 

Gustavo Oliva, junto a su mujer, Imma, y sus dos hijas, en una imagen reciente 

LV

Sergio Manuel Heredia Tapia

Sergio Heredia

Barcelona

19/10/2026 18:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Hace cuatro días, Gustavo Oliva (58) conversaba con este diario. Nos había llamado desde la unidad de Cuidados Paliativos del hospital Pere Virgili, en Barcelona. Hablaba de la vida pasada, de la satisfacción que sentía al ver qué felices que eran sus dos hijas y del lugar al que se dirigía de forma inminente. 

Víctima de un cáncer de colon, esperaba la muerte.

Era firme en su mensaje, emanaba paz.

-En este tiempo, he asumido que me han regalado más vida. Los médicos jamás me dieron una esperanza de vida de tres años -nos contaba.

Gustavo Oliva se ha ido este lunes: Los facultativos le han sedado por la mañana y ha fallecido al mediodía.

-El ver a mis dos hijas de 33 y 30 años ya colocadas, con trabajos, con una vida que les va bien, me ha dado argumentos para ver este proceso de otra manera -nos contaba-. Y si estoy contando mi historia, lo hago para salvarle la vida a otros.

Y nos relataba su propio proceso, el porqué se estaba viendo al borde de la muerte.

-Hace tres años me diagnosticaron este cáncer que en principio es curable, me refiero al cáncer de colon. Cuando lo diagnostican, normalmente te encuentran un tumor maligno o un nódulo y te lo quitan y, con sesiones de quimio y radio, sales adelante. Pero en mi caso no fue así.

Y se culpabilizaba a sí mismo. 

Dijo que no se había sometido a la prueba cuando debía hacerlo, cuando cumplió los cincuenta años y había recibido el sobre de la Generalitat proponiéndole que se practicara la prueba, propuesta a la que no le había hecho caso.

-Y cuando al fin me hice el análisis, cuando ya tenía los 52 años, ya fui tarde: la sonda no podía pasar por el intestino, tenía dos tumores enormes y metástasis en el bazo y el hígado, y ganglios afectados. Y a partir de entonces lo pasé muy mal durante varios días. Lo pasé muy mal antes de entender la situación y buscar el lado positivo.

-¿Y cuál era ese lado positivo?

-Tenía 55 años, era un buen deportista (había sido Top 10 catalán en pádel) y mis hijas estaban colocadas. Ahora mismo, mi única tristeza es el ver que no llegaré a ser abuelo. Pero mire, los médicos no me daban tres años de vida, y sin embargo he llegado hasta aquí.

-¿Ha hecho en la vida todo lo que quería hacer?

-En estos tres años que me han regalado, en las semanas sin quimio he vuelto a jugar campeonatos de pádel y he recorrido largas distancias en bicicleta. Al final, el tratamiento ha tenido momentos buenos y malos. El primer año había sido bueno: la quimio disminuyó el tamaño y la agresividad de los tumores, me sometía a doce sesiones y podía descansar en los cinco meses siguientes, en cierto modo hacía la vida de siempre. Sin embargo, cada año todo iba un poco peor. El tercer tratamiento ya no fue tan bien y en este último marzo ya asumí que me estaban regalando meses de vida.

-¿Y ha sufrido usted en este tiempo?

-Lo hice al principio. En los primeros meses me costaba conciliar el sueño, tomaba pastillas para dormir. Ahora sigo tomándolas, pero ya lo hago para soportar el dolor. Como he tenido tiempo para metabolizar este proceso, hace unos días me animé a escribir una publicación en Instagram. Estaba en el hospital, la creé en diez minutos y la lancé. No tenía muchos seguidores ni esperaba mucha repercusión, pero de repente se viralizó. Le confieso que no buscaba eso, solo quería lograr que cualquiera de mis amigos se chequeara, evitarle un disgusto. Si salvaba a uno solo, bienvenido sería. Publiqué el mensaje a mediodía, lo hice como pude, piense que apenas sabía ni etiquetar, y poco después el mensaje corría por todas partes. Me decían mis hijas: ‘3.000 likes, 4.000 likes’. Era una burrada. Ahora, no sé cuántas vidas estaré salvando. Me basta con una sola.

Tal y como se viralizó su mensaje en las redes, los comentarios le acompañaron. Decenas de lectores se mostraron agradecidos, prometieron que se chequearían inmediatamente.

Tras atender a La Vanguardia, hace cuatro días, Gustavo Oliva se mantuvo entre nosotros hasta que le abandonaron las fuerzas.

Personaje popular, extraordinariamente querido por su entorno, la noticia ha empezado a circular a media tarde de este lunes en los grupos de Whatsapp: Gustavo Oliva se ha ido en paz consigo mismo, legítima aspiración que nos une a todos nosotros.

Como despedida de este diario, nos hizo llegar esta petición: “Por favor, subraye el excelentísimo trato que he recibido en todo momento desde todo el personal sanitario del Hospital de Terrassa, de la Vall d’Hebron y del Parc Sanitari Pere Virgili”.

Sergio Manuel Heredia Tapia

Sergio Heredia

Redactor de deportes

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Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de ‘Soñé que estaba vivo’ y ‘Soy un superhéroe’

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Fonte: Portada

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