“Con las cartas de perdón de cuernos el marido ofendido indultaba a la mujer infiel”

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Por Josep Fita Llado — Portada

“Con las cartas de perdón de cuernos el marido ofendido indultaba a la mujer infiel”

Plácido Barrios | Notario

Este fedatario acaba de publicar un libro que versa sobre los grandes olvidados de la Edad Moderna Hispánica: desde mujeres abandonadas, a esclavos, gitanos o prostitutas

Barrios, fotografiado por 'La Vanguardia' hace pocas fechas en Madrid 

Barrios, fotografiado por ‘La Vanguardia’ hace pocas fechas en Madrid 

Jesús Hellín / STUDIOMEDIA19

Josep Fita Llado

Josep Fita

Barcelona

03/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

“Josep Pla escribió en su día que la auténtica historia social de Catalunya debe buscarse en las notarías. ¿Por qué? Porque los protocolos notariales reflejan la vida cotidiana”, nos explica Plácido Barrios (Ponferrada, 1962), notario y apasionado de la historia, en conversación telefónica. Él ha hecho lo propio para rebuscar entre los protocolos notariales de la Edad Moderna Hispánica (del siglo XVI al XVIII) con la intención de dirimir si hubo colectivos, minorías, que padecieron un trato jurídico diferenciado dentro de la práctica notarial. ¿El resultado? Comparecen los olvidados (Ed. Basconfer), cuyos beneficios van destinados a becas y ayudas económicas para opositores sin recursos.

¿Cuántos protocolos notariales ha consultado para el libro?

Me ha llevado cinco años escribirlo. Calculo que habré podido ver cerca de 2.000 protocolos. Transcritos en el libro puede haber unos 900. Piense que llevo consultando este tipo de documentación mucho tiempo.

Los colectivos marginados históricamente –homosexuales, gitanos, prostitutas, esclavos…– son los protagonistas. ¿Por qué?

Siempre me han preocupado mucho las clases menos favorecidas. Lo que busco en el libro es rescatar esas voces silenciadas que, por una vez, pasan a ocupar el centro del relato.

En la Edad Moderna, el testamento era el pasaporte para la salvación”

Plácido Barrios

Notario

¿Qué se ha encontrado en esos protocolos?

Se intuyen muchas horas amargas detrás de sus líneas. El documento estrella es el testamento, auténticos relatos de vida. En una época como la Edad Moderna, que es la que cubro, la gente se sinceraba mucho con el escribano, el notario. Era como una especie de confesor privilegiado. El testamento, hoy, tiene una visión más material. El de entonces también la tenía, pero además añadía la vertiente espiritual. Es fácil leer en esos testamentos encabezados como: “Por descargo de mi consciencia…”. A partir de ahí, sabes que el testador va a realizar unas confesiones íntimas de calado, que son las que me interesan. Quiero entrar en el estudio de una sociedad.

¿Hay algún documento que le haya llamado más la atención?

Las cartas de perdón de cuernos, por ejemplo.

La mujer estaba sometida a la tutela del marido”

Plácido Barrios

Notario

Que versaban sobre el adulterio, entiendo.

Sí, hay que recordar que el adulterio estuvo penado hasta mayo de 1978. La mujer siempre se llevaba la peor parte. ¿Por qué? Con una sola falta ya era perseguida. Mientras que el marido, salvo que tuviera la concubina en casa, no tenía el mismo tratamiento. En la sociedad patriarcal de la Edad Moderna, el marido ofendido podía vengar su honor o acudiendo a los tribunales, o tomándose la justicia por su mano, si bien esto, con requisitos. Con esta carta la mujer condenada solicitaba, y normalmente obtenía sin problema, el perdón ante la justicia Real.

Usted asegura que más que marginada, la mujer estaba discriminada.

No se puede hablar de marginación, estaba perfectamente implicada en la sociedad. Sí estaba discriminada. Para empezar, no hay que hablar de mujer, sino de mujeres, porque había diferencias en función de si nos referimos a una mujer casada, soltera o viuda. De hecho, la casada tenía muchas limitaciones. Tenían plena capacidad jurídica, que no tenía el esclavo por ejemplo, pero padecían limitaciones en su capacidad de obrar. Necesitaban por ejemplo la licencia marital para ciertos actos jurídicos o económicos. Es verdad que la Edad Moderna incluye mucho tiempo y que cada etapa tuvo sus momentos. Ahora, por ejemplo, se está demostrando que ejercían labores empresariales. No lo niego, pero eran una excepción. Estaban sometidas a la tutela del marido.

