Empapados en Sants
Por Sergio Vila-SanJuán Robert — Portada

Empapados en Sants 11/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Las estaciones ferroviarias de Sants, en Barcelona, y Atocha, en Madrid, comparten varias cosas: son absolutamente antipáticas para el usuario, llevan en obras desde tiempo inmemorial y su entorno hostil complica el acceso hasta límites difíciles de creer. La de Sants, una vergüenza para la ciudad, es peor, porque los acondicionamientos de sus alrededores se están prolongando más que los que hacían de la llegada a Atocha un calvario. Frente a la exentrada principal de Sants, la reforma de la plaza Països Catalans –aciago recuerdo de la etapa de las plazas duras de Barcelona, impulsada por un arquitecto que pensaba que esos espacios urbanos debían carecer de zona verde, y los apartamentos, de terraza– tiene para rato.

Hay otro factor que da algún punto positivo a la desagradable Atocha frente a la inhóspita Sants; en la primera se pueden comprar diarios al menos en dos puestos. En la de Sants ya es imposible hacerlo. Llámenlo deformación profesional, pero una gran estación ferroviaria sin prensa ni es gran estación ni es nada.
La estación, en obras interminables, es una vergüenza para Barcelona
El sábado día 3 viajé a Madrid con unos familiares para una celebración. Salimos de Barcelona a las 8 h, y volvimos de la capital en un Ouigo que dejaba Atocha a las 20 h. Cerca de mediodía Salvador Illa anunció que Barcelona entraría por la tarde en alerta por las lluvias intensas. De haberlo sabido, probablemente hubiéramos anulado el desplazamiento, pero ya estábamos allí. De retorno, el personal de Ouigo nos comunicó que se viajaría normalmente. Y así, tras una larga parada en Zaragoza, llegamos a Sants a medianoche. Los cientos de pasajeros nos vimos en una trampa. La cortina de agua a la salida era tal que desplazarse hasta la desprotegida marquesina de los taxis representaba una ducha a presión. Y además no había taxis. Volvimos empapados al interior. El metro, claro, cerrado. Cientos de pasajeros, personas mayores, niños, etcétera, quedaron varados allí y dejados a su suerte.

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Nadie había previsto nada para acogernos y facilitar transporte a quien lo necesitara, y eso que tuvieron tiempo desde el anuncio de Illa. Cuando pasadas las dos de la mañana nuestro pequeño grupo familiar fue rescatado por un amigo benemérito, la mayoría de nuestros compañeros se quedaba atendiendo su infortunio. Quizás alguno siga en Sants, y es probable que le hayan salido escamas.

Sergio Vila-Sanjuán
Redactor Jefe del suplemento Cultura/s. Premio Nadal de Novela 2013. Premio Nacional de Periodismo Cultural 2020.
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