La sombra del 15-M
Por Llucia Ramis — Portada

La sombra del 15-M 30/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
En una entrevista sobre la vivienda, me preguntaron por qué los jóvenes no salían a las calles. Tengo casi cincuenta años, una cámara enfocándome y miedo a dar titulares. Un día entraremos en lo contraproducente que ha sido reconvertir los estudios de radio en platós de televisión, y que cada respuesta pueda hacerse viral. Habría contestado: “Porque falta un detonante”. Pero –mi cabeza iba a mil por hora– estábamos en una emisora conservadora y detonante suena a bomba, y bomba a terrorismo.

Así que hablé de la frustración que siguió a otros movimientos sociales multitudinarios que no resolvieron los problemas por los que la gente protestaba. O sea: hablé de las consecuencias de lo que pasó hace quince años, o hace justo nueve años, cuando los padres y tíos de quienes hoy son jóvenes se hartaron de la precarización, y de que muchos de los que iban a cambiar las cosas y no lo hicieron siguen gobernando o postulándose para ello.
Me alarma la desconfianza hacia los políticos e instituciones, porque la alternativa puede ser peor
En un encuentro reciente con activistas, uno dijo: “Tenemos que volver a ser huérfanos”. Hablaban de una esperanza práctica frente a la esperanza utópica que nos prometen los gobernantes y nunca se cumple, y de un sistema al margen del sistema y sin padrinos; hay que cambiar de referentes. Me alarmó su desconfianza a políticos e instituciones, porque la alternativa puede ser peor. Luego recordé la época en que tenía amigas okupas, y okupa no era un concepto criminalizado (si acaso ridiculizado por los boomers de entonces, llamados carcas). Recordé el trabajo que no han parado de hacer sindicatos, entidades sociales y PAH, el entusiasmo colectivo contra la mercantilización, no ya de lo público, sino de lo humano, y los cientos de manifestaciones a las que sigo yendo desde la adolescencia.

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Leí que, además de organizarse para protestar, es necesario protestar para organizarse. A mi generación le han repetido que sindicalizarse no sirve para nada, y hemos oído mil veces que el problema de la vivienda solo afecta a las rentas bajas y a los jóvenes, como si eso fuera poca cosa. La sombra del 15-M se cierne sobre las últimas protestas, y no falta quien vaticina que se darán de bruces con una realidad que ya vivimos. Pero el mundo es otro, vienen de otro contexto y tienen otras herramientas. Diferencian entre esperanza práctica y utópica.
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