“Sin ilusión compartida la vida acaba siendo un mero trámite”

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Por Lluís Amiguet Molina — Portada

Hartmut Rosa, filósofo, premio Leibniz:

“Sin ilusión compartida la vida acaba siendo un mero trámite”

Tengo 60 años: me fascina cómo creamos ilusión por vivir juntos y la perdemos al distanciarnos. Nací en la Selva Negra y toco el órgano en la iglesia: sigo la partitura y también improviso; de eso se trata al cumplir normas. Publico ‘Situación y constelación’ y diserto en En Pausa de CaixaForum. (Foto: Xavier Cervera)

“Sin ilusión compartida la vida acaba siendo un mero trámite”

Lluís Amiguet

28/09/2026 00:05

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Un enjambre de burócratas

Fines y medios. A menudo los confundimos. Las normas se aprueban y aplican para servirnos; pero hoy podemos acabar, advierte Rosa, sirviendo a la constelación de normas en su puro trámite. Es el autobús hecho para transportar personas que dejó a un niño helado bajo la nieve por no llevar el billete actualizado; o el profesor que se ve obligado a reprimir el talento del alumno excepcional porque no se adapta al programa establecido. Las constelaciones de normas –y la Unión Europea tiene demasiadas– sirven más a las burocracias que las aplican que a los ciudadanos que las mantienen con sus impuestos. Pero lo peor es que al vivir para servir las normas y no para que nos sirvan, degradamos la ilusión de convivir y prosperar juntos que da sentido a la vida hasta reducirla a mero trámite.

¿Una fábrica Volkswagen ahora fabricará armas israelíes?

La planta de Osnabrück, sí. Muchos alemanes asistimos atónitos a la nueva carrera armamentística que iniciamos… ¡Otra vez!

¿La derrota de la II GM ya no les funciona como vacuna antibélica?

Depende de la edad que tengan. Los mayores de 80 años están asustados: “Ir contra Rusia, otra vez… ¡Estáis locos!”, dicen.

¿En cambio los jóvenes no se quejan?

Esa es la regla de los 80 años. Son las tres generaciones que deben pasar antes de que un país olvide una guerra. Han pasado ya desde que perdimos la II GM y tenemos a Pistorius, nuestro secretario de Defensa, yo ya le llamaría de Guerra, con el de EE.UU. tratando de matar iraníes.

¿Fabricar armas acaba siendo más importante que mantener la paz misma?

A menudo el procedimiento acaba sustituyendo al fin para el que se creó.

¿Por qué está contra el VAR en fútbol?

De eso estoy hablando. ¿Acaso el fútbol no es emoción, implicación de grandes grupos que comparten colores, tensión…?

Supongo, sí.

¿Y el VAR, en cambio, no es solo una máquina que dice si la pelota ha cruzado o no la línea o si ha habido o no fuera de juego?

En teoría es para ser justos en arbitraje.

¿Pero para qué es el fútbol? ¿No es emoción, juego, fiesta? ¿Quién va a un estadio con miles de aficionados de su equipo a ver cómo una máquina decide un partido?

Es un modo de verlo.

Entra una niña de ocho años; compra una hamburguesa con sus ahorros, y se le cae sin querer. Llora. Usted es el dependiente y le quiere regalar otra, pero el sistema informático y las reglas de la empresa –la constelación de normas– no le dejan.

¿Las normas se comen la humanidad?

Hubo un escolar en Cortina d’Ampezzo que iba a coger el bus mientras caía la nieve y hacía un frío insoportable. Pero era durante los Juegos Olímpicos y habían subido el precio del billete.

Al final las fiestas las pagan los locales.

El chófer le dijo que su ticket no servía y el chaval quiso darle dos billetes que llevaba de los de antes para pagar.

No era mal trato.

Pero el sistema –la constelación– no lo permitía. El conductor no podía admitir dinero y el crío no tenía tarjeta de crédito. Así que se quedó sin subir y casi muere congelado.

Aquí han multado hace poco a un vecino por arreglar la calle por su cuenta.

O fíjese en los exámenes. El profesor acaba siguiendo baremos de puntuación rígidos y programas que no le permiten ayudar a cada alumno según la personalidad de cada uno. Al final suele ganar el sistema.

¿No era su burocracia prusiana –o kafkiana– otro ejemplo? ¿Y hoy lo es la UE?

Lo que me temo es que ese exceso regulatorio, de constelación de normas, liquide la ilusión, la energía de hacer cosas juntos, cooperar, crear… La energía social.

¿Cómo la definiría?

Yo empezaría diciendo que sin esa ilusión compartida la vida acaba siendo un mero trámite. En cambio, si compartes la energía social de emprender y convivir juntos, nada es comparable a la ilusión de vivir.

¿Puede ser más preciso en el concepto?

La vida es sentir energía. Es el placer de sentirse vivo cuando te ilusionas con tu equipo, con tu ciudad, con tu gente.

¿Usted no lo llamaba resonancia?

Era mirar a los ojos de una persona en vez de la pantalla del móvil, sí. Pero a menudo esa conexión la corta ese puro trámite al que acabamos sirviendo y perdemos así la ilusión de vivir. Eras un miembro del equipo y solo acabas siendo alguien que cumple la norma porque, si no, te multan.

¿Por qué le preocupa tanto?

Porque perdemos vida, pero también porque se aprovechan los populistas que prometen acción ya y sin tapujos dando esa ilusión de lograr algo, pero falsa.

Demasiados trámites y blablablá, dice el líder populista: yo os doy acción ya.

Ofrece soluciones inmediatas, sencillas… y falsas. La complejidad de la realidad no se soluciona reduciéndola, sino desentrañándola en etapas en común.

¿Cómo hacer previsible, legal, un país sin reducirlo a una constelación de trámites?

Piense en la música. Yo toco el órgano en una iglesia. Sigo la partitura –las normas son necesarias– pero no me limito a seguirla como un robot. Intento improvisar, mejorar, captar el ánimo de mi gente en cada situación… y tocar con ellos. Al menos lo intento… No sé si lo consigo.

¿Algún consejo para la resonancia?

Evite tratar con máquinas y pantallas siempre que pueda y hable con dependientes, camareros, amigos… Conéctese con sus vecinos y verá que su día a día y su ilusión por vivir mejora.


Lluís Amiguet

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Soy un primate librepensador en busca de cariño que se gana la vida como periodista en La Contra de La Vanguardia. Me licencié en la UAB, UB y New York University y soy profesor de Esade y la URV. He publicado “Homo Rebellis”…

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