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Josep Garriga

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Epicentro Santa Bàrbara

Más allá del libro

15/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

El caso que nos ocupa debería ser objeto de una profunda reflexión institucional y política porque, más allá de los hechos luctuosos y asumiendo que al final todos se taparán las vergüenzas, solo cabe preguntarse qué les pasa a los servicios sociales de este país, qué mal les constriñe.

El desbarajuste va más allá de la Dgaia, o como la hayan bautizado ahora. Afecta a la estructura interna, a la comunicación, a las relaciones interdepartamentales, a una organización caduca, pero, sobre todo, a unos organismos estancos y recelosos unos de otros y, por consiguiente, ineficientes. Y si encima el expediente involucra a dos autonomías, el resultado era previsible. El desenlace tiene un nombre: Santa Bàrbara.

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En esta población del Montsià de 3.700 habitantes, a finales de agosto, los Mossos encontraron en una vivienda situada en plena calle Major y al mismísimo lado del ayuntamiento a 28 perros en lamentables condiciones. No dos o tres: ¡28!

En esta casa de cuatro plantas convivían, además, una pareja, tres niñas de corta edad y un bebé de año y medio, al que encontraron muerto al cabo de dos días. Cuesta poco imaginarse el estado de la vivienda, la degradación interior, las habitaciones compartidas, la atmósfera pestilente y el aire que se respiraba.

Efectivos de los Mossos d'Esquadra en una calle de Santa Bàrbara
Efectivos de los Mossos d’Esquadra en una calle de Santa Bàrbara Ariadna Escoda / ACN

Los compañeros de colegio de las pequeñas se quejaban de su olor. Los vecinos alertaron del hedor que desprendía la casa y de los constantes ladridos. Las denuncias se sucedían y la presencia de los cuerpos de seguridad y de los servicios sociales acababa siempre con la puerta en las narices: sin orden judicial nadie entra en casa. Cuando la consiguieron, fue demasiado tarde. Pero las niñas participaban de las actividades extraescolares, de las fiestas mayores e incluso el bebé fue homenajeado por ser el primer recién nacido del 2025. Todo el mundo los conocía y sabía de sus andanzas. La madre, nieta de una familia adinerada de Santa Bàrbara dedicada a la construcción, tenía dos hijas de un anterior matrimonio. Al parecer, vivían bajo la custodia de los servicios sociales de la Comunidad Valenciana. No dijeron ni pío.

¿Cómo se resolvió el caso? Los Mossos actuaron, el Ayuntamiento tomó medidas, el consejo comarcal se puso manos a la obra y el Seprona veló por la salud animal. Desengáñense. Nada de esto sucedió. El abuelo alertó a la Guardia Civil de Castellón de la muerte de su nieto y, solo entonces, la maquinaria burocrática se puso en marcha. Así de simple y así de trágico. La pareja fue detenida en València y reveló la ubicación del cadáver.

Los habitantes de Santa Bàrbara viven consternados. Nadie se explica el final de la historia y, ni mucho menos, su entramado. El silencio se impone, especialmente entre los supuestos responsables, quienes, amparándose en el secreto del sumario, prefieren a callada por respuesta, no sea que la inmundicia también les salpique a ellos.

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