“La cosmética ya no te vende antienvejecimiento, sino la idea de alcanzar tu mejor versión”

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Por Adrián Cordellat — Portada

Contenido solo para suscriptores Carmen Lanchares, periodista: “En lugar de hablar de antienvejecimiento, ahora la industria de la cosmética vende la idea de alcanzar la mejor versión de una misma”

Longevity

Lanchares acaba de publicar ‘El tiempo a nuestro favor: la ciencia de la longevidad’, un ensayo extenso en el que desgrana todo aquello que nos puede hacer vivir más y mejor

Carmen Lanchares. 

Carmen Lanchares. 

Manuel Molina Arias

Adrián Cordellat

Adrián Cordellat

11/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

La periodista Carmen Lanchares (Madrid, 1963), lleva toda una vida dedicada al periodismo de belleza, salud y bienestar. Directora de belleza de Vogue España durante más de dos décadas, Lanchares ha visto en primera fila la evolución que ha sufrido en los últimos años el campo del antienvejecimiento: de la preocupación por las arrugas y por parecer más joven, en la que primaba la cosmética, se ha pasado a la obsesión por la longevidad, por vivir más y mejor, en la que acapara un peso importante la medicina y la ciencia.

De todas formas, como matiza, la expansión del segundo concepto, que hoy da pie a secciones en diarios, congresos, decenas de libros y millones de publicaciones en redes sociales, no significa necesariamente la erradicación de la obsesión por verse físicamente más joven. “No olvidemos que sentirse bien es verse bien y verse bien es sentirse bien; si tú tienes 65 o 70 años y tienes energía, vas al gimnasio y te sientes casi como cuando tenías 50, quieres que tu aspecto sea coherente con ese sentir”, afirma.

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Carmen Lanchares acaba de publicar El tiempo a nuestro favor: la ciencia de la longevidad (Debate), un ensayo extenso, bien documentado y alineado con la última evidencia científica, en el que desgrana todo aquello que nos puede hacer vivir más y mejor y con el que se sumerge de lleno en un concepto, el de longevidad, que, como ella misma afirma, “se ha convertido en una aspiración colectiva”.

¿Por qué cree que, de repente, la idea de longevidad está hasta en la sopa?

Pues hay una parte de moda, pero luego encuentro varias razones. La primera es que, cada vez, el grupo de personas mayores es más grande. La segunda es que esas personas ahora no se resignan a la invisibilidad; es una población bastante activa, que quiere seguir participando de la sociedad, de las actividades y demás, manteniendo su autonomía. Eso está provocando que, de alguna forma, se mire el paso de los años no solamente desde fuera (arrugas y demás), sino desde dentro también. Es decir, a la gente le preocupa vivir más años, pero sobre todo vivirlos bien. Y claro, en este contexto la industria se ha dado cuenta de que ahí tiene un filón también, ya que las personas mayores de 60 años son grandes consumidoras y hay que conquistarlas, atraerlas con un lenguaje con el que se sientan identificadas.

A raíz de la expansión de este concepto, escribe que “estamos dejando de preguntarnos solo ¿cómo me quito años de encima? para empezar a plantearnos ¿cómo vivo mejor los años que tengo?”. Pese a ese cambio de paradigma, ¿la frontera entre el bienestar y la exigencia de parecer joven sigue siendo difusa?

Es difusa, desde luego. Como te decía, creo que hay un intento por ir un poco más allá de las arrugas. También nos importa mucho la salud y sentirnos bien con nosotros mismos. Pero no olvidemos que sentirse bien es verse bien y verse bien es sentirse bien. ¿Qué quiero decir con esto? Que si tú tienes 65 o 70 años y tienes energía, vas al gimnasio y te sientes casi como cuando tenías 50, quieres que tu aspecto sea coherente con ese sentir. La de la estética es una gran industria y lo sabe, así que va a por ello, aunque hoy en vez de hablar de antienvejecimiento venda la idea de alcanzar la mejor versión de una misma. Al final, no deja de ser la idea de hacerte unos pocos retoques que te hagan sentir a gusto con tu apariencia.

El último capítulo se titula Dime dónde vives y te diré cómo envejeces. La cirugía cosmética, sobre todo en sus inicios, no estaba al alcance de cualquiera, sino que solo podía acceder a ella una élite. ¿La longevidad también es una cuestión de clase social?

Sí y no. Por un lado, ahora mismo hay unas clínicas de longevidad con programas carísimos a los que no puede acceder cualquier persona. En Estados Unidos creo que por menos de 10.000 dólares no los haces y el caso más extremo es el de Bryan Johnson, que se gasta dos millones de dólares al año en optimizarse físicamente por fuera y por dentro. Pero, por otro lado, si hablamos de longevidad, tenemos el ejemplo de las zonas azules, de la población gallega sin ir más lejos. Estos señores y señoras centenarios jamás se han hecho un programa de biohacking ni de longevidad, sino que toda su vida han seguido unas pautas de vida saludables, lo que unido a su genética les permite vivir mucho y bien.

