Siniestros buenos viejos tiempos
Por Lluís Uría Massana — Portada
Siniestros buenos viejos tiempos
Newsletter ‘Europa’
La nostalgia de la antigua RDA alimenta el auge de la extrema derecha en Alemania

Automóviles Trabant, símbolo de la RDA, en un mitin de AfD en Quedlinburg (Sajonia-Anhalt)
picture alliance / Getty

Barcelona
12/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
No todo tiempo pasado fue mejor. De hecho, la mayoría de las veces fue peor de lo que la engañosa memoria sugiere. Que los mayores sientan nostalgia de su época de juventud, en la que -mejor o peor- tenían toda la vida por delante es comprensible. Que la sientan los jóvenes de un tiempo idealizado que no han vivido es más sorprendente. Pero, más allá de la ignorancia que denota -y que, vistos los niveles de comprensión lectora de nuestros escolares, no tiene visos de mejorar-, es un indicador del malestar y desconcierto que suscita el presente en parte de la sociedad.
En Estados Unidos, muchos jóvenes -y algunos de sus mayores- ignoran de qué lado luchó su país en la Segunda Guerra Mundial, e incluso se preguntan hoy si no deberían haberse alineado con la Alemania hitleriana. En China, cuando se cumplen cincuenta años de su desaparición, algunos se inclinan con interés hacia la figura de Mao, mientras en España otros repiten irreflexivamente la letanía de que “con Franco se vivía mejor”. Sin tener, en ninguno de los casos, la menor idea de lo que están idealizando: falsas ensoñaciones de seguridad que enmascaran reales atrocidades.
En Alemania la edulcoración de la Historia es doble. No solo se ha ido disipando el sentimiento de culpa por los crímenes cometidos por Hitler y los nazis -así como difuminando el recuerdo de la muerte y la destrucción que trajeron a su propio país-, sino que en la Alemania del Este se idealiza y añora hoy también el siniestro régimen comunista de la RDA. Es en esta zona del país, que vivió más de medio siglo bajo regímenes totalitarios -los años que van desde la neutralización del Parlamento por Hitler en 1933 a la caída del Muro de Berlín en 1989-, donde ha arraigado y se está expandiendo con más fuerza la extrema derecha.
La radicalización política en Alemania tiene su centro de gravedad en los länder del Este
La victoria aplastante de Alternativa para Alemania (AfD, en sus siglas en alemán) en las elecciones regionales del land de Sajonia-Anhalt, el domingo pasado, ha sido un auténtico aldabonazo, aunque no se puede decir que no se viniera venir. Los ultras de AfD, que nacieron como una fuerza euroescéptica antes de tomar la bandera contra la inmigración musulmana en 2015 -a raíz de la entrada masiva de refugiados sirios decidida por Angela Merkel-, han ido creciendo de forma sostenida durante la última década. Hasta llegar el domingo a erigirse por primera vez en la fuerza más votada en una elección regional: ganaron de calle con el 44% de los votos -rozando la mayoría absoluta- mientras se desplomaban los dos partidos del Gobierno, la CDU (17,5%) y el SPD (9%)
A nivel nacional, los sondeos de intención de voto les dan hoy también el primer lugar con un 28%, ocho puntos por delante de los democristianos. La media global, sin embargo, enmascara, dos hechos relevantes. En primer lugar, los votantes de AfD, entre ellos muchos jóvenes, son sobre todo masculinos (un estudio del Pew Research Center realizado en 2024 reveló que el 26 % de los hombres alemanes tenía una opinión positiva del AfD, frente a solo el 11% de las mujeres). Y en segundo lugar, aunque el crecimiento es general, el mapa electoral de Alemania muestra que este proceso de radicalización política tiene su centro de gravedad en los länder del Este, donde la reunificación alemana ha sido vivida con un sentimiento de desposesión y humillación.
Pongamos el foco en el land de Sajonia-Anhalt, uno de los menos poblados de Alemania (apenas un poco más de 2 millones de habitantes, con una población envejecida y muy diseminada). Se trata de una zona minera e industrial -fundamentalmente, química- en declive, que perdió numerosos empleos en los años posteriores a la reunificación, con un nivel de paro ligeramente por encima de la media del país, un salario medio por debajo del nacional y donde el retroceso demográfico amenaza el mantenimiento de una fuerza laboral suficiente para sostener el crecimiento económico. La baja densidad contribuye también a la progresiva desertificación comercial y de servicios en muchos núcleos de población. Un retrato que podemos ver repetido en las regiones “vaciadas” o en declive de muchos países europeos.

