Por Joaquín Luna Morales — Portada

Joaquín Luna Morales

Joaquín Luna

La mujer y las señales de humo 30/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Un conocido tomó asiento en el avión de una compañía de bandera cuyo nombre ya adivinan y se encontró un mensaje manuscrito en una servilleta, depositada sobre el asiento. “Señor Zutano. Tan frecuente en nuestros vuelos, que ya es parte de nuestro equipo. ¡Gracias por elegirnos! Feliz vuelo”.

El problema, sí, el problema, es que la autora anónima dibujó dos ojitos negros, con sus pestañas, y un mohín polivalente.

   
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¡Qué detalle de la tripulación! ¡Y qué dilema para el agasajado!

Como estaba su esposa presente, no pude someterle a un interrogatorio de esos en los que todo varón canta el brindis de La Traviata –¿te dio el teléfono?, ¿era atractiva?– porque, siendo caballero y volado, ya supuse que inquirió sobre la autora –acaso un verso libre porque viajeros frecuentes somos todos y ninguno va recibiendo parabienes– a fin de agradecer el detalle.

Un conocido recibió un mensaje en su asiento del avión: ¿cortesía o insinuación?

Yo sé lo que hubiera hecho en su lugar: hacerme ilusiones. Los hombres preconstitucionales en cuanto vemos una humareda nos surge vocación de miembro del cuerpo de bomberos, sin pensar que quizás el humo viene de un marido comanche que avisa a su esposa de que está­ a cuatro leguas y llega con hambre.

Descifrar las señales de humo actuales tiene sus complicaciones porque abundan los equívocos, tal que esos abrazos en los que se frotan las espaldas nada más cono­cerse, la ambigüedad de ciertos emoticonos y frases cariñosas entre Pinto y Valdemoro. De ahí que muchos se lancen a la piscina sin saber si hay agua o no pero siempre en plancha.

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Los jóvenes, digo yo, driblan los equívocos, propios de mi generación, educada en las cualidades del picapedrero, gente tenaz y acostumbrada a que la montaña no baje al picapedrero. Unos churchillianos, vaya, conscientes de que toda victoria exigía sangre, sudor, lágrimas y cava. De ahí el desconcierto ante ciertos gestos femeninos, quizás afecto sin fines ulteriores.

Ya imagino que los jóvenes se aclaran y sin empanadas, cosa que tiene sus desventajas porque en algún lado leí este verano una frase femenina de las de aquí te espero: “¡Piden fuego y no aguantan el calor!”. Miau, marramiau, bros.

Joaquín Luna Morales

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Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en ‘La Vanguardia’ en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: ‘Menuda tropa’, ‘Esta ronda la pago yo’ y ‘Cuando de dejan’.

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