Barrios ha tardado cinco años en escribir el libro 
Barrios ha tardado cinco años en escribir el libro  Jesús Hellín / STUDIOMEDIA19

No era el caso de las viudas.

Su condición, que no deja de ser penosa, determinaba una cierta liberación. A nivel de capacidad de obrar, recuperaban muchas facultades. La viuda podía hacer cosas que la casada no podía hacer sin consentimiento del marido. Hay que tener en cuenta que la licencia marital estuvo vigente hasta 1975. No es una antigualla, es una realidad que nos queda muy cerca.

Más cerca nos queda, lamentablemente, la violencia de género, que se daba también entonces y que algunas mujeres la verbalizaban en su testamento.

En el libro hablo de hasta siete testamentos en los que la testadora, que está en las últimas, a punto de fallecer, reconoce de manera expresa que está en la cama por las heridas infligidas por el marido.

Los niños eran puestos en pregón para que alguna familia los acogiera a cambio del propio trabajo del menor”

Plácido Barrios

Notario

En la época que ha analizado, también existían los llamados testamentos de pobres.

Los hacían gentes que no tenían ningún bien. Todo lo contrario: acumulaban deudas. En él pedían el enterramiento de limosna. En la época, el entierro era fundamental, y el testamento era un pasaporte para la salvación. Solicitaban además mandas de misa: pedían al párroco que la hiciera de limosna también.

Los pregones de menores que menciona en el libro también llaman la atención.

Sí, los niños pequeños eran puestos en pregón para que alguna familia los acogiera a cambio del propio trabajo del menor.

Los esclavos era tratados como una cosa, no tenían personalidad jurídica”

Plácido Barrios

Notario

Mención aparte merecen las cartas de venta de esclavos. ¿Fue el colectivo más marginado?

Sin duda. Para empezar, eran una cosa. Se usa con ellos un lenguaje cosificador. Solo hay que ver la escritura de poder de administración del asiento de negros que hallamos en Madrid, datada en 1692, donde se piden “10.000 toneladas de negros” para enviar a América. Si tú dices 10.000 toneladas, estás hablando de una cosa. No tenían personalidad jurídica, no podían hacer testamento, ni comparecer ante notario. En la venta de esclavos, ellos eran el objeto vendido. No eran el sujeto del documento notarial.

Y hubo que esperar hasta mediados del siglo XIX para que se aboliera la esclavitud en la península.

La gente piensa en los esclavos como algo muy lejano en el tiempo. Pero realmente no queda lejos. En el libro incorporo una venta de esclavos de 1874 en Cuba. Hay quien dice que en las metrópolis de la península no hubo, y eso es mentira. ¡Claro que los hubo! Está documentado. Incluso había seguros de esclavos, que protegían la inversión económica del propietario o comerciante.

¡Claro que había esclavos en las metrópolis de la península!”

Plácido Barrios

Notario

Más allá de los esclavos, usted hace referencia en el libro a los gitanos.

También estaban muy marginados. Para las ventas ambulantes se les pedía el testimonio notarial de seguridad, que no se reclamaba a otros vendedores. Y es que se tenía miedo de que el producto que vendían hubiera sido antes objeto de hurto. La Corona pretendía que pasaran a ser sedentarios, no nómadas. De ahí que ese testimonio notarial de seguridad tuviera una doble exigencia: primero, que manifestaran dónde estaban residiendo; y, segundo, de dónde procedían los bienes a vender.

A los homosexuales también les dedica un capítulo.

En la concepción de la época, la homosexualidad era muy perseguida porque se entendía que era un delito contra natura. Así, era castigado con la peor sanción, la muerte en la hoguera al ser considerados herejes. 

Josep Fita Llado

Josep Fita

Periodista

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Licenciado en Periodismo por la UAB, trabaja en La Vanguardia desde el 2010. Actualmente, en la sección de Sociedad, donde escribe sobre salud, ciencia o educación. Antes había trabajado en la Cadena Ser y COM Ràdio. jfita@lavanguardia.es

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