No todo el panorama es tan triste, sin embargo. Aquí, el precio de la vivienda es el más barato de Alemania. Y, lo que llama más la atención habida cuenta del resultado electoral del domingo, el nivel de presencia extranjera es relativamente bajo: la proporción de ciudadanos extranjeros en Sajonia-Anhalt es del 9%, que aumenta hasta un 11% si se cuenta a aquellos de origen foráneo que han adquirido la nacionalidad alemana. Pero este dato, al final, acaba pesando poco frente a la realidad virtual que difunden las redes sociales, donde el miedo campa a sus anchas.
“Lo que mis padres me enseñaron es que vivían en paz y tranquilidad, sin tener que sentir miedo en su propio país”, declaraba un joven sajón simpatizante de AfD a la BBC en relación con los ataques -reales o supuestos- perpetrados por solicitantes de asilo. No está claro que la vida real sea un pozo de violencia cometida por extranjeros como pretende el discurso de la extrema derecha, pero eso es lo que uno ve -constantemente, pertinazmente- en la red social X, gobernada por su propietario -el multimillonario norteamericano Elon Musk, ardiente partidario de AfD- como un gigantesco foro de agitación y propaganda, donde la desinformación ha adquirido proporciones estratosféricas. Basta entrar unos minutos en esa ciénaga para, sin buscarlo, toparse con continuas escenas de violencia protagonizadas por negros y árabes. La extrema derecha ha sido muy activa y muy hábil en las redes sociales -así en X como en TikTok-, mientras los partidos tradicionales perdían la conexión con una parte del electorado.
AfD pretende deportar a millones de inmigrantes extranjeros y cerrar las fronteras a cal y canto
Si la ultraderecha europea tiene gradaciones -siendo aparentemente la más pragmática y consensual la de los Hermanos de Italia de Giorgia Meloni-, la de Alternativa para Alemania se sitúa entre las más radicales, hasta el punto de que en Parlamento Europeo se sitúa al margen de los dos grandes grupos de esta ideología, el liderado por la primera ministra italiana y el de la francesa Marine Le Pen (Reagrupamiento Nacional)
Su programa de gobierno, como recordaba recientemente su líder, Alice Weidel, incluye deportar masivamente a los ciudadanos de nacionalidad -y acaso de origen- extranjero y en particular al más de un millón de refugiados sirios que residen en el país, algo que el canciller Friedrich Merz ha denunciado como “limpieza étnica” y que condujo en 2025 a la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), los servicios de inteligencia interior alemanes, a declarar a AfD como un “caso confirmado de extremismo de derechas” cuyos postulados son “incompatibles con el orden constitucional democrático”.
Partidaria de denunciar el tratado de Schengen y cerrar totalmente las fronteras de Alemania, así como de abandonar el euro y recuperar el marco, un eventual acceso de AfD al gobierno de Alemania representaría también una amenaza existencial para Europa.

Desconfianza en el futuro. El último estudio del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, en sus siglas en inglés), elaborado a partir de más de 5.000 entrevistas realizadas en seis países (entre ellos Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, pero no España), ha constatado una brecha creciente entre las aspiraciones de los ciudadanos europeos y la confianza en sus dirigentes políticos. El 75% quiere más Europa, pero el 68% aprecia un deterioro progresivo del proyecto europeo y el 56% está convencido de que el futuro de una Unión cada vez más estrecha está en peligro. A juicio de los ciudadanos, los principales problemas son la guerra de Ucrania (47%) y las dificultades económicas (33%), pero no ven que las respuestas políticas sean adecuadas y el pesimismo alcanza ya a un 39%, El director del estudio, Pawel Zerka subraya que “cuando el futuro en el que creemos se desvanece, el pasado es un espacio muy atractivo para buscar otro futuro posible”. La nostalgia está de moda.
A vueltas con el Ártico. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha viajado esta semana a Groenlandia para subrayar el compromiso de la UE con el futuro de esta isla ártica de Dinamarca, sobre la que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha expresado reiteradas veces sus apetitos territoriales. Von der Leyen, acompañada por la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el premier groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, anunció el despliegue de una nueva estrategia hacia la isla que incluye 200 millones de euros más en inversiones y también un refuerzo de los vínculos políticos con el territorio. Ajeno a esta idas y venidas, Trump publicó en su red social particular, Truth, un mapa en el que la bandera de EE.UU. se extiende, por el sur, hacia México y el Caribe y, por el norte, a Canadá, Groenlandia e Islandia. Los islandeses, que recientemente rechazaron en referéndum reanudar las negociaciones de adhesión a la UE, han visto rápidamente como el presidente de EE.UU. ha tomado nota de su decisión…
Lee también

Ocaso en el Kremlin
Lluís Uría

A Trump se le escapa el mundo
Lluís Uría
Vivienda, problema europeo. La UE no tiene competencias explícitas en esta materia, pero está dispuesta a utilizar sus potestades para ayudar a los gobiernos a combatir el problema de la escasez y encarecimiento de la vivienda, que afecta a las ciudades de toda Europa. La Comisión Europea, a través de la vicepresidenta ejecutiva para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera, y el comisario de Energía y Vivienda, Dan Jorgensen, ha presentado esta semana una iniciativa legislativa para proteger a las administraciones públicas que quieran limitar los alquileres turísticos temporales y las segundas residencias. Asimismo, hace una serie de recomendaciones, como incentivar fiscalmente el uso residencial a largo plazo de los pisos vacíos -por ejemplo, gravando con impuestos las viviendas sin uso-, facilitar el cambio de uso de oficinas a residencial o promover el arrendamiento de habitaciones para jóvenes y estudiantes.

Lluís Uría
Subdirector de La Vanguardia, especializado en política internacional. Excorresponsal en París (2005-14), ha dirigido las secciones de Internacional, Política y Vivir. Autor de “Por qué amamos a los franceses (pese a todo)” (Diëresis, 2024)
Mostrar comentarios
Fonte: Portada