Los calcetines azulgrana de Serrat
Por Olga Merino — Portada

Escritora y periodista
Los calcetines azulgrana de Serrat
Fahrenheit 451
12/09/2026 06:36 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Cuando Joan Manuel Serrat toma asiento en la tribuna, junto al resto de oradores, enseguida asoman, por el dobladillo del pantalón, sus calcetines azulgrana, de rayas horizontales. ¿Acaso un fetiche? Sea como fuere, el talismán funciona porque justo en este momento (el miércoles) el Barça está disputando el partido de la Champions contra el Feyenoord, que acabará con una manta de goles (5-1). Lo acompañan en el estrado de Casa Amèrica Catalunya la directora del centro y moderadora, Marta Nin; Xavier Marcé, concejal de Cultura; y Amanda Jara, hija del cantautor chileno Víctor Jara, asesinado por la dictadura de Pinochet, y de la bailarina británica Joan Turner. Amanda se crio en el exilio londinense.
Los bomberos llegamos al evento haciendo chuick chuick dentro de nuestros calcetines empapados, lo mismo que las bambas, a pesar del paraguas. Afuera está jarreando como nunca. Un aguacero colosal y anhelado. Con el pretexto de “la calle mojada”, la anfitriona, Marta Nin, consigue que el público asistente cante a capela aquella hermosa canción del trovador de la revolución de Salvador Allende en Chile: «Te recuerdo, Amanda, / la calle mojada / corriendo a la fábrica / donde trabajaba Manuel». La interpretación se encauza bien entonada gracias a las gargantas del coro femenino chileno Voces de la Rebeldía, fundado en 1975 en el centro de detención de Tres Álamos, que obsequiará a Serrat con una botella de vino tinto andino al final del debate.
La mesa redonda que nos ocupa se inscribe dentro de una serie de actos programados en la ciudad esta semana para honrar la memoria de Jara y Allende, justo cuando se cumplen 53 años del golpe militar y el bombardeo del Palacio de la Moneda, el 11 de septiembre de 1973. El presidente Allende no salió vivo de allí. El cantautor falleció cinco días después, en el Estadio Chile, que hoy lleva su nombre; se ensañaron con su cuerpo: 44 orificios de bala. Cuentan testigos que, durante las torturas, tuvo que escuchar ladridos de este calibre: “¿Así que vos sos Víctor Jara? El cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda”. La barbarie detesta el pensamiento.
Una rentrée con la memoria de Víctor Jara, el papa León XIV y el empuje de América Latina
“En Chile estábamos lejos, apartados, entre la cordillera y el Pacífico inmenso, pero aun así nos llegó el fascismo”, afirma Amanda Jara en el curso de una charla que pretende reivindicar la cultura como un pilar de resistencia democrática. Ella y su fundación apuestan por regresar a lo pequeño —el barrio, la comuna, el colegio, el pueblo, la biblioteca— en lugar de esas rimbombantes industrias culturales. “Hay hambre de esto”, apostilla. Pero no sé si el ánimo de la concurrencia se atempera cuando salen a colación las regalías del presente: Inteligencia Artificial, cambio climático, hiperpolarización social y el auge del consumo y la codicia. Con un dejo melancólico, Serrat confiesa: “No tengo miedo porque soy muy mayor: puedo ver el fin del mundo con entradas de primera fila”.

¿De qué pozo sacar hoy una gota de esperanza? Nosotros, la brigadilla Fahrenheit 451, estamos en la longitud de onda del escritor hispano-peruano Santiago Roncagliolo: “A mí me pilla en un momento en que creo en pocas cosas —dice—; vivimos en un mundo en el que todo se está yendo de madre”. Y es por ello por lo que el autor, tras embarcarse en la última de sus obras, El pastor y los lobos (Seix Barral), necesita seguir creyendo que el papa León XIV es un hombre bueno. También Robert Prevost empezó por lo pequeño, por las trochas y caminos de Chulucanas, en el departamento de Piura, en el norte de Perú, como misionero de la orden agustina. La casualidad ha querido que la primera semana de la rentrée literaria beba del empuje de América Latina.
Es el martes cuando celebramos el libro, que lo ha petado en la Feria de Lima, en el patio de La Central de la calle Mallorca, que sobrevuela una tórtola con su gargantilla negra al cuello. Lo presenta Víctor Amela (estudió en los escolapios), y como bien dice la directora editorial de Seix Barral, Elena Ramírez, estamos a punto de adentrarnos en “una recontracontra”; es decir, en una de las entrevistas que el susodicho firma en la contraportada esta santa casa, solo que más larga. Certeras preguntas, sabias respuestas. Un partido de tenis, pim, pam, Djokovic, Federer, en torno a una narración que nace de un “desasosiego: quién es el nuevo pontífice, ¿un lobo o el pastor de las ovejas?”.
“¿Tú te acuerdas de Pulp Fiction? León XIV es el Señor Lobo: solventa problemas, jamás los crea”
Se percibe complicidad entre ambos. “¿Tú te acuerdas de Pulp Fiction?”, pregunta Roncagliolo (estudió con los jesuitas). “Por supuesto”, contesta Amela. “Pues León XIV es el Señor Lobo: solventa problemas, jamás los crea”. Resuelve y limpia desastres. Frío, con cerebro de matemático, discreto y “muy inteligente”. Por ello el papa Francisco apostó por él, por su tesón y capacidad en la lucha contra los abusos sexuales del clero y los delitos financieros de la curia. Una lectura apasionante sobre las intrigas vaticanas.
Etiquetas
Mostrar comentarios
Fonte: Portada