Por Jorge Dezcallar — Portada

Jorge Dezcallar

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Embajador de España

Restablecer la normalidad 11/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Con un ambiente envenenado tras la muerte de Maricarmen Abascal y antes de que comience la campaña electoral, la noticia importante de la próxima semana será la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla sin la compañía del presidente del Gobierno, que intuye que por allí no le quieren. Algunos dicen que las condiciones para la visita real no son las idóneas, pero tampoco lo eran en Paiporta cuando eran los valencianos los que lo pasaban mal. Los Reyes llevarán a los ceutíes el cariño y la solidaridad de toda España y enviarán a Marruecos un necesario mensaje de firmeza.

Dicho esto, hay por lo menos tres razones que exigen poner fin cuanto antes a la lamentable situación que vive Ceuta más de dos meses después del asalto a nuestra integridad territorial, como dijo Pedro Sánchez en un momento de lucidez el mismo 31 de julio, para luego olvidarlo –nunca más lo ha repetido– y hablar únicamente de crisis migratoria. Si yerras en el diagnóstico, es imposible acertar con el remedio.

   
    ANTONIO SEMPERE / AFP

La primera razón es que proyecta ante el mundo una imagen penosa de España como un país incapaz de controlar su frontera y de controlar luego los nefastos efectos de su descontrol. Avergüenza que 70 días después del asalto –y ya desmantelado el campamento “sudanés” de la playa del Trampolín– siga habiendo cientos de personas por las calles, sin que hayamos sido capaces de ofrecerles un alojamiento digno mientras se decide si tienen derecho al asilo. Por razones humanitarias y de salubridad pública, que son muy importantes, y también de seguridad.

La segunda razón tiene que ver con la gasolina que esas imágenes del asalto y de la ciudad invadida inyectan a los partidos de ultraderecha, que alcanzaron el 4% en las elecciones al Parlamento Europeo de 1984, subieron hasta el 20% en las últimas del 2024 y siguen subiendo hoy como vemos en Alemania y auguran los sondeos sobre las presidenciales francesas del próximo año. Las imágenes de Ceuta invadida se usan en mítines políticos y se vinculan interesadamente con la inseguridad, que es otro tema con gran influencia en el voto.

Hay que dejar muy claro a Marruecos que otro asalto tendrá respuesta inmediata también desde Bruselas

Preocupa porque esa ultraderecha es euro­escéptica, partidaria de una renacionalización de políticas y contraria a la necesaria integración de la que depende el futuro de Europa, sin comprender que veintisiete enanos no hacen un gigante. Por no hablar de la manera en la que nuestra política migratoria envenena las relaciones con nuestros socios europeos.

La tercera razón tiene que ver con la dura crisis social que vive Ceuta desde el 30 de julio. Setenta días ya de calles invadidas por gente que en ellas malvive y malduerme, de inseguridad, de suciedad, de niños sin parques donde jugar, de hoteles vacíos de turistas y de tiendas huérfanas de clientes. Ceuta vive una crisis social, económica, de seguridad, humanitaria y sanitaria. Los ceutíes están hartos y es sorprendente la contención con la que hacen frente a la situación. Pero algunos empiezan a pensar si esta inseguridad –¿se volverá a repetir?– es lo que quieren para sus hijos y si no sería mejor trasladar sus vidas y negocios a la Península…, que es exactamente lo que los marroquíes desearían que hicieran.

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Son tres razones que abogan por una rápida solución de la crisis, que el Gobierno ha gestionado muy mal y cuya continuidad es muy lesiva para nuestros intereses. Y, a continuación, hay que poner en marcha un programa de ayuda a Ceuta y Melilla que exige empezar por un reforzamiento de sus fronteras, cuya seguridad no puede quedar al albur de la buena voluntad de un país que nos las quiere arrebatar; hay que hacer cambios legislativos para facilitar la rápida expulsión de los asaltantes, porque no son inmigrantes; un programa sostenido de ayudas económicas y fiscales para ceutíes y melillenses perjudicados por la crisis y que les dé garantías de futuro, y un refuerzo de la vinculación europea de ambas ciudades: despliegue de Frontex, Comité de las Regiones, mercado interior si fuera posible, dejando muy claro a Marruecos que cualquier asalto futuro tendrá una respuesta inmediata también desde Bruselas. Eso para empezar, aunque sea con casi tres meses de retraso, y mientras dejamos que a los marroquíes se les pase el enfado por la visita real y empiecen a pensar en el Mundial del 2030.

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