Gargantas profundas
Por Begoña Gómez Urzaiz — Portada
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Hace una eternidad, más o menos en el 2021, surgieron de Silicon Valley una serie de whistleblowers, chivatos de buena fe, que traicionaban a sus antiguas empresas para alertar al mundo de lo que se estaba cocinando allí. La ingeniera Frances Haugen se fue de Facebook con 21.000 documentos internos que probaban que la empresa mintió sobre la seguridad de sus productos y eligió poner en riesgo a los menores frente a ganar menos dinero. Arturo Béjar, también exempleado de Meta, testificó contra la empresa después de que su hija adolescente recibiera en Instagram un mensaje de contenido sexual no solicitado y no encontrara manera de denunciarlo en la plataforma. Susan Fowler, de Uber, denunció el sexismo generalizado en el sector. Ifeoma Ozoma, ex de Pinterest, hizo lo mismo, pero con el racismo rampante en una industria en la que, tremenda paradoja, muchos CEO son migrantes de primera o segunda generación.
Fonte: Portada