El extraño síndrome de Víctor Peterson que le convierte en un ser de luz
Por Sergio Manuel Heredia Tapia — Portada
El extraño síndrome de Víctor Peterson que le convierte en un ser de luz
Vuelta y Vuelta
“Mientras lanzo a canasta, pienso en mi vida”, dice Víctor Peterson, que nació afectado por el síndrome de Tatton-Brown-Rahman

Víctor Peterson, esta semana en el Centre Municipal Mundet, en Barcelona
Guifré Sabaté i Rispa

03/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Después de aquella reunión, las cosas empezaron a cambiar, sobre todo gracias a Michael Jordan. Entró en modo superguerrero
‘Air. La historia de Michael Jordan’, David Halberstam
——————————————
Conocí a Víctor Peterson (19) a inicios del verano.
Víctor es el hermano de Telma y Telma es la amiga de mi hija, y antes de presentarme a aquel grandullón, ambas niñas me advirtieron:
–No encontrarás un alma más bondadosa.
Y la realidad corroboró aquella advertencia: cuando tuve delante a Víctor Peterson, vi un ser de luz.
(…)
–¡Qué alto eres, Víctor! –le digo a Víctor Peterson desde mis modestos 170 centímetros (170 centímetros en los días buenos, el lector me disculpará la licencia).
Ahora estamos en la cancha de baloncesto del Centre Esportiu Municipal Mundet, donde Víctor Peterson y su equipo, el Llamps, se entrenan dos sábados al mes (también se entrenan en el Institut Escola Tres Fonts).
Víctor Peterson mide 1,95m y desde su altura me mira con los ojos grandotes, más agrandados aún por sus lentes, y entonces me responde:
–¡Así puedo jugar mejor al baloncesto!
–¿Juegas mucho?
Telma, su madre, entra en la charla:
–En nuestra casa en la montaña, colgamos una canasta en la puerta del parking. Allí se pasa horas.
–Allí me paso horas.
–¿Tú solo?
–Mientras juego, me hablo a mí mismo de mis cosas. Qué haremos hoy, si Telma montará a su caballo, que se llama Cuatro, qué cenaremos…
–Yo le escucho hablando. ¡Víctor habla mucho consigo mismo! –dice Mónica, la madre.
Desde mis 195 centímetros miro a mis rivales, que son pequeñitos, y me dan un poco de pena y un poco de gracia”
Víctor Peterson
Baloncestista
–¿Y qué te da el baloncesto?
–Me da paz. Es el mejor momento del día. Cuando salto a la pista, lo doy todo. Yo soy sobre todo reboteador, que es lo que me pide el míster (José Miguel Esteller). Me dice: “Ponte debajo del aro”. Y desde allí observo a mis rivales, que son más pequeñitos y saltan a mis pies y me dan un poco de pena pero también me hacen gracia.
Si Víctor Peterson es más alto que los otros, es a cuenta del síndrome que le afecta desde su nacimiento, un síndrome raro y de reciente diagnóstico.
Los investigadores catalogaron el síndrome de Tatton-Brown-Rahman en el 2014. Para entonces, Víctor Peterson ya tenía siete años. La familia recibió el diagnóstico en el 2020.
–Un poco tarde –ríe él.
(Es un ser de luz, pero tiene su punto irónico, ya lo creo).
Lee también

Santiago Mercé, el sabio de la hípica que escucha a su caballo
Sergio Heredia

Darián Cobas: antes de brillar en el Cirque du Soleil, vivió penurias en Cuba
Sergio Heredia
–Tanto tiempo sin un diagnóstico… Imagínese usted –me dice Mónica, la madre, que es psicóloga–. Un diagnóstico es una hoja de ruta. Sin él, lo único que haces es apagar fuegos sin saber qué hay detrás. El diagnóstico nos llegó durante el confinamiento. Cuando lo tuve, buceé en internet. Llegué a una asociación internacional. Supe que el síndrome de Tatton-Brown-Rahman incluye riesgos oncológicos, puede generar leucemia mieloide aguda. Y que las características físicas están definidas. Los afectados son muy altos y presentan algunos síntomas faciales y físicos. Fundamos la asociación en España, la formamos 36 familias, incluida Irene, que juega en el Llamps, junto a Víctor.
–A veces, Irene viene a jugar, a veces no viene –interviene Víctor Peterson.
La discapacidad de Víctor Peterson es del 65%, y eso no le impide hablar como un adulto, y comer y vestirse solo.
–Pero no termorregula: en verano, puede vestirse de invierno –dice Mónica–. Y desde bebé, no iba siguiendo los patrones del desarrollo. Tenía poco tono muscular, hablaba poco, sufría algún ataque epiléptico, estrabismo, apneas del sueño. Nada era demasiado grave, pero le salía de todo.
–¿Y ahora, Víctor?
–Ahora, a ganar –me responde.
Y me habla del torneo de baloncesto de los Special Olympics que disputará el próximo fin de semana, del 9 al 12 de octubre en Tarragona. Y de José Miguel, el seleccionador, “que nos da caña”.
–Es exigente y competitivo, pero hay entrenadores peores. Yo le escucho, nunca me enfado. Solo me enfado en la pista si un compañero me da órdenes, aunque tenga razón. Si alguno me dice algo, yo le contesto: “Cállate, que no eres el míster”.
(Este sábado, Víctor Peterson será uno de los portadores de la antorcha).

Sergio Heredia
Redactor de deportes
Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de ‘Soñé que estaba vivo’ y ‘Soy un superhéroe’
Mostrar comentarios
Fonte: Portada