Trump, Groenlandia y el nuevo relato ártico
Por María-Paz López Rodríguez — Portada

Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Berlín
Trump, Groenlandia y el nuevo relato ártico
Análisis
19/09/2026 18:14 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Los términos exactos del acuerdo entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia sobre seguridad en la isla ártica, anunciado a bombo y platillo por Donald Trump en su red Truth Social, no se conocen todavía, a falta de su previsible firma la próxima semana durante la asamblea general de la ONU en Nueva York.
Sin embargo, la narrativa lanzada por el presidente estadounidense según la cual Washington tendrá “el control permanente sobre la seguridad y todas sus demás necesidades en Groenlandia” galopa a raudales por el ancho mundo.
En la mirada de Trump, el pacto implica que nunca un país adversario podrá tener una base o presencia militar ni realizar inversiones sensibles en la enorme isla de 2,16 millones de kilómetros cuadrados sin la aprobación expresa por escrito de la Casa Blanca. No está claro cómo se compadecen estas afirmaciones maximalistas con el acuerdo bilateral de 1951, todavía en vigor, que ya confiere amplio margen de maniobra a Estados Unidos por la mera vía de notificar a Copenhague sus intenciones.
De momento, Copenhague y Nuuk dejan con tacto que Trump disfrute de su narrativa de éxito, solo puntualizando que el acuerdo reconoce la soberanía danesa y la integridad territorial de Groenlandia
Catapultada al mapamundi de la tensión geopolítica debido a las ambiciones expansionistas de Trump, que llegó a invocar el uso de la fuerza para hacerse con el control de la isla, Groenlandia es observada de reojo y con gran interés por Rusia y China. Las potencias codician su situación estratégica en el Ártico; sus minerales y tierras raras sepultados bajo el hielo; sus reservas petrolíferas por explotar; y su potencial para las rutas marítimas y comerciales debido al deshielo que está trayendo la crisis climática. Puede ser que el verdadero quid de este pacto sea el veto a toda presencia económica extranjera en Groenlandia que no sea del agrado de Estados Unidos.
Por lo pronto, tanto Copenhague como Nuuk, que emitieron en la madrugada de este sábado un comunicado confirmando el acuerdo pero sin dar detalles sobre su contenido, han hecho algunas puntualizaciones pero se muestran conciliadores.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, matizó que se trata de reforzar “nuestra seguridad compartida” en el Ártico y en el Atlántico Norte, algo también positivo para la OTAN y para Europa, y que el acuerdo “reconoce la soberanía y la integridad territorial” del reino danés y “el derecho del pueblo groenlandés a la libre determinación”. El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, subrayó el reconocimiento al nuevo rol de su país –territorio con gobierno propio dentro del reino de Dinamarca- en el concierto de las naciones.
Durante la crisis desatada durante largos meses por el acoso de Trump, Dinamarca y Groenlandia han cooperado estrechamente como nunca en su historia, atravesada por las heridas de más de dos siglos de colonización y de injusto trato postcolonial, incluido el racismo contra la población inuit.
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Copenhague y Nuuk han cooperado de igual a igual, tanto en las negociaciones con Washington, realizadas por diplomáticos y funcionarios daneses y groenlandeses a la par, como en la puesta en escena de las advertencias y de los avances. Hay en ambas capitales un gran deseo de dejar este lamentable asunto resuelto.
Todo apunta a que Frederiksen y Nielsen no tienen inconveniente ahora mismo en que Trump disfrute de su narrativa victoriosa de cara a su mercado interior por las midterms , las elecciones legislativas de mitad de mandato.
Solo queda el temor a que el lenguaraz inquilino de la Casa Blanca diga algún despropósito ofensivo para Copenhague y Nuuk durante el lapso de tiempo entre la firma del acuerdo y los procedimientos de ratificación parlamentaria en cada país, y que haga saltar por los aires la nueva posible tranquilidad en torno a la isla ártica.

María-Paz López
Corresponsal de 'La Vanguardia' en Berlín
Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia
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