Explica en el libro que, si la longevidad es el concepto de moda, el cerebro es el órgano fetiche de ese concepto.

Cuando somos jóvenes pensamos sobre todo en el físico, pero a medida que ha ido aumentando la esperanza de vida, también hemos visto que aumenta mucho el deterioro cognitivo y se multiplican los casos de alzhéimer. Llegados a ese punto, ¿de qué te sirve ser autónomo físicamente si pierdes tu esencia como persona? Creo que, especialmente a las personas que de alguna forma nos ha tocado vivir de cerca algún caso de demencia, nos da mucho miedo ese deterioro.

Hoy, en vez de hablar de antienvejecimiento, la industria de la cosmética vende la idea de alcanzar la mejor versión de una misma

Carmen Lanchares

“Si algo me quita el sueño no son las arrugas ni los años, sino perder el control de mi mente, olvidar lo que soy, a quienes me rodean, cómo se sujeta una cuchara o para qué sirve un sombrero”, escribe precisamente. ¿Es el precio a pagar de la longevidad? Lo digo porque hace 50 o 60 años posiblemente este era un temor menos generalizado…

Hace muchos años, en una presentación de prensa sobre envejecimiento y demás, dijeron una cosa que a mí me dejó pasmada y es que, a principios del siglo XX, la media de edad de la población no llegaba a los 40 años. Claro, a los 40 años es que las mujeres, por ejemplo, no sabían ni lo que era la menopausia. Ahora vivimos el doble o más y estamos dándonos cuenta de que hay una población dependiente por deterioro cognitivo. Y es un gran problema personal para quien lo sufre y para quien rodea a esa persona, pero también un problema social al que hay que dar una respuesta.

Hablando de perder la cabeza: hay quien la perdió en su obsesión por parecer más joven. Y también quienes la pierden ahora en su obsesión por la longevidad, consumidos por la ansiedad de seguir todos los consejos y pautas de expertos y pseudoexpertos para vivir más y mejor. ¿Las redes sociales y sus algoritmos están potenciando una ansiedad generacional por cuidarse?

Sí, totalmente. Mientras estaba escribiendo el libro, yo buscaba mucha información sobre longevidad y no te puedes imaginar el bombardeo de mensajes —algunos bastante absurdos— que recibía cada vez que abría Instagram. Mi sensación es que las redes sociales están fomentando mucha ansiedad con tantos consejos sobre lo que debes hacer y, sobre todo, y a mí es lo que me parece más peligroso, sobre lo que no debes hacer. Al final queremos controlarlo todo y caemos en un círculo vicioso de ansiedad. Llegados a ese punto, puedes comer muy bien, pero si se te dispara el cortisol, pues dime qué ganas.

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No sé si las redes sociales también están provocando mucha confusión. Hay tantísima gente gastando dinero en suplementos sin evidencia…

Totalmente. Este es un mundo en el que hay mucha ciencia, pero al que también se han subido al carro otras empresas, productos, personas y gurús que intentan sacar provecho de esta tendencia. Los suplementos son un gran ejemplo. Supuestamente, se deberían tomar cuando tienes una carencia de algo, pero ¿cómo sabe la gente que tiene esa carencia? ¿Cómo sabe que un suplemento no interfiere con otro? También creo que están adquiriendo mucha relevancia porque, al final, lo queremos todo y todo ya, y normalmente todos estos productos vienen con la promesa de ayudarte a conseguir tus objetivos más rápido y fácil.

Usted anima a cuidarse “sin drama ni dogmas”. Y es que, al final, y pese a toda la ciencia, la investigación y la inversión que hay detrás, la receta de la longevidad tiene tres pilares muy básicos y conocidos: comer saludable, hacer ejercicio físico y dormir lo suficiente. Entre tanta innovación y tanto ingrediente milagroso, a veces se nos olvida lo más sencillo, ¿no?

Que es vivir… (risas) Una cosa que he descubierto escribiendo este libro es que en un principio lo que importaba era el life span, o sea, la esperanza de vida, los años que vivías. Luego pasamos al health span, es decir, los años que vives, pero con buena salud. Ahora estamos en una tercera dimensión de la longevidad, de la que yo no había oído hablar, que es el joyspan. Es decir, esos años vividos con calidad de vida, pero también disfrutados, teniendo vínculos, afectos… Y yo creo que este es un concepto fundamental, que la clave de la longevidad está en el joyspan.

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