Cincuenta años del Teatre Lliure, el sueño de unos ‘teatroheridos’
Por Magí Camps Martin — Portada
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Un proyecto hoy internacional
Un grupo de jóvenes apasionados consiguió en 1976 la cesión de una sala de Gràcia y puso en marcha la aventura del Lliure con la obra ‘Camí de nit, 1854’
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Los actores del Teatre Lliure ensayan en 1976 Camí de nit, 1854 , su primer montaje
Ros Ribas

Barcelona
21/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
En el verano de 1976, un grupo de jóvenes apasionados por el teatro conseguía que la gente de la cooperativa La Lleialtat les diera confianza y les cediera su teatro. El local estaba en Gràcia, en la calle Montseny. En la planta baja estaba la tienda; en el sótano, las cámaras de la carne, y en el primer piso, un bar y una sala de teatro.
El grupo ocupó el piso de arriba y se pasó el verano y el otoño limpiándolo y pintando las paredes, trabajos que alternaban con el ensayo del espectáculo que inauguraría aquella nueva etapa, Camí de nit, 1854, que llevaba como subtítulo: “Espectacle sobre Josep Barceló i el Bienni Progressista (1854-1856)”. Según la crónica publicada en La Vanguardia el 3 de diciembre de 1976, el día siguiente del estreno, firmada por C. P., en una época en que más bien se cerraban salas, que se abriera una nueva ya fue un acontecimiento que el público recibió “dedicando una larga ovación al local, poco antes de que se iniciara la representación”.

Precisamente esta anécdota que precedió 50 años de éxitos da nombre a la exposición que se puede ver en el bar del Lliure de Gràcia estos días, con el título La nit que vam aplaudir una esperança. La muestra recoge objetos como el programa de mano y testimonios actuales de personas que vivieron aquel momento histórico. A su vez, en el Palau Robert hoy se inaugura la exposición Un teatre lliure , centrada en la escenografía, con cinco instalaciones creadas por Frederic Amat, Montse Amenós, Max Glaenzel, Lluc Castells y Sílvia Delagnau, que han contribuido a construir el imaginario visual del Teatre Lliure durante estos 50 años. Porque quién podía imaginarse que aquel “grupo de francotiradores locos que confunden el teatro con una aventura personal”, como les definía Fabià Puigserver, llegaría hasta donde ha llegado, convirtiéndose en el referente teatral internacional del país.
La actriz Imma Colomer fue una de aquellos francotiradores, y hoy, a sus 80 años, aún participa en algunos montajes, como el de El barquer, estrenado en febrero con dirección de Julio Manrique, que es el actual director del Teatre Lliure. Colomer recuerda: “Estuve allí los primeros diez años, y aquello fue un aprendizaje difícil, pero muy interesante, y después me desvinculé, porque tuve una beca para ir a Nueva York. No he dejado nunca de ser espectadora, y desde hace 15 años he formado parte del patronato, y eso me ha permitido estar más cerca para colaborar en lo que fuera posible”.
Manrique: “Aquella aventura nos abrió a la libertad”
Julio Manrique es el actual responsable del Lliure y de la efeméride: “Es un privilegio y también una responsabilidad, porque te toca remover el pasado, y eso supone desenterrar cosas. La historia del Lliure está llena de luces y también de algunas sombras, como todos los proyectos y aventuras importantes”. Por eso, “lo hacemos con cariño, un cariño que forma parte de la historia del Lliure, porque aquella aventura que pone en marcha con pasión un grupo de jóvenes que provienen del teatro independiente, en un momento de cambio en nuestro país, nos abrió a la libertad”. Manrique añade: “El Lliure siempre ha tenido este aspecto artesanal, humano, de cuidar las cosas, y eso se lo impregnó Fabià Puigserver, que era un gran artista y un visionario, pero también un artesano que cosía y que cuidaba cada detalle”. Y concluye: “Tenemos que hablar de los 50 años de vida del Lliure, evidentemente, pero sin quedar atrapados en la nostalgia ni en la arqueología, porque el teatro es algo vivo, que apela siempre al presente. Si nos hubiéramos puesto demasiado nostálgicos, a Fabià no le habría gustado”.
Colomer recuerda la muerte de Puigserver, en 1991, como “un batacazo muy fuerte, muy difícil de superar, que es parte de la gran crisis que sufrió el Lliure”. La actriz considera que ha habido “épocas más acertadas que otras”, y que ahora “estamos en un buen momento”. Y asegura que nunca imaginó que pudiera llegar a ser un proyecto tan grande. “Cuando llevábamos seis o siete años, ya se vio que el Lliure de Gràcia quedaba pequeño para según qué obras. Fabià había probado todas las maneras posibles y no daba más de sí, y empezaron a tener ganas de abrirlo. Ahora, por ejemplo, cuando he vuelto con El barquer, en la sala grande sentí una gran emoción, porque ese espacio lo pensó Fabià, y es un regalo”. Colomer destaca el relevo generacional: “Era un proyecto colectivo y sigue siendo colectivo, explorando para ser los pioneros”.
Mas Fiol dirige ‘Tot fent ‘La bella Helena’’’, que homenajea el montaje que se estrenó en 1979
Este otoño es el que ha escogido el Teatre Lliure para las celebraciones, que, además de las exposiciones, han empezado con L’òpera de tres rals dirigida por Marta Pazos, en una gran producción con el Festival Grec, que también celebra su medio siglo de vida. Del anfiteatro de Montjuïc, ahora la presenta en la sala Fabià Puigserver, debidamente adaptada al espacio, con Nao Albet, Miriam Moukhles, Marta Bernal, Eduard Farelo, Roc Bernadí, Clara Mingueza y Júlia Truyol al frente del reparto.
Y este martes se estrena Tot fent ‘La bella Helena’, producida por el Lliure y el teatro Principal de Palma, que homenajea el montaje que se hizo en 1979, ahora con otro grupo de teatroheridos capitaneados por Miquel Mas Fiol: “Hace días que vivimos aquí, en el vestíbulo de Gràcia. Investigando descubrí que entonces todo se hacía con un espíritu cooperativo: decorados, coser…: si no nos juntamos todos, no saldremos adelante, y lo quise hacer con este Col·lectiu Miserable. Gerard Franch tiene el reto de hacer de Anna Lizaran, y Carme Milán hace el papel de Imma Colomer”.

