La Asamblea de la ONU gana relevancia como púlpito para contrariar a Trump y Netanyahu
Por Francesc Peiron Arques — Portada
La Asamblea General de la ONU gana relevancia como púlpito para contrariar a Trump y Netanyahu
Diplomacia global
En unas Naciones Unidas cada vez más irrelevantes a la hora de resolver conflictos, su debate anual permite que todos los miembros, rico y pobres, se expresen como iguales

Una empleada de la ONU revisando ayer los asientos de los diferentes países
RYAN MURPHY / AFP

Nueva York. Corresponsal
26/09/2026 06:00 Actualizado 26/09/2026 06:26 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
La gran paradoja de la Organización de Naciones Unidas se demuestra esta semana en Nueva York durante la 81 Asamblea que concluye este sábado.
Una gran mayoría (o toda) coincide en que la ONU nunca había estado tan relegada y desprestigiada en la gestión de las crisis mundiales. Pero todavía tiene un arma secreta como es el debate general, que da voz a todos los países, ricos y pobres, en igualdad de condiciones. Esto permite exponer versiones opuestas. No hay un pensamiento único ni una voz única. Esa es su fuerza.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, la súper potencia que más promovió la creación de esta institución en 1945 para imponer su geoestrategia, la desprecia por lo que denuncia como el impulso globalista en contra del “América primero”. Incluso fundó la Junta de Paz con la meta de reconstruir Gaza y el objetivo implícito de acabar con la ONU.
Hay un coro de críticas sobre los fracasos y las limitaciones de la institución, reforzado por la ausencia del presidente chino Xi Jiping, que ha visitado estos días Washington aunque esquivó Nueva York.
En cuanto a las decepciones, solo se ha de observar la crónica del último año. Su incapacidad para sancionar a Israel en medio de una presunta campaña genocida contra el pueblo palestino; su inoperancia en la guerra lanzada por Washington contra Irán; el hundimiento de lanchas en el Caribe y el Pacífico por EE.UU. para atacar el supuesto narcotráfico sin prueba alguna; el asalto a la residencia de Caracas del entonces presidente venezolano, Nicolás Maduro, para llevárselo a Nueva York; o la perpetuación del conflicto bélico desatado por la invasión rusa de Ucrania en febrero del 2022.
La inoperancia de la ONU está en el pecado de su fundación, ese sistema de veto de su Consejo de Seguridad por el que los cinco miembros permanentes (EE.UU., Francia, Reino Unido, China y Rusia) pueden eludir cualquier supervisión de sus actuaciones y de sus asociados.
Pese a estas limitaciones, la ONU cuenta con estancias que desarrollan un papel relevante en la arquitectura política global. Ante el bloqueo del Consejo de Seguridad y el cambio de las dinámicas entre el Norte y el Sur Globales, a medida que las potencias pequeñas y medianas ganan terreno, la Asamblea General adquiere cada vez más protagonismo como un espacio de legitimación.
Si Trump dijo el martes que su gestión había puesto fin a la guerra de Gaza y había salvado miles de vidas, su homólogo francés, Emmanuel Macron, le replicó desde el mismo atril. “Algunos se jactan de una supuesta paz, pero esa paz no ha reabierto el acceso humanitario ni un solo segundo. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados viendo este espectáculo que debería avergonzarnos a todos?”, planteó. Y aún fue más lejos al pedir que se evite instaurar “un nuevo orden de impunidad”.
Ese comentario recogía el espíritu de Dag Hammarskjöld, segundo secretario de Naciones Unidas, cuya muerte en accidente o atentado aéreo en 1961 sobrevolando África en pleno proceso de descolonización todavía planea como una sombra. El diplomático sueco tenía una máxima para describir la organización: “La ONU no está para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno”.
El debate general que se celebra anualmente permite hacer una radiografía de la visión del mundo que tiene cada uno de los 193 miembros. Esa radiografía muestra este año que el presidente de Argentina, Jorge Milei, vuelve a azuzar el conflicto de las Malvinas con Reino Unido como elemento de cohesión nacional para ocultar el descontento por su gestión, o que Trump se quede prácticamente solo en su defensa de un desarrollo de la inteligencia artificial sin ningún tipo de controles, despreciando las alertas de los propios creadores de la IA por el peligro que se cierne sobre la humanidad.
Sin embargo, el retrato con más claros y oscuros se produjo este jueves en el duelo de enemigos en Oriente Medio. Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, dijo por vía remota (EE.UU. le denegó el visado por segundo año consecutivo) que Israel libra “una guerra genocida que ha creado una catástrofe humanitaria sin precedentes”. Y recalcó: “El peligro ya no se limita a socavar la solución de dos Estados e impedir la creación del Estado palestino. Ahora ha llegado al punto de amenazar la propia existencia del pueblo palestino en su tierra natal”.
Al rato apareció el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en una de las intervenciones más denostadas que se recuerda. Arremetió contra la que calificó de “conspiración global antisemita” en una actuación desafiante que deja a Israel, bajo su gobierno, cada vez más aislado. No solo porque numerosas delegaciones abandonaron la sala al entrar Netanyahu, en su mayoría del Sur Global, sino porque países amigos lamentan esa oratoria belicista que dinamita puentes.

Francesc Peirón
Corresponsal de 'La Vanguardia' en Nueva York
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