Vuelven las banderas rojas
Por Ander Goyoaga Leniz — Portada
Vuelven las banderas rojas
El escenario político
La irrupción de un nuevo movimiento marxista, gestado en el País Vasco, refleja el desencanto de parte de la juventud

Un grupo de manifestantes en Madrid, portando banderas rojas en el contexto de las movilizaciones por la vivienda
Borja Sánchez-Trillo / EFE

Bilbao
18/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Las banderas rojas vuelven a asomar en las calles. Se han visto las últimas semanas en Madrid, en las movilizaciones por la vivienda de la Puerta del Sol o en las protestas estudiantiles. A cientos de kilómetros, en la localidad navarra de Elizondo, miles de jóvenes las exhibieron hace unos días en un multitudinario encuentro organizado por EHKS, siglas del Consejo Socialista de Euskal Herria.
Las concentraciones de Madrid y el encuentro celebrado en el navarro valle del Baztan son expresiones de un mismo fenómeno: la irrupción de un movimiento de inspiración marxista que comenzó a tomar forma en el País Vasco a partir del 2018. Esta corriente ha conseguido en Euskadi y Navarra una notable capacidad de movilización y, aunque es minoritaria, su surgimiento invita a preguntarse por las motivaciones que llevan a miles de jóvenes a buscar respuestas en las viejas utopías.
Ludger Mees es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad del País Vasco y ha sido testigo, en su propia facultad, de la irrupción del autodenominado Movimiento Socialista (MS). “Este fenómeno nace de un contexto global: existe un desencanto entre los jóvenes, que ven cómo sus aspiraciones ocupan un lugar marginal. Las sociedades occidentales se han convertido en sociedades de viejos y para viejos. La política se hace, en gran medida, en función de sus necesidades, y la juventud se ve desplazada”.
El autodenominado Movimiento Socialista ha conseguido una gran visibilidad en Euskadi
Mees aprecia también “un cierto fracaso de los partidos tradicionales” a la hora de construir “un relato que pueda ilusionar a los jóvenes y que les explique el porqué de algunas políticas”: “En tercer lugar, los jóvenes buscan vías de conexión emocional y construcción de identidad en una sociedad en la que el individuo se difumina. Parece que estamos permanentemente comunicados, pero la realidad es que los jóvenes están muy solos. Buscan una afiliación”.
La Coordinadora Juvenil Socialista (CJS), que estas últimas semanas se ha hecho protagonista en Madrid, forma parte de un movimiento que lleva años siendo muy visible en las calles del País Vasco. El origen se remonta ocho años atrás. Un grupo de jóvenes vinculados al sindicato Ikasle Abertzaleak (Estudiantes Abertzales) rompió con la línea oficial de la izquierda soberanista y emprendió su propio camino en torno a GKS (siglas en euskera de Coordinadora Juvenil Socialista).
En pocos años armaron un discurso propio y pasaron de constituir una escisión de la izquierda abertzale, inicialmente próxima a sus postulados, a conformar un movimiento con una identidad política diferenciada, redefinida ideológica y estratégicamente. Una izquierda de carácter marxista y centrada en las reivindicaciones de carácter material que llegó a desconcertar a EH Bildu. En diciembre del 2023, presentaron en Eibar el partido EHKS.
En paralelo, este movimiento ha buscado expandirse. Primero, en Catalunya, a través de Horitzó Socialista. Después, en Galicia, con Creba Socialista. Y finalmente, en el conjunto de España, por medio de la CJS y atrayendo a militantes de las juventudes del PCE.
Eneko Ramón, politólogo y consultor en comunicación de 24 años, ha vivido en Euskadi el auge de este movimiento entre los sectores más politizados de la juventud. “El motor del movimiento es el desencanto juvenil. Muchos jóvenes han encontrado en el marxismo la explicación a los problemas que les afectan: la vivienda, los bajos salarios… Ante una serie de promesas incumplidas, han encontrado respuestas. El movimiento ha sido hábil para captar ese descontento y crear un atractivo estético e identitario. Trabajan mucho la comunicación: los mensajes, el diseño, los vídeos en las redes e incluso la estética”.
En el plano ideológico, Eneko Ramón ve un ideario “muy elástico”, centrado en la crítica al capitalismo. Ludger Mees va un paso más allá: “Es un ideario muy difuso y a veces contradictorio. No sabemos cuál es su modelo. Es un rasgo común a otros movimientos en Europa. Estar a favor te obliga a definirte; estar en contra, no. Aprecio, además, una retroalimentación de sus ideas en redes y poco contraste con otras. Hay una idealización de un pasado que en muchos casos desconocen y la promesa de un futuro dorado”.
“La juventud ve que sus aspiraciones ocupan un lugar marginal”, señala el catedrático de Historia Ludger Mees
En el encuentro celebrado en Elizondo, EHKS llamó a “construir un Partido Comunista Europeo”. “Esa aspiración está en sus mensajes, pero a corto plazo no les veo en la lucha de partidos convencional. Los partidos se institucionalizan y, de hecho, la irrupción de este movimiento viene del desencanto con formaciones a las que ven demasiado institucionalizados”, explica Eneko Ramón.
De momento, este movimiento aparece más centrado en las luchas vecinales, en contra de los desahucios o la precariedad. También en la construcción de una identidad renovada que bebe en las viejas utopías. Aunque su irrupción dice mucho más de las incertidumbres del presente.

Ander Goyoaga
Periodista que cubre la actualidad en el País Vasco. Email: paisvasco@lavanguardia.es
Etiquetas
Mostrar comentarios
Fonte: Portada