Trabajar como niñera para los ultrarricos es cada vez más lucrativo (y exigente)

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Las ‘ro­ta-nannies’

Su vida puede ser glamurosa y agotadora

Emily Blunt caracterizada como Mary Poppins, niñera de la familia Banks 

Emily Blunt caracterizada como Mary Poppins, niñera de la familia Banks 

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21/09/2026 06:00 Actualizado 21/09/2026 06:32 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Trabaja al menos 12 horas al día, siete días a la semana, pero después tiene una semana libre. Puede ganar 200.000 dólares al año, lo que en términos de salario por hora es similar al de un asociado de una firma de capital riesgo. El alto salario a cambio de largas jornadas y un sistema de turnos es algo habitual en plataformas petrolíferas, minas y buques portacontenedores. Cada vez es más frecuente también en otro sector exigente: el cuidado de los hijos de las grandes fortunas.

Hace una década, trabajos tan bien remunerados eran poco habituales. “Antes solíamos escuchar mucho eso de: ‘Yo no voy a pagar eso’”, cuenta Anita Rogers, fundadora de British American Household Staffing (BAHS), una agencia que busca niñeras (así como institutrices, mayordomos y chefs) para familias adineradas. “Ahora es justo al contrario”, afirma. Los clientes exigen niñeras que no solo se hayan formado en las mejores academias, sino que también hablen varios idiomas, tengan carreras en universidades de élite y estén dispuestas a viajar constantemente y trabajar jornadas muy largas. Y están dispuestos a pagar por ello.

Esto ha provocado un auge en el sector más exclusivo del servicio de niñeras, que se ha convertido en una especie de industria artesanal. Aunque algunas instituciones tienen una trayectoria muy consolidada -el Norland College, una prestigiosa escuela británica de formación, existe desde hace más de un siglo- muchas de las agencias a las que recurren los padres de alto nivel son mucho más recientes. Rogers fundó BAHS en el 2012; entre sus competidores se encuentran Adventure Nannies (creada en el 2007) y Morgan & Mallet (2015). Rogers afirma que actualmente cuenta con 7.000 clientes.

El nivel de riqueza puede ser abrumador para alguien que nunca haya estado expuesto a él

Anita Rogers, fundadora de British American Household Staffing (BAHS)

Las tareas básicas de cuidar a los hijos de las grandes fortunas no difieren mucho de las que se realizan con los de familias acomodadas: dar el biberón, preparar comidas, llevarles al parque. Sin embargo, el entorno y las expectativas pueden hacer que el trabajo resulte casi irreconocible. A menudo, la niñera es solo una más entre una docena de empleados, en lugar de la única persona contratada. Viajar con la familia también es distinto. “Buscan niñeras que tengan experiencia en yates y aviones privados”, explica Rogers. “Es algo que se da por hecho”. No todo el mundo está preparado para desenvolverse en un ambiente que puede recordar a Succession, añade. “Este nivel de riqueza puede ser abrumador para alguien que nunca haya estado expuesto a él.”

Las exigencias pueden ser extremas (o extremadamente ridículas). Una niñera recuerda que una familia ultrarrica para la que trabajó una vez le pedía que planchara todos los días la ropa interior de su hijo. Otro progenitor se enfadó muchísimo porque no fue corriendo a buscar una escalera para cambiar una bombilla del techo de la sala de juegos, que estaba a cinco metros de altura, mientras cuidaba de sus hijos pequeños.

La estructura del trabajo también ha cambiado, con el auge de la figura de la nanny por turnos. Antes de la pandemia de Covid-19, los clientes más adinerados de Rogers -que podían permitirse tantas horas de cuidado de niños como quisieran- solían organizarse contratando a una nanny de lunes a viernes y a otra para los fines de semana, y después recurrían a una canguro si querían salir una noche. Si los padres tenían que quedarse hasta tarde en el trabajo, esperaban que la nanny entre semana pudiera cubrir esas horas extra en el último momento. Ahora, dos nannys, una de servicio y otra de descanso, pueden cubrir todas las horas del día, todos los días del año, aunque a un precio de cientos de miles de dólares.

Se da una vuelta de tuerca al escapismo habitual: la fantasía no era ser rico, sino trabajar para ellos

Esto resulta claramente más cómodo para quienes pueden permitírselo. Con niñeras distintas entre semana y los fines de semana, si quisieran que una de ellas viajara con la familia, puede que tuviera que organizarse con los suyos y recibir un pago por más horas e incluso una compensación extra por el desplazamiento. Otra opción sería contratar a una niñera diferente para el viaje, a la que los niños no conocerían. Con niñeras en turnos rotativos a jornada completa, las interrupciones son mucho menores.

También puede ser atractivo para muchas niñeras, dice Rogers. Disfrutan de siete días completos libres para hacer lo que quieran. Cuando los clientes piden niñeras entre semana, ahora dispone de menos para ofrecerles. Pero el nuevo sistema puede tener un precio. “Antes de dedicarme de lleno al cuidado infantil, si me hubieras preguntado toda mi vida, desde que tenía cuatro años, qué quería ser de mayor, habría respondido que madre y ama de casa”, cuenta Lauren Lomascolo, que lleva una década trabajando como niñera para clientes adinerados. Ahora le preocupa no encontrar nunca ayuda para compaginar las exigencias de su trabajo. “Si me quedo aquí para siempre, no podré tener hijos. Si lo dejo, ¿de dónde saco ingresos?”.

Para algunos, trabajar de niñera para los ultrarricos resulta apasionantemente glamuroso. Varios exitosos programas de telerrealidad han seguido a familias adineradas, desde los Kardashian hasta Real Housewives, por todo el mundo. En junio, Hulu emitió Million Dollar Nannies, un reality ambientado en Ibiza en el que seis mujeres y dos hombres aspiraban a conseguir trabajo en casas de familias ricas. Una de ellas había sido niñera de Kourtney Kardashian. En el programa hubo más rabietas de adultos que de niños pequeños. Pero ofrecía una vuelta de tuerca al escapismo habitual: la fantasía no era ser rico, sino trabajar para ellos.

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