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Ellos llevan la obra al presente y no aseguran que acaben haciendo la divertida opereta de Offenbach. “Es un grupo de nostálgicos que ven que la esencia del teatro se está perdiendo y hay que recuperarla, porque los performers lo invaden todo –manifiesta Mas Fiol–. En la obra hay momentos muy petardos , con mucha crítica al Lliure y al poder… Lo que hacemos es volver a la esencia de este oficio. El público, si lo desea, jugará y trabajará”.
El director musical, Pablo Ruz, declara: “Los arreglos son de orquesta de cámara porque es una opereta. Es un reto, pero es muy agradecido. Me he basado en la partitura original y he hecho mi versión, con arreglos de principios del siglo XX europeo”.
Con respecto a la conexión con el montaje de 1979, Mas Fiol explica: “Hemos contactado con los antiguos intérpretes en un encuentro donde salieron muchas anécdotas: Blai Llopis, Imma Colomer, Muntsa Alcañiz, Carlos Puértolas… Quien vio aquella Bella Helena encontrará muchas referencias, porque queremos hacer arqueología teatral. Pere Planella la dirigió cuando tenía 30 años, como yo ahora”. Emulando a los fundadores, también han salido a la calle haciendo un pasacalle para anunciar el espectáculo.
“Puigserver pensó el espacio de la sala grande, y es un regalo”, declara Imma Colomer, actriz fundadora
El Teatre Lliure llega al 2026 con una fortaleza, una proyección internacional y un empuje que difícilmente sospecharon aquel “grupo de francotiradores locos” 50 años atrás.

Magí Camps
Redactor de Cultura y coordinador de los libros de estilo de las ediciones en castellano y en catalán del diario. Profesor asociado de la UPF y miembro de la Secció Filològica del IEC
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