Por Nina Eisenbraun — Portada

Gonzalo Guzmán esculpe sueños

ARTE

El artista madrileño presenta en la Galería Senda la serie ‘INTUS’, con la que vuelve la mirada hacia el interior de sus propias piezas oníricas

El escultor Gonzalo Guzmán, en la galería Senda

El escultor Gonzalo Guzmán, en la galería Senda

REDACCIÓN / Otras Fuentes

Nina Eisenbraun

Nina Eisenbraun

18/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Cuando era niño, Gonzalo Guzmán (Madrid, 1991) soñaba, y mucho. Al despertarse, contaba emocionado a medio mundo lo que había visto. Su madre le escuchaba, pero su hermana le hizo saber muy pronto que era un pesado. “Ahí me di cuenta de que las palabras no eran el medio que debía utilizar para hablar de esto que me interesaba tanto”, explica ahora a Cultura/s. 

Guzmán encontró el lenguaje para expresar lo que vivía mientras dormía durante la pandemia, cuando vivió un “momento trascendental”: empezó a tener sueños lúcidos, esos en los que uno sabe exactamente qué está soñando y, a veces, llega a controlarlos. En sus sueños empezaron a aparecer recurrentemente estructuras megalíticas, como dólmenes y menhires, de aspecto metálico. “Fue una experiencia transformadora que ha hecho que mi vida cambie totalmente. Decidí que tenía que construir estas piezas para interactuar con ellas en este plano de la realidad”. Así de sencillo surgió la escultura, y con ella la confianza en que podría hacerlo.

No tenía experiencia en el formato, pero sí en el trabajo manual. Se graduó en Diseño Industrial en la escuela Elisava y la ÉCAL en Suiza, una formación que le apartó del camino tradicional de un artista de galería, pero le proporcionó herramientas y otras formas de pensar el objeto y la materia. “Yo venía de ese mundo, en el que tenía que obsesionarme con diseñar perfectamente un objeto y luego reproducirlo interminablemente. En la escultura no hay por qué ser así”. Esto encajaba con lo que buscaba, porque es precisamente esa falta de un objetivo cerrado lo que considera imprescindible para materializar algo que hasta entonces solo existía en el plano onírico.

Lleva cinco años desarrollando un portafolio que traduce lo que ve en sus sueños en formaciones metálicas de distintos tamaños. No tiene un proceso fijo: todo nace, además de sus sueños, del impulso de crear. La constante está en el material y el método: el acero inoxidable moldeado mediante el proceso de hydroforming. “Consiste en soldar dos planchas de metal entre sí y meter agua a presión en medio. Eso deforma el material y genera los pliegues que se ven en la mayoría de las esculturas”. Son piezas de formatos distintos que no siempre buscan una morfología concreta, sino que son el resultado de un “diálogo” entre el acero y el agua que lo moldea. “El proceso se diferencia de la típica idea del escultor que impone la forma a la materia. Ahí reside la belleza de las piezas: es el propio agua el que decide cómo va a ser la geometría”.

⁄ En su mente, durante la pandemia, se le aparecían dólmenes y menhires metálicos que tuvo el impulso de construir

El acero inoxidable le permite un efecto que Guzmán ahora ve como imprescindible en su obra: que las piezas estén en eterna transformación y nunca completamente acabadas. Al ser reflectantes, las esculturas interactúan con los contextos donde son expuestas y con los cuerpos de quienes las miran, cambiando según la perspectiva y el momento. En eso se sostiene algo que también considera fundamental: dejar que la
escultura asuma su forma de la manera más orgánica posible, lo que él describe como “la retirada del ego y aceptar que la participación humana no necesariamente garantiza un mejor resultado”. Resultados que se expusieron por primera vez en 2021, en Utopía 126, con la serie AFTER y, tras alcanzar una
nueva proyección con Colisión en la Galería Senda en 2023, han ocupado espacios como el Saló dels Miralls del Liceu, ARCOmadrid y Art Brussels.

Ya en INTUS , exposición individual que acoge la Galería Senda hasta el 7 de noviembre, su obra asume nuevas dimensiones, sobre todo dirigidas hacia el interior. “Me surgía la duda de qué había dentro de las piezas de metal de las que antes solo disfrutábamos desde el exterior”. Así, la protagonista esta vez es una estructura en la que se puede entrar y que se asemeja a una cueva, pero de acero: una instalación de cerca de siete metros de largo y tres de altura, suspendida mediante cables que refuerzan la tensión visual característica de su obra. Esa reorientación hacia el interior le llevó también a explorar otros materiales, como el yeso y el mármol, en piezas que profundizan en la investigación sobre el vacío, que ahora adquiere presencia física.

En cuanto a cómo ha cambiado su trabajo, Guzmán ve un paralelismo entre trayectoria y esculturas: ambas, en constante evolución. “Ni yo ni mis piezas tenemos una identidad fija. Dependemos del contexto, de con quién estemos y de cómo vemos las cosas”. Aun así, sigue investigando el misterio de lo que suele quedar fuera de la mirada, ya sea del universo onírico o del interior, explorando las fronteras entre imaginación y materia, y entre realidad y sueño.

Gonzalo Guzmán INTUS Galería Senda galeriasenda.com hasta el 6 de noviembre

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