Bangkok endurece el control alrededor del foro del FMI ante la convocatoria de protestas
Por Jordi Joan Baños — Portada
Bangkok endurece el control alrededor del foro del FMI ante la convocatoria de protestas
Desde el jueves
Altermundialistas y La Vía Campesina recuerdan los planes de ajuste que agravaron la crisis asiática de 1997
AmpliarLogo de los Encuentros Anuales del FMI y el Banco Mundial en Tailandia, en el Centro de Convenciones Reina Sirikit de Bangkok
Athit Perawongmetha / Reuters

Bangkok. Corresponsal
14/10/2026 19:58 Actualizado 14/10/2026 20:35 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Hasta ahora, los miles de participantes en la reunión anual del FMI tenían más posibilidades de encontrarse con un varano que con un manifestante. Por ese y por otros motivos, su directora gerente, Kristalina Georgieva, agradecía a los anfitriones tailandeses las condiciones óptimas del Centro de Convenciones Reina Sirikit de Bangkok. Pero el clima podría cambiar entre el jueves y el viernes, cuando se han convocado actos de protesta contra la gran cita del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (BM). Ambas instituciones han transmitido ya a sus invitados que cuenten con demoras para acceder al recinto.
Una red anti FMI ha anunciado una marcha hasta el centro de convenciones para este jueves por la mañana, con el objetivo de acampar en el vecino parque Benjakitti. Su objetivo, empalmar con la manifestación del viernes, con origen en el parque Lumphini (ambos parques están unidos desde hace seis meses por un “puente verde” de 1,6 kilómetros). Esta última, notificada con antelación por la organización internacional La Vía Campesina, de la mano de sus socios tailandeses de la Asamblea de los Pobres.
El problema es que las autoridades solo han autorizado para protestas un área a 750 metros de distancia de los debates -luego invisible- en el otro extremo del lago artificial de Benjakitti. Donde además se han prohibido los patines de pedales.
En paralelo a actividades lúdicas y creativas, la red pretende dar la palabra a familias y comunidades que considera fueron perjudicadas por las políticas animadas por el FMI y el BM. Pero podría toparse con la prohibición específica de acercarse, no solo al recinto, sino también a cualquiera de los 22 hoteles seleccionados.
Lo pasado pasado
El FMI forzó un ajuste draconiano en 1997 en Tailandia que prolongó y agravó la crisis
Tailandia y el FMI tienen una larga y sufrida historia en común. El mismo Centro de Convenciones, aunque renovado hace unos años, fue construido expresamente para la misma reunión conjunta del FMI y el BM, celebrada en 1991. A mediados de 1997, la gran crisis financiera asiática -cuyo epicentro fue precisamente Bangkok- volvió a acercarlos en condiciones dramáticas.
Hay un cierto consenso en que, los excesos neoliberales de aquel plan de ajuste del FMI (que condicionaba el acceso a un préstamo de 17.200 millones de dólares) agravaron y alargaron la crisis. Hasta el punto de que al año siguiente la economía siguió contrayéndose, casi un 11%. A ello hay que añadir los perjuicios sociales y ambientales de algunos planes inspirados y financiados por el FMI, como la presa de Pak Mun.
Aquel balance controvertido fue clave para desacreditar a la élite de Bangkok y lanzar la carrera del populista Thaksin Shinawatra, que ha marcado la vida política tailandesa -junto a su familia- durante un cuarto de siglo.
Tampoco lo olvidan en La Vía Campesina (en castellano en el original) que expusieron sus seis demandas en el Club de Corresponsales Extranjeros de Tailandia hace una semana. Entre ellas la cancelación de deudas de los agricultores pobres y el aumento de impuestos a individuos ultra ricos y grandes corporaciones, así como la democratización de los bancos centrales. En cualquier caso, la activista de Confédération Paysanne, Morgan Ody, declaró no tener intención de reunirse con nadie del FMI o del BM, “porque son imposibles de reformar, ni democratizar”.

Paitoon Saloisod, secretario general de la Asamblea de los Pobres, culpó por su parte al FMI y al BM de “forzar en su día a los campesinos tailandeses a adoptar monocultivos para la exportación”. Algo que eventualmente “los hundió en una espiral de deuda y familias rotas”.
La altermundialista Vía Campesina, que predica la soberanía alimentaria y aborrece los transgénicos, ya tuvo motivos para ponerse en guardia en la misma inauguración del foro. En ella el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, elogió la plataforma desarrollada por Google en Uttar Pradesh para orientar a agricultores indios hacia “las mejores semillas y fertilizantes, seguros agrícolas, crédito y acceso a los mercados”.
Tanto el FMI como el BM tienen su sede en Washington, donde celebran dos citas anuales conjuntas consecutivas, reservando la tercera para una ciudad extranjera. La paradoja es que estas dos instituciones, a menudo identificados como punta de lanza de Occidente, disfrutan de mucha más paz cuando sus encuentros se celebran en entornos orientales (hace tres años fue en Marrakech, recogiendo el testigo de Bali y dentro de tres años será en Abu Dabi) que en casa.
Es difícil que las protestas anunciadas en Bangkok causen alguna conmoción en las instituciones de Bretton Woods. La izquierda tailandesa desapareció en combate durante la guerra fría y nunca volvió a levantar cabeza. Lo más parecido, como la Asamblea de los Pobres o P-Move, es ya de los años noventa y de escasa proyección pública.

Porque el “partido naranja” que lidera la oposición tailandesa desde hace unos años -bajo distintos nombres pero con el mismo talante liberal y democrático- es otra cosa. Por mucho que sacara a los jóvenes a la calle entre 2019 y 2023. De hecho, sus dos rostros más conocidos son el heredero de una dinastía industrial y un alto ejecutivo de multinacional que esta semana estarían mucho más cómodos en un panel del FMI que en una marcha en su contra.
El gobierno tailandés, por su parte, no solo se aferra a decretos y controles para desactivar las protestas (hasta hoy, las vallas eran mínimas). Desde hace semanas, presenta el foro como una inyección de 66 millones de euros para el sector turístico, que tanto sufrió durante los parones en los aeropuertos de Dubái, Doha y Abu Dabi.
Así que el foro anual del FMI-BM, a día de hoy, va como una seda. Pero habría sido un desastre de haberse celebrado dos semanas atrás, en una Bangkok con agua hasta las rodillas por las inundaciones. En el vestíbulo del propio aeropuerto internacional Suvarnabhumi -que canceló 200 vuelos- se acumularon 25.000 maletas en el vestíbulo en cuestión de días. Hasta que el gobierno mandó a empleados de correos para intentar poner orden. De paso, defenestró al presidente ejecutivo de Thai Airways, ya cuestionado por la forma en que adjudicó un contrato de 860.000 botellines de vino.
Entre los delegados extranjeros no consta que Bangkok promocione el vino tailandés -todavía rudimentario- pero sí sus dulces, su cocina, su música y su danza, con versiones vernáculas del Ramayana. Algo que deberían valorar en su justa medida los altermundialistas. No vayan a creerse que son los únicos enemigos de la globalización. Alguno más ha sido avistado en Washington, acampado, dicen, en la misma Casa Blanca.

Jordi Joan Baños
Corresponsal de 'La Vanguardia' en Bangkok
Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.
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