Por Maria Ángeles Alcázar Modrego — Portada

Maria Ángeles Alcázar Modrego

Mariángel Alcázar

El dios de la lluvia 11/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

El otoño me pilla en plena crisis de identidad. No sé si, como propietaria, formo parte de la élite inmobiliaria o si, a poco que se compliquen las cosas, acabaré fuera de una casa que ha resistido en pie más de un siglo y que, tras las últimas y persistentes lluvias, ha empezado a desmoronarse.

Que te llueva dentro de casa no se soluciona por más cubos que coloques bajo las goteras, solo rezas para que el dios de la lluvia deje de llorar a moco tendido. Los refranes tipo “después de la tormenta siempre llega la calma” han quedado obsoletos; la culpa puede ser del cambio climático o de la gincana que supone comenzar a reclamar por los daños. Las aseguradoras, colapsadas por los miles de reclamaciones, te tienen varias horas al teléfono con esas musiquitas que suenan en bucle, intercaladas por los avisos de “todos nuestros operadores están ocupados. Manténgase a la espera”. Espero y espero hasta que se corta la comunicación y ya no sabes si cortarte las venas o dejártelas largas.

   
    James Breeden

Con esa responsabilidad social que te da el pensar que un microondas y un horno caídos en el combate contra el agua no es un asunto tan urgente, comparado con la pérdida de bienes mayores o de tu propia habitabilidad, dejas la reclamación para otro día. Te diriges a la tienda de electrodomésticos para reemplazar los dañados y allí te encuentras con otros damnificados, de modo que el local se convierte casi en la sala de espera del psicólogo. Ha llovido en la ciudad, algunas casas y ánimos se han inundado por tierra o por aire y han acabado generando un mar de lamentos.

Que te llueva dentro de casa no se soluciona por más cubos que coloques bajo las goteras

La aciaga madrugada del pasado domingo también tuvo sus cosas buenas. El amigo Jordi Basté, a través de RAC1, decidió pasarla junto a sus oyentes con una red de corresponsales, habituales u ocasionales, que salían a la calle para que, además de tu propia lluvia, oyeras la que caía en otros lugares. Un apocalipsis en toda regla que Basté convirtió en una pieza histórica que deberían estudiar todos los que se quieren dedicar al noble arte de contar historias y, al mismo tiempo, cumplir con la vocación de servicio público.

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Y, en esas, por la radio empezó a hablar el climatólogo Mariano Barriendos, quien, en medio de la tormenta, mantuvo la calma. Su intervención, en plena madrugada, fue hipnótica, repasando episodios históricos de catástrofes naturales y, al mismo tiempo, tranquilizando al personal. “El ser humano lo supera todo, solo hay que cambiar hábitos”. De momento, yo ya he colocado mi nuevo microondas en una zona no inundable.

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