Por Carles Castro SanzPortada

¿Cambió la covid el signo del voto ?

Las expectativas electorales

La actual radicalización ideológica e identitaria de los españoles se vio acentuada por el ‘procés’ y, sobre todo, por la pandemia

Una mesa electoral durante la hora en que debían depositar su papeleta las personas positivas en covid-19 en llos comicios al Parlament de Catalunya .

Una mesa electoral durante la hora en que debían depositar su papeleta las personas positivas en covid-19 en llos comicios al Parlament de Catalunya .

ANA JIMÉNEZ

Carles Castro Sanz

Carles Castro

Barcelona

20/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Un espectro recorre Europa: el nacional populismo de signo ultraderechista. Su principal efecto es el deslizamiento autoritario allí donde gobierna la extrema derecha. Pero eso no significa que los factores causales o las consecuencias sean necesariamente los mismos en todas partes. Es cierto que la ola nacional populista tiene carácter global y disfruta de un visible viento de cola. Ahora bien, ¿qué factores específicos han consolidado la deriva populista en el caso español?

El primero de ellos fue el proceso secesionista catalán; y el segundo, y quizás el más importante, la pandemia de la Covid-19 (sin que, por ahora, la crisis de Ceuta haya tenido un impacto visible). Dos indicadores reflejan cronológicamente los efectos que tuvo la crisis catalana, como semilla, y la pandemia, como acelerante. El primer indicador revela la evolución de la identidad de los españoles, en un país territorialmente diverso. Y el segundo expresa los cambios en su posición ideológica.

Los extremos de la escala ideológica han crecido: uno a costa del espacio de centro izquierda y el otro, de los indiferentes

La identidad ha sufrido una progresiva mutación en beneficio del sentimiento nacionalista español y en detrimento de las identidades múltiples, vinculadas a las diversas comunidades autónomas. Eso sí, este cambio no ha sido de dimensiones traumáticas: en las dos últimas décadas ha crecido en casi cuatro puntos el porcentaje de ciudadanos que se sienten solo o más españoles que de su comunidad autónoma, mientras que ha caído en cinco puntos el de aquellos que se identifican sólo o más con su comunidad autónoma.

En este apartado, sin embargo, los cambios empezaron ya en los albores del proceso secesionista, pues en el 2014 uno de cada cuatro ciudadanos se sentían más o solo españoles (casi cinco puntos más que un lustro antes, en el 2009 ). Y esta correlación volvió a repetirse en el 2017 –clímax de la crisis catalana–, aunque el cambio de Gobierno y los indultos parecieron aliviar la tensión territorial a ambos lados del Ebro. Sin embargo, tras la fase crítica de la pandemia, la identidad españolista volvió a crecer y a día de hoy se ha situado de nuevo en su récord histórico (en la serie del CIS desde el 2006).

Los cambios en la fisonomía de la opinión pública española explican la enorme polarización partidista y electoral

Paralelamente, el declive de la identidad más volcada en la comunidad autónoma de origen comenzó también en paralelo al desarrollo del procés . En el 2013 ya había retrocedido cinco puntos con respecto al porcentaje del 2006, y en el 2019 se situó por debajo del 16%. Ese mismo año, y coincidiendo con la momentánea pérdida de fuelle del españolismo más rígido, la identidad mixta (tan español como de mi comunidad) ganó espacio, hasta el 58%. Luego, la pandemia generó un reflujo de esa identidad híbrida, en favor, sobre todo, de la españolidad más cerrada.

El otro indicador que refleja la polarización de la sociedad española y que parece responder al impacto psicológico de la Covid-19 es el relativo a la ubicación ideológica de los españoles. Las cifras dejan bastante claro que la radicalización ideológica se produce sobre todo a partir del 2022, durante la salida de la pandemia. Hasta entonces, la correlación apenas se había movido. En el 2019, por ejemplo, las posiciones extremas registraban porcentajes similares a los de años anteriores.

Las cifras empiezan a cambiar a finales del 2020, aunque inicialmente más en el flanco de la izquierda que en el de la derecha. Pero casi no se mueven durante el año siguiente. La sociedad sigue conmocionada por la pandemia y contempla las políticas de bienestar –y en especial la sanitaria– como una garantía frente a las posibles amenazas. El votante aún no se comporta como si no hubiese un mañana.

La pandemia favoreció inicialmente las políticas de bienestar, pero luego el voto se volvió más errático e imprevisible

Es a partir del 2022 cuando el porcentaje de posiciones de ultraderecha empieza a crecer (pasa del 1% al 6%), y este aumento se acelera en el 2023 y se consolida por encima del 8% en el 2024, hasta rozar el 10%, ahora. Paralelamente, las posiciones de izquierda radical pasan de porcentajes por debajo del 4 o el 5%%, hasta el año 2019, a superar el 10% a partir del 2022 (y a rozar el 18% actualmente). Pero mientras el crecimiento de la ultraderecha apenas afecta a la dimensión del resto del espacio conservador –y se nutre de los indiferentes y ‘apolíticos’–, el alza de la ultraizquierda se efectúa a costa de los sectores de izquierda moderada, un espacio que cede hasta 14 puntos. Solo el espacio central (el punto cinco de la escala) se mantiene estable desde hace más de dos décadas. Otra cosa –y ahí se decidirán las elecciones– es si el punto cinco significa hoy lo mismo electoralmente que hace diez años.

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Fonte: Portada

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