La mujer que dibujaba a Apel·les Fenosa
Por Sònia Hernández Hernández — Portada
La mujer que dibujaba a Apel·les Fenosa
ARTE
Los actos para conmemorar el centenario del nacimiento de Nicole Florensa buscan reivindicar a una valiosa artista más allá del vínculo con el escultor

Nicole Florensa, junto a su marido Apel·les Fenosa, compartiendo vida y vocación artística en el Boulevard Saint-Jacques de París
Richard de Grab/arxiu Fundació Fenosa
Sònia Hernández
11/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Coco Chanel le hizo el vestido de la boda, y ella se reía cuando veía subir a la célebre diseñadora, precipitadamente, con sus tacones, las interminables escaleras que conducían al estudio en el que ella vivía con su marido, Apel·les Fenosa. Mercè Rodoreda –quien le confeccionó una primorosa blusa blanca– la propuso como reina de los Jocs Florals de 1948, en los que reinó con el atuendo que la ocasión merecía.
El vestido de Chanel lo regaló a un familiar y no quiso volver a saber nada. En su madurez y su vejez, vistió siempre la misma ropa, “de buena calidad”, negándose a entrar en la cadena de consumo impuesta por la moda y difundiendo una relación más sostenible con los tejidos, que es sólo uno de los tantos aspectos en los que se la puede considerar una pionera.
Renunció a la escultura, pero logró destacar como grabadora, así como en la acuarela o la fotografía
El poeta Paul Éluard le dedicó el libro À Pablo Picasso , objeto que el escultor Fenosa, futuro marido, utilizó para seducirla cuando apenas si se conocían. Es posible que se enamoraran de ella el escritor y pintor Henri Michaux, así como el historiador y profesor Pierre Vilar o el crítico Alexandre Cirici Pellicer. Tenía una gata que se llamaba Manon, quizá como homenaje a la fascinante Manon Lascaut, y tal vez porque era aficionada a escaparse y recorrer las calles, las de París y las del Vendrell.
Puede ocurrir que el retrato de una persona se perfile a través de las miradas de los demás y de la impronta que deja en su entorno más íntimo. Algo parecido es lo que pretende el ciclo de actos organizado para conmemorar –y celebrar– el centenario del nacimiento de Nicole Florensa, Damotte de apellido de soltera (París, 1926-2012).

Asegura Nekane Aramburu, la actual directora de la Fundació Apel·les Fenosa, que no se “trata de una musa o de una pintora olvidada”. Quien fuera compañera vital y salvaguarda de la obra del escultor catalán exiliado en París, Apel·les Fenosa, se reivindica ahora, además, como una valiosa artista, algo que ya no parece puesto en duda, como “una precursora de la gestión cultural antes de que existiera la gestión cultural contemporánea”.
Los actos que se están llevando a cabo desde mayo pretenden reconstruir la importancia de la aportación de la artista “a través de la mirada de los otros”. Añade Aramburu que la pareja –él era más de veinte años mayor que ella– vivía “fuera del tiempo”, por lo que es posible una mirada “desde la contemporaneidad, desde el feminismo y desde las nuevas generaciones”.
El tiempo es, precisamente, un tema fundamental en la exposición Hors du temps , que la también comisaria ha concebido como “un modelo de exposición evolutiva para recuperar a Nicole desde el presente”. La muestra reúne obras de la propia artista, así como de todos los creadores e intelectuales que formaban parte de su constelación, ya sea en París o en El Vendrell.
Además de su tarea artística, la parisina fue precursora de la gestión cultural antes de que esta existiera
En el municipio costero catalán instalaron una verdadera Arcadia en el Portal del Pardo, la antigua casa palacio que la familia Nin había levantado en el siglo XVI, que la pareja adquirió a finales de los cincuenta y que actualmente acoge la Fundació Apel·les Fenosa, centro neurálgico ahora del centenario. El embrujo del lugar sigue siendo poderoso.
Otro de los acontecimientos destacados de la conmemoración es la publicación del volumen Nicole , a cargo del crítico y comisario Josep Miquel Garcia. Antiguo director de la Fundació Apel·les Fenosa, deja testimonio de la relación que tuvo con la artista y custodia del escultor. Oímos en primera persona, con la voz tenue de la cercanía, el relato que ella hizo de su vida, desde las dificultades económicas que atravesó su madre en el campo francés hasta que se “apagó lentamente el 13 de noviembre de 2012” en el que fue el taller del escultor en Montparnasse.

En ese estudio empezó la práctica artística de ella, que, como cuenta Garcia para Cultura/s , “tenía espíritu artístico. Empezó a esculpir, pero el escultor Josep Granyer le hizo ver que era un error, y por eso se dedicó a hacer grabados”, técnica en la que también consiguió destacar, como también en la acuarela y en la fotografía. Expuso en galerías como la de Denise Renard o la de Coard, en la calle Callot de París. En 2008, sus grabados pudieron verse en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Cuando renunció a la escultura, para mejorar su técnica con el dibujo, su marido le recomendó que practicara intensamente dibujando su mano izquierda. Ella escribió que fue así como descubrió que “dibujar es aprender a mirar”. La mirada como creadora. Al empezar su trayectoria como grabadora, decidió firmar como Nicole Florensa, con el segundo apellido del escultor.
Comenta Garcia que su libro “pretende describir esa dualidad de Nicole Fenosa y Nicole Florensa, reconocer la importancia en la vida del escultor catalán. Puso orden y documentó las tiradas en bronce de las esculturas. Escribió el catálogo razonado de la obra escultórica y gráfica, y ordenó los archivos; e hizo donación de todo, de absolutamente todo, a la Fundació. Merece el reconocimiento de Catalunya y que la reivindiquen para estar a la altura de Maruja Mallo, Aurèlia Muñoz, Fina Miralles, Mari Chordà, Eulàlia Grau o Mariaelena Roqué”.
Hors du temps. Nicole Comisaria: Nekane Aramburu Museu Apel·les Fenosa www.museuapellesfenosa.cat Hasta el 28 de febrero
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