Por Josep M. Colomer — Portada

Josep M. Colomer

Josep M. Colomer

Politólogo y economista

Ceuta: un epílogo imperial tardío

TRANSATLÁNTICO

05/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Mi libro de texto en la enseñanza primaria incluía los nombres de los países y capitales del mundo (todavía ahora yo podría imitar la retahíla de Bad Bunny). Pero el libro ya estaba un poco anticuado y, tras revisar los otros continentes, aún decía: “África: Todos los países son colonias, excepto Egipto, capital El Cairo”. Actualmente, sería al revés: no queda casi ningún país europeo que mantenga el control de un territorio que hubiera sido colonia suya en África. La mayor excepción es España, con las Canarias y los enclaves de Ceuta y Melilla como últimas plazas imperiales.

Algunos colonialismos europeos acabaron muy mal, como el Congo belga o la Angola portuguesa. Pero otros, como la mayoría de las colonias británicas, dentro de la desgracia, acabaron bastante bien. Gran Bretaña había sido una de las vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, pero los costes de esta la habían arruinado, y decidió desembarazarse de sus colonias pacíficamente. Tomemos el ejemplo de India, el país más poblado del mundo. El gobernador británico convocó unas elecciones a un nuevo Parlamento de India para poder entregar la soberanía del país a los electos. Por supuesto, se cometieron algunos errores, como la división de Pakistán. Pero el mayor imperio de la historia contemporánea ha mantenido relaciones de amistad y cooperación comercial, financiera y cultural con la gran mayoría de sus antiguas colonias en la Commonwealth.

Decir que Ceuta fue española antes de que Marruecos existiera es como decir que Texas lo era antes de que EE.UU. existiera

La descolonización del imperio español fue todo lo contrario. España también se arruinó varias veces, comenzando con la invasión de la Península por Napoleón hace algo más de doscientos años. Pero fueron los colonos españoles en las Américas, hartos de la incompetencia y los fracasos de la metrópoli, los que aprovecharon la ocasión para proclamar la independencia, a lo que la monarquía española respondió con guerras impotentes. Cuba fue más tarde, en el famoso 98, y todavía se canta en la habanera veraniega: “Tingueren la culpa els ameri­caaans!”, porque apoyaron la independencia de la colonia española.

Desconectadas las Américas, quedaba África. Hace unos cien años, el general Primo de Rivera, con permiso del rey del momento, dio un golpe de Estado para ir en persona a hacer la guerra contra la República del Rif, en la zona norte del protectorado español de Marruecos, aventura que terminó con el derrocamiento de la monarquía. Casi treinta años después, Marruecos consiguió la independencia de los territorios franceses y una parte de los españoles.

 
  SERGIO PEREZ / EFE

Una ulterior desventura ocurrió hace casi sesenta años, con la independencia de Guinea Ecuatorial, que está clasificada entre las “peores de las peores” dictaduras del mundo y ha gozado del dictador más duradero de África. La información sobre esta independencia continúa siendo secreta, según una ley dictada por Franco para la ocasión que después se ha venido usando también para el Sáhara Occidental.

La crisis sahariana estalló hace algo más de cincuenta años. Franco estaba en agonía, y no había ningún procedimiento accesible para empezar otra guerra. Conozco un poco el caso porque dos amigos y compañeros estudiantes antifranquistas habían sido castigados a hacer “la mili” allí, en el desierto, y el jefe en mando les encargó a ellos que organizaran el desalojo. Uno de los dos, que después fue catedrático de universidad, se fue a las Canarias, alquiló dos barcos, regresó al Sáhara y con el otro amigo manejaron la huida de los últimos soldados españoles. (Yo también fui castigado a hacer la mili lejos de casa y puedo recordar el nivel profesional y moral de los jefes y oficiales del ejército español de la época).

La descolonización del Sáhara continúa bajo secreto, por aquella ley de Franco. Sin embargo, algunos mayores quizá recordarán que en la marcha verde organizada por Marruecos para ocupar el territorio sobresalía una gran bandera: la de Estados Unidos, que había diseñado la operación. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución para que se respetara el derecho de autodeterminación del Sáhara Occidental mediante un referéndum, pero los sucesivos gobiernos españoles la han ignorado durante 50 años (¿se imaginan la campaña de un referéndum de autodeterminación en España?).

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Tras tan dilatado aplazamiento, hace cuatro años, en secreto, el Gobierno español presidido por Pedro Sánchez cedió unilateralmente el Sáhara Occidental a Marruecos. Núñez Feijóo, el jefe del PP, dice que defenderá la españolidad de Ceuta y Melilla “cueste lo que cueste”. ¿Como Primo de Rivera? Algunos arguyen que Ceuta fue española antes de que Marruecos existiera, que es como decir que Monterrey, Guanajuato o San Antonio de Texas fueron españolas antes de que México o Estados Unidos existieran. Y así.

En las manifestaciones del mes pasado, se gritaba que Ceuta y Melilla “son tan españolas como Madrid, Sevilla, Guadalajara o Zaragoza” (aun, cómo no, citaron Gipuzkoa). Más allá de los gritos, puede ser oportuno examinar la “españolidad” de los actuales habitantes de los enclaves de Ceuta y Melilla. Según datos oficiales, al menos un 45% de los ceutíes, incluidos los marroquíes residentes, son musulmanes, y unos dos tercios de ellos usan el árabe como lengua habitual. Con solo que se quedaran unos pocos de los recién llegados, ya serían mayoría. Como ya lo son en Melilla.

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