La primera trinchera y las elecciones con ‘ritornello’
Por Carlos Mármol — Portada

La primera trinchera y las elecciones con ‘ritornello’
Cuadernos del Sur
18/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Todas las quinielas indican que el adelanto de las generales es, en estos momentos, una hipótesis mucho más verosímil que ayer. Basta ver las apariciones televisivas de Sánchez tras la crisis desatada por la invasión de Ceuta y el anuncio del gobierno de una batería de medidas sociales. Se han acabado los matices y los partidos políticos agitan todos los miedos juntos, desde la ultraderecha a un exterminio masivo de la Inteligencia Artificial.
La reverberación atmosférica y sus derivadas –los procesos de índole orgánica y las primeras decisiones de larga carrera hacia las municipales– animan de nuevo a las cancillerías políticas en Andalucía apenas tres meses después de las autonómicas y menos aún del primer gobierno de coalición entre el PP y Vox, que diluyó el pasajero factor diferencial del morenismo: aquella mayoría absoluta que se ha convertido ya en arqueología.
Como ni el Quirinale ni la oposición (de izquierdas) tienen demasiada iniciativa propia, unos y otros intentan sacar rendimiento del ambiente reinante y trasladar al tablero político andaluz una cuota nada despreciable de la abundante polarización estatal. PP y Vox trabajan, casi desde el día de la rúbrica de su pacto de investidura, en el frentismo contra el sanchismo.

Lo mismo hacen las siniestras, que insisten en que esta nueva etapa de cohabitación entre Moreno y los ultramontanos es el preludio de la llegada de los bárbaros. El tono no ha alcanzado todavía el punto tremendista, pero todo se andará. Vox acaba de conseguir que se deje de estudiar árabe en las escuelas de Andalucía. Las formas, desde luego, han cambiado. Mucho.
El Gran Laurel, al que el pacto con Vox no le ha sentado bien, clama ahora contra “la arrogancia” de la Moncloa, pero sigue sin desvelar si, en caso de que el gobierno desafíe a la UE y ordene el traslado a la Península de los menores de Ceuta, asumirá su obligación legal o –tal y como acordó con Vox– se negará a financiar cualquier iniciativa de acogimiento social amparándose en la falta de plazas en los centros para inmigrantes.
San Telmo está obsesionado con que se visualice socialmente su apoyo a Ceuta. Invita a las organizaciones de ceutíes residentes en la región a actos del PP andaluz. Les interesa la foto y el discurso: “Estamos convencidos de que somos muchos más los que queremos que Ceuta siga brillando con luz propia y somos muchos más los que lo vamos a conseguir”, dijo Moreno en la última junta directiva autonómica de los populares en Sevilla.

Su gesto podría encuadrarse dentro del concepto de lógica solidaridad con la capital española en el Norte de África si no hubiera incurrido en la insistencia numérica. Es exactamente lo mismo que dijo Sánchez hace casi cuatro años, al comienzo de esta tormentosa legislatura: “Somos más”.
Para Moreno, Marlaska es un “ministro hipócrita” y Sánchez un “gobernante soberbio”. La vía andaluza –el lema electoral de la campaña del PP el pasado 11-M– está muerta y enterrada. El presidente de la Junta usa con más frecuencia el diccionario político de Vox: “Vamos a trabajar desde el Sur para despertar a los españoles y que se sumen a la rebeldía”.
Andalucía ha dejado de ser un fin para convertirse en un mero pretexto para que el Quirinale pueda sumarse a una campaña que, igual que las elecciones, todavía no ha sido convocada, pero que absolutamente todo el mundo da por comenzada: “El narco nos chulea y mata a guardias civiles”.

La campaña electoral se ha convertido en un ritornello. Un pasaje musical que se repite dentro de la misma partitura. Además de una retórica más combativa, Moreno ha dado orden de acelerar el calendario orgánico y celebrar cuanto antes los congresos del PP en las ocho provincias del Sur. Tiene elegidos ya a todos candidatos a alcalde en las capitales de provincia.
Para los socialistas también suena esta misma melodía, aunque, en su caso, bastante más desafinada. El PSOE teme las repercusiones electorales de la crisis política de Ceuta. No es para menos: la supervivencia del partido en Andalucía depende no tanto de lo que suceda en las generales –haya o no adelanto– sino del desenlace de los comicios municipales de mayo.
Los socialistas se juegan en esta cita la presidencia de las dos diputaciones provinciales que todavía les quedan –Sevilla y Jaén– y el control de los escasos ayuntamientos intermedios que lograron conservar hace casi cuatro años. Saben muy bien que el parte meteorológico no es nada favorable.
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Esto explica que María Jesús Montero intentase –sin éxito– impedir que las candidaturas del PSOE para los ayuntamientos se eligieran por primarias. “Cuantos menos, mejor”, dijo la secretaria general. No le hicieron caso en la mitad de las capitales provinciales –Almería, Córdoba, Huelva y Jaén, donde además gobierna el PSOE, las tendrán– y en muchos municipios con más de 20.000 habitantes. En todas estas plazas habrá guerra interna.
En Sevilla, Granada, Cádiz y Málaga concurrirán cabezas de lista oficialistas. Muchos, como sucede en Sevilla, con pronósticos nefastos. Este dato arroja una idea bastante exacta del estado de división del otrora todopoderoso socialismo meridional. Son muchos los alcaldes y concejales que no quieren encontrarse en mayo con la erosión social provocada por esta fase presuntamente crepuscular del sanchismo.
De ahí que algunos, desafiando órdenes expresas de la dirección del partido, participasen en las manifestaciones de solidaridad con Ceuta ante el pavor, nada disimulado, de sufrir un serio castigo social en las urnas. También han marcado distancias con la Moncloa Izquierda Unida y Adelante Andalucía, que ha confirmado que concurrirá a todas las elecciones del 2027 en solitario, cerrando la puerta a cualquier confluencia.
Un adelanto de las generales libraría a todos de tener que padecer el fuego de artillería del ejército enemigo –PP y Vox– en la primera trinchera, pero es dudoso que garantice el triunfo en las guerras electorales de 2027.
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