Volver no es fácil
Por Carles Casajuana Palet — Portada

Volver no es fácil 09/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Josep Carner, que vivió exiliado en México y en Bruselas durante más de treinta años, describió muy bien la dificultad de volver, en un poema –Regreso de un viejo– que todos los amantes de su obra tienen en la cabeza: “Uno encuentra a menudo / los corazones bañados de ausencia y las ciudades durmiendo; / hasta en aquel lugar que fue tuyo, pasas, y no te ven, miras y ya no estás”.
Carles Puigdemont no habría tenido que irse nunca de España. No habríamos tenido que llegar al choque al que llegamos. Somos un país democrático y el desafío planteado por los partidos independentistas en septiembre y octubre del 2017 –totalmente contrario al Estatut y al orden constitucional– habría tenido que resolverse a través del diálogo y de la negociación, sin porras ni condenas judiciales. España no se habría roto. Por el contrario, hoy sería más fuerte.

Su regreso supondrá una humillación para el Tribunal Supremo y para todos los que han estado impidiendo la aplicación de la amnistía aprobada por el Parlamento español. Es una humillación ganada a pulso: si el magistrado Pablo Llarena hubiera levantado la orden de detención cuando el Congreso aprobó la amnistía y si el Tribunal Supremo no hubiera puesto obstáculos a su aplicación con una peregrina interpretación de la ley, habrían podido decir que no estaban de acuerdo con la medida pero que la acataban por responsabilidad, y aquí paz y después gloria. Era una posición muy digna. Como no habrían dado la batalla, no la habrían perdido.
Ahora todos los que aún piensan que Puigdemont tendría que ir a la cárcel, que fuera de Catalunya no son pocos, vivirán su regreso como una derrota.
Esto echará sal a una herida que, sorprendentemente, está tardando más en cicatrizar en Madrid y en otros lugares de España que en Catalunya.
Puigdemont encontrará una Catalunya muy diferente a la que dejó. El sondeo de Ipsos publicado el domingo por La Vanguardia da fe de ello. Los corazones de los votantes de Junts, bañados de ausencia, están buscando otros hogares. El expresidente, al ver el sondeo, debió de preguntarse si no era mejor quedarse en Bruselas. Pero Aliança Catalana no se presentará a las elecciones generales, y esto ofrecerá a Junts la posibilidad de recuperar al menos una parte del terreno perdido.
Mientras Catalunya sea la única autonomía sin el Estatut que votó, no pasaremos página plenamente
El levantamiento de la orden de detención ha coincidido con el inicio de la campaña electoral. Lógicamente, Junts intentará aprovechar el regreso del expresident para situar la cuestión catalana en el centro del debate, pero en un panorama dominado por la vivienda y la crisis de Ceuta esto no será fácil.
Me he preguntado muchas veces qué habría pasado si Puigdemont, en vez de irse a Bruselas, se hubiera quedado en Barcelona. Yéndose, dividió al independentismo y libró al Gobierno central del trance de encarcelarlo, una medida que en Europa, tras los porrazos del primero de octubre, habría resultado muy dura de roer, y proporcionó una victoria moral al gobierno de Rajoy, que interpretó que, huyendo, Puigdemont reconocía que había obrado mal y le daba la razón.
Si se hubiera quedado, lo habrían metido en la cárcel –en aquel momento era muy difícil de evitar–, pero la ola de indignación y la presión por su liberación habrían sido muy fuertes. No es lo mismo encarcelar a un vicepresidente y a varios consejeros cuando el presidente ha huido, que encarcelar a un presidente de la Generalitat en ejercicio. En prisión, Puigdemont se habría convertido en uno de los árbitros de la política española. Perdiendo, quizás hubiera ganado.

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Hoy las circunstancias son muy distintas. La vuelta del expresidente será un paso más hacia la plena normalización de la situación. No debería ser el último. Mientras Catalunya sea la única autonomía que no tiene el Estatut que votó y mientras no lleguemos a un entendimiento sobre la cuestión fiscal, no habremos pasado página plenamente. La cuestión catalana seguirá latente, lista para despertarse como la pantalla de un ordenador al pulsar una tecla cualquiera.
Le deseo suerte y que encuentre de nuevo su sitio en la política catalana si es lo que desea. Dentro de la legalidad.
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