La hora del café
Por Joan-Pere Viladecans Lozano — Portada

Pintor
La hora del café 11/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Dícese que el café es la droga de los sabios. Cierto, sin llegar a la exageración confesada de Voltaire (sesenta tazas diarias), el café mantiene un apasionado romance con el arte y la literatura. El café es una pausa, una convención social. Una cita con poco compromiso temporal. Lo que se pueda decir tomando un café pertenece al lenguaje sintético y ligero, telegráfico, lejos de las sobremesas suntuosas y barrocas en restaurantes caros.
¿Quedamos para tomar un café? Así sin más ¿Cuál es la hora del café? Probablemente una hora sin cifras. Un acuerdo tácito. Un más o menos.

Personajes que ya son históricos se pasaban horas en los establecimientos cafeteros envueltos en una atmósfera amniótica. Inspiración, diálogo y creatividad y rencillas gremiales. Cafés literarios. Según se mire, el degustar un café es un paréntesis entre la mañana y la tarde. Mientras que el también ritual de tomar el té es un asunto puntual, rígido y a hora lorquiana. El líquido cafeínico en sus múltiples especialidades es sinónimo de urgencia, de despreocupación, de reponer ánimos… De película muda. De cigarrillo.
Una taza de café podría ser un tintero con un líquido como la tinta que no acaba de ser negra. Tonos marrones de una acuarela. La única maravillosa transparencia del moca. Alguien ya habrá pintado con café. Una idea. La ampliación de un grano torrefacto da una retirada a cierta anatomía femenina. Parece que no, pero visitar una casa con el aroma del café recién hecho ya predispone a la cordialidad, a una bienvenida afectuosa, a la confidencia. En las novelas de Stieg Larsson las alusiones cafeteras tienen un permanente protagonismo. También en todo el nordic noir, no en vano Suecia es la mayor consumidora mundial.
Visitar una casa con el aroma del café recién hecho ya predispone a la cordialidad, a una bienvenida afectuosa, a la confidencia
El suau era un refresco energético y refrescante elaborado en casa con café, gaseosa o sifón y azúcar. Y hielo. Una alternativa de ámbito rural, y sobre todo de barriada, a los nuevos refrescos industriales más caros. A la fresca con la silla vuelta, camiseta imperio y un vaso de suau en la mano. Y mucha vecindad. Una bebida que se asociaba a verbenas o fiestas populares, a aquellos juegos en la calle. Pero una bebida solamente de mayores… Sería por lo de la cafeína y los nervios infantiles.

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Joan-Pere Viladecans
Pero cafeína, y que me perdonen los muy cafeteros, entre los que me cuento, es lo que sobra en este mundo excitado, depredador y sin embargo superficial que vivimos. En la política, la calle y en los medios de comunicación, deben saber que, en su modalidad de descafeinado, el café también es muy resultón. Pruébenlo, que ya va siendo hora. Hágannos este favor.
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